Aída María Holguín Baeza
Que eso sea una realidad no es sorpresa porque, desde el inicio de su gobierno, el presidente López Obrador ha preferido a quienes tienen 10 por ciento de capacidad y 90 por ciento de lealtad, requisitos que, en definitiva, son fiel reflejo de lo que en realidad suponía su proyecto de transformación nacional.
Aprovechándose de nuestra endeble democracia y del hartazgo de los mexicanos con los partidos tradicionales, López Obrador encontró la forma de transformar a México en beneficio propio, a partir de un régimen populista autoritario que -cada vez más- evidencia su proclividad hacia lo antidemocrático, con tendencias totalitarias y fascistas potenciadas por sus fieles (“leales”, les dice él) y sumisos lacayos.
Prueba de ello es que, violando los principios de autonomía y contrapeso previstos en la Constitución, el presidente López Obrador ha intentado “mandar al diablo” a todos los organismos constitucionales autónomos (OCA) que no se sometan a su voluntad presidencialista.
Bien lo advirtió la prestigiosa periodista de investigación, Anabel Hernández: Más vale que en México la sociedad abra bien los ojos y los oídos a la peligrosa transformación que está gestando AMLO y que dista mucho de la propuesta política democrática que lo llevó a ganar las elecciones en 2018.
¡Pero bueno!, como hasta la fecha no ha podido someter a todos los OCA que le estorban para imponer totalmente su voluntad, ahora quiere acabar con ellos de un solo golpe: Desacreditándolos, deslegitimándolos o descalificándolos -como ya es costumbre-, el presidente López Obrador ha intensificado su cruzada contra las OCA que más odia porque no se han sometido a su voluntad.
Bien lo dijo Irene Levy: El presidente López Obrador ha atacado a los organismos autónomos de diferentes formas desde que llegó al poder. No le gustan. A todo gobernante que pretenda centralizar el poder y el presupuesto le estorban porque para eso se crean, como contrapeso del poder político.
El caso es que, ahora, su cruzada anti-OCA se transformó en una iniciativa de reforma constitucional que, según el propio Presidente, presentará el próximo 5 de febrero. Una iniciativa de carácter administrativo con la que pretende transferir las funciones de varias OCA a ciertas secretarías de Estado. Lo cual, por obvias razones, le permitiría centralizar más el poder (más control político) y el presupuesto (más gastos discrecionales con fines políticos).
Queda claro, pues, por qué López Obrador no quiere organismos autónomos, sino sumisos. Y por eso, con su 4T, seguirá intentando transformar la autonomía constitucional en sumisión presidencial.
A modo de complemento, concluyo citando lo dicho por la abogada y columnista, Irene Levy: La desaparición de los autónomos que propone el presidente López Obrador es, en resumen, como si un equipo de futbol invita a otro a jugar un partido con árbitros elegidos, contratados y pagados él.








