SERGIO ARMANDO López-Castillo
En un esfuerzo por combatir la anarquía, el caos y el libertinaje en el ejercicio del derecho a la expresión de las ideas, posturas y hasta estados de ánimo en las redes sociales y algunos medios de comunicación informales, propongo algunas recomendaciones y pasos para evitar la profusión de las “noticias”, mensajes y materiales falsos o engañosos.
Lo hicimos a través de los siguientes #Hashtah# y puntos concretos: 1.- #Yo no divulgo rumores#, 2.- #Yo no veo ni leo noticias falsas# y 3.-#Yo busco la verdad#… Además, precisé las siguientes medidas para hacerlo posible:
– Comparte con tu familia este tema, amigos y compañeros de trabajo, verifica y confirma material gráfico y de texto dudoso/escandaloso que recibas en redes sociales.
– Checa en áreas de gobierno y medios serios de comunicación, datos, “noticias” y otros contenidos inciertos. No compartas mensajes de Watsapp, facebook, Instagram, Telegram, Twiter y de e-mail, con información espuria, cita fuentes confiables/verdaderas, al subir información a las redes y otras plataformas de comunicación electrónica o digital.

En este asunto, de todos, o de muchos hoy día, me llamó la atención una recomendación divulgada por el Papa Francisco, casi inmediatamente después de asumir su papado, mediante una posición interesante sobre el fenómeno de las “noticias falsas”.
Su postura es que ante el aumento desmedido de las “fake news”, las noticias falsas, mismas que generan y alimentan la polarización y el desconcierto en las redes sociales, el Papa dedicó un mensaje a ese tema mediante el que invocó a un periodismo de paz que fomente el entendimiento y la armonía.
Bajo la máxima de que “La verdad os hará libres, no a las Noticias Falsas y por un periodismo de paz”, el texto fue dado a conocer por Francisco, con motivo de aquella Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en la cual el Vaticano hizo marcado énfasis.
Al comunicar el título, la sala de prensa de la Santa Sede estigmatizó la deformación y la instrumentalización de los hechos a través de la prensa, la cual puede repercutir negativamente en las conductas individuales y colectivas.
Estableció el sumo Pontífice, que en un contexto en el cual las empresas de referencia en las redes sociales, el mundo de las instituciones y de la política, han comenzado a enfrentar este fenómeno, también la Iglesia ofrece su aportación.
En este tenor, propuso una reflexión sobre las causas, la lógica y las consecuencias de la desinformación en los medios de comunicación, y por otro lado, la idea de construir la promoción de un periodismo profesional, que busque siempre la verdad, y por lo tanto sea un instrumento de paz que fomente el entendimiento entre las personas.
Establecidas en el documento “Inter Mirifica” (1963), la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra cada año, en el 2018 el Papa Francisco abordó el tema el 24 de enero, Día de San Francisco de Sales, el santo o patrono de los periodistas.
Entonces, cómo distinguir engaños y falsedades en redes sociales y medios de comunicación?
Quienes escribimos e investigamos, tenemos que ser muy precavidos con nuestras fuentes, porque nos jugamos nuestra reputación. No todo el mundo tiene tiempo de indagar cada nueva fuente, y tampoco es buena idea utilizar sólo unas cuantas que consideramos de fiar.
Cualquiera que utilice Facebook, Twitter u otras redes sociales se ve bombardeado con noticias procedentes de todas partes. Aunque está bien tener tanta información al alcance de la mano, no toda es igual de fiable ni merece compartirse.
Los directores de periódicos y responsables de informativos han dejado de ser los guardianes exclusivos: Lo somos todos. Empecemos, pues, por ponernos de acuerdo en dejar de enviar artículos sólo por el titular. Vamos a comprometernos a no compartir más que textos, contenidos, artículos y gráficos que hayamos leído bien y contrastado con la veracidad de los mismos, por completo.
Otras preguntas básicas son: A quién va dirigido un contenido y cuál es su propósito?
Esto les dará una idea más clara de por qué dicen lo que dicen, y cómo lo dicen. ¿Está dirigido a una franja de edad determinada, un nivel de educación concreto, a un sector profesional o a un grupo de activistas específico?
¿Está bien escrito?
¿Está lleno de errores gramaticales y de ortografía? Eso quiere decir que no se ha sometido a un proceso de edición como es debido, y, si la redacción no está bien, es difícil creer que los datos estén bien.
¿Cuándo se publicó esta información?
Si no hay fecha, es una grave falla, porque es crucial saber cuándo se ha publicado algo.
¿Proporcionan sus fuentes?
Con los hipervínculos es muy fácil, de modo que, si una publicación en la Red o una página web no es transparente sobre el origen de sus informaciones, hay buenos motivos para poner su trabajo en tela de juicio.
Y por último, las cuestiones verdaderamente importantes:
¿Es creíble la información? Contiene las preguntas fundamentales. No hablo de objetividad ni imparcialidad; eso no existe como tal. Pero sí de saber si hay un intento sincero de contar la realidad tal cual.
Los enlaces con las fuentes son una forma de comprobarlo, pero, si no los hay, ¿qué hacemos?
Tanto si dudan de la veracidad de una noticia como si simplemente les interesa el tema, lo más sencillo es mirar cómo han informado de ello otros medios. De hecho, los cursos de comunicación política siempre incluyen un análisis comparativo de contenidos en el que los alumnos deben seguir la misma información en varios medios distintos, o seguir varios de ellos durante un cierto tiempo, para ver de qué informan, de qué no y cómo.

Los resultados son esclarecedores, y no siempre coinciden con lo que se podría esperar.
¿Es demasiado bueno (o demasiado horrible) para ser verdad?
Este es el aspecto es en el que debemos ser completamente sinceros con nosotros mismos. Cada uno sabe lo que encaja con sus inclinaciones políticas, de modo que fíense de su instinto y, si esa información refuerza sus opiniones, o da un golpe espectacular a todo lo que aborrecen, tengan precaución.
Muchas de estas páginas hechas sólo para obtener visitas (click-bait) no tienen ningún aprecio por la verdad, no son más que gente que quiere ganar dinero.
Un buen sitio para comprobar todo tipo de historias políticas y gubernamentales, por ejemplo, es Snopes.com. Otra página web muy útil para descubrir la verdad es Factcheck.org.
No crean que esto es un fenómeno exclusivo de un país o continente determinado. Las noticias falsas están extendiéndose por todos lados en el mundo.
La democracia nos necesita de verdad y, si tienen intención de defenderla, les tiene que preocupar que la información que reciben sea veraz. Se trata, en última instancia, de leer con mirada crítica y tener la mano firme ante el botón de compartir.
Ser ciudadano es una tarea difícil y complicada, como la propia democracia. No podemos estar al tanto de cada detalle y cada acontecimiento. Pero sí podemos hacer un esfuerzo real para mantenernos bien informados.








