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lunes, marzo 16, 2026
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Cae la cannabis, y se diversifica su venta

SERGIO ARMANDO López-Castillo

Al entrar verás que hay una sala de espera con una televisión, y hasta ahí nada es sospechoso, salvo que se expide un olor concentrado a yerba que podría provocar mareos a quien no esté acostumbrado; luego en una disco de junto, igual, en el baño, un tendido de sobrecitos bien marcados con el sello del “chapo”, que contienen “coca”, y los custodia un plebe que te dice. “Pásele jefe, todos somos de casa, no hay problema, quiere un pase?”…

Lo vivimos en nuestro más reciente viaje a Mazatlán del año 2020, ante lo cual, nos dimos a la tarea de indagar, tiempo después,  qué pasa?,  qué onda con la droga allá en la mera tierra de Joaquín Guzmán Loera y el “Mayo” Zambada y de  otros  “varones” de la delincuencia organizada.

Así, en ese lugar en plena avenida principal de la zona turística mazatleca, al fondo hay una puerta más. Al abrirla verán a su lado, unos estantes con luces de neón y accesorios que prometen experiencias.

Hay pipas, llaveros, encendedores, cremas, aceites, mieles, molinos, brownies, galletas, frituras y dulces de todo tipo con tetrahidrocannabinol (THC), el componente sicoactivo del cannabis, y hasta otras drogas como LSD y crack y cocaína.

De forma similar a las tiendas que operan en estados donde la marihuana es legal en Estados Unidos, los vendedores no sólo se encargan de la transacción, sino que sirven de guía al comprador. Quizá no sepas qué comprar, pero ellos te van a explicar según tus necesidades o ganas de exploración. Detectará también la presentación que más podría convenirte y hasta la cantidad que necesitas.

Hay, para quienes ya conocen el producto, con nombres de cepas específicas, como Royal Gorilla o Amnesia Haze. Se venden por gramo o por promociones de tres cigarros por 500 pesos, en el caso de marihuana.

Puedes tener la seguridad de que aceptan peso, dólar, bitcoin o transferencias bancarias.

Ese lugar es uno de los 18 dispensarios que hay en Culiacán, por ejemplo; más una cantidad similar en la zona de playa del puerto Mazatlán. En el primer sitio, se encuentran detrás de la Catedral, junto a la Universidad Autónoma de Occidente, a tres calles de la parroquia Espíritu Santo, pero todos con fachadas distintas para tratar de “ocultar” los negocios que simulan ser sucursales de los dispensarios en California E.U., donde sí es legal.

Esas promociones revelan a quiénes pertenece el negocio. Los cigarros están dentro de tubos de ensayo tapados con corchos y envueltos con etiquetas, algunas de presidentes, otras de actrices y personajes de televisión, pero las más visibles son las que tienen un ratón con moño azul o rojo. Es la misma caricatura que se usa en la nar-cocultura, para referirse a Ovidio Guzmán López, hijo del “Chapo”.

Ovidio Guzmán López es medio hermano de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar. Todos son hijos de Joaquín Guzmán Loera, ex líder del Cártel de Sinaloa, ahora preso en Estados Unidos. Fue su parentesco el  que les dio su apodo: Los Chapitos.

Para tratar de desarticular la organización, el gobierno estadounidense ofreció recompensas por 5 millones de dólares, por quien de información para la posible captura de cada uno de los hijos de Guzmán Loera.

Las autoridades aumentaron la recompensa dos años después de que las autoridades mexicanas arribaran a Culiacán y detuvieran brevemente a Ovidio, el 17 de octubre de 2019, en aquél evento violento, conocido como “Culiacanazo” o Jueves negro, en el que el mismo Presidente de México se vio orillado a ordenar la liberación de Ovidio, para evitar un daño mucho mayor a los culichis, ya que gran parte del territorio de la ciudad se encontraba “secuestrado” por este criminal y su célula delictiva.

Además de tiendas como Supreme, y unas 10 más que venden una variedad de drogas, Los Chapitos controlan toda la distribución local de sustancias ilícitas. Es tanta su influencia y capacidad de fuego que han logrado monopolizar y acaparar un mercado violento en el que predominan las desapariciones de personas y la tortura a consumidores y vendedores de drogas.

Esa forma de manejar el mercado es distinta a la que se conocía en Sinaloa, dicen campesinos desplazados, pescadores y consumidores de drogas entrevistados. Esas diferencias consisten en que antes había un libre mercado, y se podía vender la mercancía o comprarla para consumirla a cualquier postor, así fuera uno u otro proveedor, el tema era competir y lo que predominaba era la oferta y la demanda.

“Antes de que llegaran Los Chapitos podías venderle [marihuana] a varios, pero ahora te dicen a quién venderle y a quién no. Si le vendes a otro te levantan o te tablean”, asegura un chofer para describir cómo funciona el mercado en la actualidad.

Los Chapitos definen los costos en todas sus extensiones y quienes no respetan ese modelo de negocio sufren consecuencias, algunas fatales. El mercado local no se limita a la marihuana, manejan un amplio mercado de metanfetamina y fentanilo, el cual no necesita de grandes terrenos o un clima específico para producirse, sino que puede ser en laboratorios caseros en cualquier lugar donde haya energía eléctrica, agua potable y ventilación.

Entre 2010 y 2021, el Ejército mexicano destruyó casi 700 laboratorios en el estado de Sinaloa y los hermanos Guzmán forman parte de la lista de criminales fichados por la administración estadounidense de Joe Biden, en un nuevo esquema de combate a los grupos criminales.

La gran mayoría de esa producción de drogas sintéticas la introducen a Estados Unidos, pero una parte se queda en Sinaloa para la venta al precio que Los Chapitos determinen.

“Está bien cara, pero ya no le puedes buscar porque ya ¨nomás¨ le puedo comprar a uno; si yo le compro a otro, me levantan y me madrean”, dice un hombre que es trabajador agrícola al sur de Culiacán, consumidor de marihuana y metanfetamina.

Estas dinámicas son parte de una evolución de la actitud frente a la marihuana. Durante décadas, cientos de pequeños agricultores dependieron de ella para sobrevivir. Las montañas tenían las condiciones perfectas para cultivar y procesar la cosecha, y los grupos criminales estaban listos para comprar grandes cantidades de producto.

De acuerdo con datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Sinaloa es un lugar clave para las acciones de decomiso y destrucción de plantíos ilícitos. Sólo en este estado, el año pasado y el antepasado, se destruyeron 292,4 millones de hectáreas de cannabis con glifosato, un químico que sirve para eliminar plantas desde las raíces.

Además, se quemaron 2.290,2 millones de kilos de la planta ya asegurada por militares en distintos operativos en la Sierra Madre Occidental.

Pero ese negocio ya no funciona. Con la legalización de la marihuana, en muchas ciudades de Estados Unidos, la demanda de la yerba mexicana cayó considerablemente. En 2006, un kilogramo de cannabis de baja calidad tenía un costo de 800 pesos, mientras que este año el precio bajó a una tercera parte.

“Ya no se vende tan fácil como antes, ahora siembras mucho y te lo pagan bien barato”, dice uno de esos hombres que migraron a Culiacán y que ahora vive con su esposa y dos hijos en una casa de renta junto a su hermana.

Este hombre de 38 años —que apenas hace un par de años seguía cortando marihuana, la ponía a secar y luego la presionaba hasta convertirla en bloques tan duros como ladrillos para después envolverlos con plástico y cinta adhesiva—, ahora trabaja de conductor en Uber.

No hay una sola tienda física disponible para poder encontrar cannabis, en otra modalidad, como loes en los panes. En Sinaloa, el crimen tiene prohibido producir y vender cualquier producto hecho con marihuana, salvo que sea autorizado. La etiqueta tiene un número en el que únicamente contestan mensajes por WhatsApp.

Como en el caso de Supreme, se trata de una tienda de repostería cannábica donde se consiguen galletas Red Velvet, Choco Chips y Vanilla que prometen un “viaje de sabor”.

También se pueden encontrar desde brownies, hasta pasteles, pero hay algo que debe tomarse en cuenta: Todo es por pedido y los precios serán superiores a un encargo sin marihuana: Es el llamado “valor agregado”.

Además de los dispensarios, Los Chapitos se han encargado de delimitar quiénes pueden vender repostería y panadería cannábica, como aquellos cupcakes que se preparan con 100 miligramos de marihuana, y que son obsequiados en fiestas y reuniones sociales y familiares.

Ese “valor agregado” ha provocado que muchos (as) de quienes los han comido, terminen con un suero intravenoso para la desintoxicación en alguna clínica u hospital. Es pues, la diversificación en la venta de la cannabis, que además de en Sinaloa, ya se practica en muchas otras partes del México, no obstante que sigue sin aprobarse la nueva ley para su consumo recreativo legal.