15.6 C
Chihuahua
martes, marzo 17, 2026
- Publicidad -

El karma de los juarenses

Francisco Ortiz Bello

Un incidente vial en el que me tocó ser testigo de primera fila, me hizo reflexionar profundamente sobre la calidad humana de algunos juarenses, afortunadamente no todos somos iguales, pero se generalizan cada vez más las conductas agresivas, violentas, sin empatía, la carencia total de tolerancia y de educación entre los habitantes de esta frontera, lo que resulta por demás preocupante ya que, tarde que temprano, todo eso se convertirá en una crisis social de dimensiones inimaginables.

El incidente que comento terminó muy mal para cuatro conductores que chocaron entre sí en carambola, uno tras otro, todo por no permitirme el cambio de carril de la extrema izquierda al del centro, y, en su afán de evitarlo, aceleraron sus vehículos al punto de que luego no pudieron detenerlos oportunamente al detenerse el que iba al frente, con resultado negativo para ellos mismos. Les cuento.

La mañana del miércoles pasado, alrededor de las 7:00 horas, circulando por el bulevar Gómez Morín de oriente a poniente, justo antes de llegar al semáforo de la calle Valle de Arareco (que es la calle lateral o trasera de Plaza Sendero), marqué mi direccional para cambiar de carril, porque en ese punto el carril de la extrema izquierda se termina, sí, así como lo lee, simplemente se termina en virtud del paradero de la pretroncal del BRT que construyeron en ese crucero.

Por tanto, los vehículos que circulan por ese carril, el de la extrema izquierda, deben incorporarse al carril central que, a partir de ese punto se convierte en el de la extrema izquierda lo que, de acuerdo a las normas elementales de vialidad, se puede hacer con todas las precauciones y haciendo el señalamiento adecuado mediante las luces direccionales respectivas.

Y así lo hice, justo al llegar al alto por la luz roja del semáforo, pero al cambiar a verde, ninguno de los vehículos que circulaban por el carril central me cedieron el paso, ninguno. Por el contrario, todos aceleraron la marcha de sus respectivos autos con la clara intención de impedirme el cambio de carril, pero el karma que sufrieron fue inmediato, por alguna razón que desconozco el vehículo que iba hasta el frente detuvo total e intempestivamente su marcha, ocasionando que cuatro automóviles que venían detrás de él -los mismos que aceleraron para no permitir que yo cambiara de carril- colisionaran fuertemente al no poder frenar oportunamente.

Por lo que yo alcancé a ver, al menos dos de los autos colisionados resultaron con fuertes daños en sus carrocerías, faros, calaveras y defensas, casi creo que no hubo lesiones a los conductores o tripulantes de estos carros, porque de inmediato todos bajaron de sus autos a revisar sus respectivos daños.

Pero voy más allá. Independientemente de los daños a sus vehículos, de que ya no llegaron a tiempo a sus respectivos destinos y de las molestias y gastos que los daños les hubieran causado, ocasionaron un congestionamiento vial de enormes dimensiones, justo en ese lugar, en donde la Gómez Morín pasa de 3 a 2 carriles, a esa hora de la mañana y en pleno semáforo. Y todo por una desmedida ansiedad de pasar primero y de no permitir el acceso a otro automovilista.

Vale la pena resaltar este dato, la avenida Manuel Gómez Morín es de tres carriles en sus dos cuerpos, por tanto circulan en tres vías los automóviles de cada lado, solo que, en ese punto, al pasar el semáforo de la Valle de Arareco el carril de la extrema izquierda desaparece, así nomás, como por arte de magia, pero antes de ese punto está perfectamente habilitado, por tanto, circulan por él muchos automovilistas, porque está habilitado pero, al llegar a ese punto, deben cambiar su circulación al carril central.

¿Cuál es el problema en ese cruce? Hay quienes afirman que el problema es el paradero construido ahí, ya que ocupa el espacio de dos carriles a ambos lados convirtiéndose en auténtico cuello de botella en esa transitada avenida, ni siquiera se trata del carril confinado de la pretroncal del BRT2, sino que el mismo espacio que ocupa la estación de abordaje literalmente “se comió” un carril de cada lado.

Lo mismo ocurre para quienes circulan por la Gómez Morin en sentido contrario, de poniente a oriente, ya que al pasar el semáforo del Puente del Zorro el automovilista que va por el carril de extrema izquierda descubre de pronto, sorpresivamente, que ya no hay carril, que ya no hay paso de frente porque está la estructura del paradero lo que ha ocasionado no pocos accidentes automovilísticos en ese lugar, ya que los conductores tratan de maniobrar intempestivamente para cambiar de carril. Tanto de un lado como del otro.

Pero analicemos a fondo la situación, sin filias ni fobias ni prejuicios. ¿Ese paradero está en una muy mala ubicación? Definitivamente sí. Fue construido como parte de las obras de la pre troncal del BRT2, del proyecto corralista de transporte urbano. Ya está ahí, es una obra civil importante, con un costo determinado ¿Hay que removerlo? ¿Hay que reubicarlo? Muy probablemente sí, pero primero hay que hacerle saber a la autoridad, tanto de vialidad del municipio, como de Desarrollo Urbano y Transporte del gobierno estatal, los problemas que está ocasionando.

Por otro lado, hay un número excesivo de semáforos en muy poco espacio. En el cruce de la Gómez Morín y Fidel Ávila está un semáforo; hay otro en la gasolinera del cruce con la calle Juno; hay otro en el cruce con calle Camino a Ortiz Rubio; otro en el cruce con calle Valle de Arareco y finalmente el que está en el puente del Zorro. En total 5 semáforos en 1.2 kilómetros, es decir, un semáforo cada 250 metros ¡Excesivo! No todo es culpa del BRT.

Las autoridades están obligadas a escuchar a la ciudadanía y atender el reclamo para, previo análisis y estudios de vialidad por expertos, tomar las acciones que resuelvan el problema de fondo. Hoy sí es un problema.

Pero mientras eso sucede, mientras eso se resuelve, el problema está en la cancha de los ciudadanos, de los automovilistas, porque somos quienes utilizamos esa vía, y lo menos que podemos o debemos hacer es sumar un problema a otro.

Hay reglas esenciales de urbanidad y de vialidad que nos obligan a un comportamiento empático, solidario y civilizado para garantizar una sana convivencia entre nosotros, definitivamente no podemos ir por la vida arrollando todo y a todos solo para hacer prevalecer nuestros intereses y nuestros derechos. No estamos solos en el mundo, tenemos que reconocer al otro y sus derechos también.

Caso concreto del ejemplo que pongo, asumo que los automovilistas que van por su carril (central) se niegan a ceder el paso porque consideran “su derecho” circular fluidamente, sobre todo en horas pico y por las prisas que cada quien tiene, pero lo que ocurre ahí no es una fila, como la del banco, o la de los puentes internacionales, no, se trata de una circunstancia totalmente ajena a los conductores. Ni el que va por su carril, ni el que se ve obligado a cambiar, son culpables de nada. Pero sí son responsables cada uno de la manera en que enfrentan el problema.

En esos casos, en los que una circunstancia fortuita, inevitable, imperiosa y totalmente ajena al conductor de un vehículo, le obliga a cambiar de carril, no quiere cambiar de carril por voluntad, se ve obligado a hacerlo, por tanto, ceder el paso es un acto de urbanidad vial, de civilidad y de apego a las más elementales normas de convivencia.

Lamento mucho el accidente vial que sufrieron estas cuatro personas que chocaron sus autos, los daños y molestias que tendrán que sufrir, pero ellos mismos se lo ocasionaron en un desmedido e inexplicable afán de no permitirme pasar, a mí o a cualquiera otro que estuviera en las mismas circunstancias.

Si en ese cruce, sobre todo a las horas pico, de manera civilizada y razonable, cada conductor que va por el carril central permitiera el paso a uno de los que van por el carril de la izquierda, uno y uno, la circulación sería más fluida, no habría accidentes viales y, sobre todo, estaríamos actuando a la altura de las circunstancias.

Es verdad, nosotros los ciudadanos, los automovilistas, no generamos el problema, definitivamente no, ya la autoridad correspondiente tendrá que ver lo que hace, pero por lo pronto nosotros sí podemos evitar que las consecuencias sean mayores o que o se traduzcan en daños o lesiones a los juarenses, observando una conducta civilizada, tolerante y empática con todos los demás.

Ante un obstáculo inamovible que enfrenta otro conductor en su camino, cederle el paso no nos quita nada, solo nos convierte en seres civilizados, educados, empáticos y razonables. Nos hace mejores ciudadanos.