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lunes, marzo 16, 2026
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Cavernícolas en Juárez

Aunque usted no lo crea, existen aún estos seres prehistóricos, de muy escaso raciocinio, y acostumbrados a imponerse por la vía de la fuerza, sin la menor consideración por el otro, por su comunidad y menos por respeto a reglas o normas de convivencia social, sí existen y algunos andan sueltos por la ciudad.

Así es, en la era de las cavernas, como se le conoce, en la prehistoria de la humanidad, los grupos humanos eran nómadas por naturaleza, dedicados a comer para sobrevivir y a defenderse de las fieras y de otros grupos de seres humanos. Así de básicos eran, primitivos pues.

Conforme se fueron haciendo sedentarios, asentándose en lugares fijos, estableciendo comunidades, descubriendo la necesidad de organizarse, de elaborar armas de piedra para cazar animales, procurarse el alimento y el vestido, fueron adquiriendo la habilidad y la capacidad de cuidar de su comunidad, lo que, necesariamente, los llevó a caer en la cuenta de que no podían atropellar a otros de su misma comunidad, al menos no sin causa justificada alguna.

También conocidos como trogloditas, “en el siglo XVII, el filósofo Thomas Hobbes afirmó que la vida del hombre sin la civilización, el cavernícola o troglodita, era solitaria, pobre, miserable, bruta y breve”, de acuerdo con Wikipedia. Y para los que hoy existen y deambulan por nuestras calles, nada debe haber cambiado.

Y es que no hay manera de comprender, entender o al menos explicarse, cómo pueden existir personas, hombres o mujeres, que hoy en día, en pleno siglo XXI, en medio de toda una gran civilización, información, educación, reglas, normas, leyes, son capaces de tener conductas claramente lesivas y agresivas hacia otros seres humanos.

La conocida frase “Tus derechos terminan donde empiezan los míos”, o viceversa, es el reclamo más claro y contundente hacia quienes creen que solo ellos existen, que solo sus derechos valen, y que todos los demás debemos cederles el espacio, la palabra, los derechos y hasta la vida misma.

Los encontramos en todas partes, y no importa el nivel académico o educativo, o el estrato social al que pertenezcan, son prepotentes, abusones, agresivos y violentos, nadie les puede reconvenir su actitud so pena de recibir un par de mentadas, golpes o hasta ataques aun más severos y peligrosos.

El ejemplo clásico lo podemos ver todos los días en las filas de los puentes internacionales, esos que abusando de sus tremendos “trocones”, o suburbans blindadas, se las ingenian para meterse lo más delante de la fila, a desprecio del resto que espera paciente y ordenadamente su turno para cruzar. Y si alguien les reclama su conducta ¡Cuidado! Porque todavía son capaces de bajarse y agredir a quien lo haga.

Las lluvias de la semana pasada, además de refrescar un poco el calor del verano, también nos trajeron la odiosa y peligrosa presencia de los neandertales juarenses, a bordo de sus trocas o vehículos grandes, cruzando a toda velocidad en medio de los charcos provocados por la lluvia, sin importarles que bañan, literalmente, con agua sucia, lodosa, a los demás vehículos e incluso a personas que circulan a pie por las banquetas, y se dan cuenta de lo que hacen, pero nada les importa.

Personalmente me tocó ver un caso en el que solo por décimas de milímetro no ocurrió un accidente, precisamente por uno de estos “troqueros” arbitrarios que al cruzar un charco, bañó de agua con lodo a un auto pequeño que circulaba en el otro carril, el agua sucia le impidió por completo la visibilidad a la conductora del auto y frenó abruptamente, con el piso mojado ya imaginarán lo que estuvo a punto de ocurrir, afortunadamente los autos que circulaban detrás de ella venían a una velocidad moderada, precisamente considerando el pavimento mojado y no ocurrió el accidente, pero muy poco faltó para eso.

Automovilistas que se dan vuelta a la izquierda hasta en tercera o cuarta fila, cortando peligrosamente la circulación, que se estacionan en doble o tercera fila para dejar o recoger a sus hijos en la escuela, que se meten arbitrariamente hasta adelante en la fila del banco, en fin, que atropellan descarada e impunemente los derechos de los demás.

¿Qué pensarán estos trogloditas? ¿Qué pasará por la mente de estos cavernícolas? ¿Qué solo ellos existen en el mundo? ¿Qué pueden atropellar los derechos de todos?

Lo cierto es que sus conductas irreflexivas, desconsideradas y hasta ilegales en muchos casos, ponen en grave riesgo la seguridad y la integridad de todos los miembros de esta comunidad, y, por tanto, deberían de ser exhibidos en todo su potencial peligroso para los juarenses.

Francisco Ortiz Bello

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