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martes, marzo 17, 2026
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Frente opositor va por el Congreso; deja a Xóchitl

SERGIO ARMANDO López-Castillo

Las expresiones de la hidalguense híper-inflada hace semanas por mecenas Pri-panistas, enemigos del actual régimen morenista, y que ahora, a varias semanas de lo que bautizaron como el “efecto Xóchitl”, esbozan la posibilidad de reemplazarla por alguien más competitivo y capaz, lo dicen todo:

“…No importa que estemos 30 o 20 puntos abajo en las encuestas, y que más del cincuenta por ciento de los mexicanos no me conozcan…”; lo importante es que ustedes me van a ayudar a crecer y así me podrán conocer…

Esas fueron las palabras de la aspirante a candidata del Frente Amplio por México, de la oposición al grupo del Presidente López-Obrador, hace apenas unos días, mientras el clan compacto de Claudio X. González, y otros adinerados y políticos traficantes de influencias del país, comenzaban a pensar en cambiar de “caballo, o yegua”, antes, incluso, de comenzar la campaña presidencial oficial, rumbo al 2024.

Así, entre sectores políticos de la oposición, que se entusiasmaron con aquél efecto mediático de la senadora, que se dice no-panista, Xóchitl Gálvez Ruiz, se ha asentado ya el pesimismo ante la incapacidad de la entonces feliz agraciada, para repuntar en las encuestas.

Ese bloque conservador y acomodaticio, ya no tiene aquellas “grandiosas” expectativas sobre la mujer “empresaria” de las gelatinas, e inclusive, trascendió que algunos comienzan a afirmar que el presidente Andrés Manuel López-Obrador, le puso una trampa a la oposición, fabricándoles en los diálogos circulares mañaneros, la hoy accidentada y derrotista precandidatura de Xóchitl.

Pero el desencanto pudiera estar ocultando el principal problema que enfrenta la coalición opositora de partidos, activistas, organizaciones civiles y ciudadanos: la ausencia de un verdadero proyecto alternativo para alcanzar el gobierno de la república el año entrante.

Se han dado cuenta de la carencia de liderazgos cohesionadores que garanticen la seriedad de la propuesta, la que hace apenas unas cuantas semanas, festinaban en los medios de comunicación y en las redes sociales, como el gran fenómeno político, lo máximo.

Como vio, personalidades del INE, la Corte, la UNAM, la crítica en medios, y sobre todo, una corriente progresista dentro del PRI, se habían entusiasmaron desmesuradamente con Gálvez Ruíz, pero ya se convencieron de que no hay cantera real para disputarle la presidencia a Morena y la llamada 4a. transformación.

El pivote que dinamizó la precandidatura de la senadora Gálvez al principio, como todos sabemos, fue el activista empresarial Claudio X. González, quien lo hizo por medio del  manejo de imágenes políticas. Sin embargo, resultó un soberano fracaso en la construcción de un verdadero y articulado proyecto opositor.

En ese tenor, los partidos que se oponen a todo lo que proyecte, proponga y haga el Presidente en su gobierno, y a Morena como instituto político, –PRI-PAN-PRD-, también resultaron ineficaces para entender la lógica de una coalición opositora, y no supieron, siquiera, consolidar un plan de gobierno de coalición que ellos mismos incorporaron a la Constitución.

No, ahora, están más preocupados por las candidaturas al Congreso de la Unión (Diputados y senadores), y no por apuntalar y rescatar la eventual candidatura en descenso, de Xóchitl Gálvez, a quien, conforme pasan los días, parece que están dejando sola.

De esa forma, la susodicha precandidata Xóchitl Gálvez Ruiz, se mueve en el escenario pre-electoral, sin ningún rumbo preciso, ni con alguna idea concreta; no ha construido un equipo político o ideológico serio, y no ha sabido establecer relaciones efectivas con las plumas críticas en los medios que la impulsaron a aceptar el desafío de la posible candidatura.

Por voz propia algunos de esos hacedores de opinión nacionales, que por la lógica y antecedentes de su quehacer periodístico tendrían que apoyarla y escribir y hablar bien de ella, se sabe ahora, que no han participado o no los han llamado, siquiera, para dar puntos de vista y pedir los espacios correspondientes al reto y aspiración política del bloque.

Ahí, justamente en el sector crítico, en los medios que la apoyaron al principio, han comenzado ya las manifestaciones de decepción sobre las precarias –muy limitadas– posibilidades electorales que se aprecian de esa pretendida candidatura opositora.

A diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, porque comparada con Vicente Fox, incluso tendríamos dos muy  malas caricaturas políticas, la senadora Gálvez, no sólo carece de una trayectoria personal de coherencia o con alguna ideología –es más panista que demócrata—, que funcione como liderazgo, sino que tampoco ha elaborado un discurso ideológico de la oposición en alianza, y menos aún, ha podido  dar una idea personal que logre concentrar las razones de su candidatura, hasta ahora, meramente virtual.

Y lo más grave es que a Xóchitl Gálvez, se le acabó la gracia, perdió la presunta frescura de sus juegos verbales y no ha entendido la seriedad de su nominación como ¿próxima? candidata opositora a la presidencia.

Si alguna utilidad pudiera tener la larga cauda de encuestas que reflejan –con todas sus limitaciones y contradicciones– las tendencias electorales para junio del 2024, sin duda sería el mensaje de que la figura de Xóchitl opera con funcionalidad en el territorio mediático de las redes sociales, quizá, y sobre todo en el segmento muy localizado, muy menor y sólo estridente, de quienes se alimentan de las confusiones políticas.

Los resultados oficiales electorales de 1988 revelaron la existencia, tal vez, sólo de un tercio de la sociedad opositora, y eso que, en aquél tiempo, había partidos con estructuras y bases militantes con capacidad de movilización social y la figura de Cuauhtémoc Cárdenas tenía alto valor en el imaginario colectivo.

En el caso de Gálvez, le vendieron la idea de la existencia de una sociedad mayoritaria silenciosa, a la espera de su liderazgo, que la sacara de su modorra para ir a la calle en modo masivo, a votar por un cambio político.

Y como punto central del debate, la senadora Gálvez Ruiz ha sido incapaz de fijar, justo un discurso de cambio, que acompañe y empate con la figura de coalición opositora, y en cambio, se la ha pasado más bien señalando la continuidad de buena parte del proyecto de López Obrador, tratando de rebasar por la izquierda a la candidata oficial Claudia Sheinbaum Pardo.

Pero lo que está logrando con ello, es fomentar aún más, la decepción y desorientación de la masa mayoritaria conservadora que podría haber apoyado fuertemente su folklórica candidatura.

A Xóchitl se le conoce y se le va a recordar, más por sus chistes y sus leperadas, que por alguna idea-fuerza que motive a la sociedad a cambiar su voto.

La senadora y “próspera empresaria” del colágeno azucarado, en definitiva, encabeza una candidatura casi silvestre: No sabe de dónde viene, ni entiende a dónde va.