Las campañas cada vez han caído en el desinterés de los votantes. Será porque muchas de las promesas no se cumplen cuando el candidato logra su objetivo de llegar a una posición gubernamental o una curul.
Son abundantes las fotografías de candidatos que hasta comen con los pobres, se meten a charcos, inundaciones, abrazan adultos mayores y luego se lavan las manos… pero esa será la última vez que los vuelvan a ver.

No hay duda que otros cuantos políticos regresan al terruño donde buscaron su voto, pero su número es reducido.
La soberbia les sale por los poros, mientras que la hipocrecía prevalece en las campañas. Como si la gente fueran niños con problemas de discapacidad intelectual.
Eso es lo que los políticos creen que está convertido el votante en general.
Al momento de las elecciones, el voto del indigente con credencial de elector, vale tanto como el rico que no paga impuestos y vive de las tranzas que hace a nivel nacional.
Ya es tiempo de olvidar a los políticos aprovechados y chapulines que solo se acuerdan de usted cuando necesita su voto. Como el nopal cuando tiene tunas.








