Quienes no conocen el dulce sabor de las vainas del mezquite podrían pasar a un lado de estos árboles sin que les llame la más mínima atención.
Sin embargo para aquellos que sí las identifican, ver uno de estos arbustos repletos de estas golosinas naturales es motivo de gozo e incluso añoranza por la infancia.
Los invasores españoles documentaron que los habitantes de lo que hoy es el territorio mexicano, sobre todo de la región norte, comían mezquites por gusto pero también como remedio para distintos males.
Aunque hay referencias, mucho más antiguas, que narran cómo los grupos nómadas recolectores de Coahuila, por ejemplo, esperaban con ansias el verano para que éste les trajera las preciadas vainas.
Por su parte los yaquis hacían “atole de pechita”, que no es otra cosa que atole de mezquite, que cocinaban en cenizas para prolongar su duración. En tanto los zapotecas extraían de la vaina de mezquite mieles comestibles.
Varias culturas del norte, refiere el libro Tlacualero, autoría de Cristina Barros y Marco Buenrostro, acostumbraban a hacer también mezquitamal, una masa producto de la molienda de las semillas de mezquite, que toma la apariencia y consistencia de una especie de pan duro.
En la Historia general de las cosas de la Nueva España, se indica que los antiguos lo usaban para limpiar ojos, así como medicina para infecciones del estómago y garganta, dado que sus extractos tienen una función antibiótica.
Con todo lo anterior podemos darnos una idea de la importancia histórica y amplia presencia del mezquite en el territorio que hoy es México.
Este árbol, hasta la fecha, se da en el desierto y semidesierto mexicano, terreno que comprende el 40% del suelo nacional.
Baja California, Sonora, Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Puebla y Oaxaca, son los estados del país en donde predomina, pero donde no necesariamente se la da el debido valor para su conservación.
Por ejemplo, gran cantidad de mezquites son exterminados ilegalmente para hacer muebles, ya que su madera, al ser dura, es ideal para tal fin. También son comercializados como leña y carbón, sobre todo por su aroma a la hora de quemarse y dar sabor a las carnes asadas, tan populares en le norte. De hecho no existe ley, hasta la fecha, que los proteja.
Es por esta razón que instituciones como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) han levantado la voz para que se proteja al mezquite y se reforeste con él las zonas áridas de México.
Y así es, como cada vaina de mezquite es súmamente dulce, pero en muchos lugares está desapareciendo para hacer de este árbol muebles y carbón.
Con información de Víctor Hugo Estala.








