En las últimas 24 horas he recibido infinidad de mensajes de apoyo ante la violenta agresión de Antonio Garci Nieto, colaborador de El Financiero, quien realizó con inteligencia artificial y publicó en sus redes sociales una imagen falsa de contenido erótico en la que superponía mi rostro al cuerpo semidesnudo de otra mujer, con el objetivo de vulnerar, degradar y atacar mi intimidad, un delito tipificado con severidad por la Ley Olimpia.
En primer lugar, quiero agradecer con el corazón sus muestras de cariño que renuevan mi esperanza, mi energía y mi fortaleza para seguir dando la batalla contra la mezquindad. Como saben, ayer manifesté mi decisión de no denunciar por la vía judicial a este personaje.
Sin embargo, tras conversar con muchas compañeras, escuchando la preocupación y la exigencia mayoritaria de hombres y mujeres de buena voluntad que consideran importante sentar un precedente jurídico para que esto no vuelva a ocurrir, he decidido reconsiderar mi decisión y denunciar por la vía legal a este violento personaje.
Soy la senadora más joven, y aunque yo hubiera preferido no usar esta vía, son miles de niñas, adolescentes y mujeres las que siguen mi trabajo en las redes sociales y no puedo permitir que en este tiempo de mujeres, tan solo una de ellas deje de interesarse en participar en la vida pública por culpa de la violencia machista. Esta mañana una joven me envió este mensaje que terminó de mover mi corazón y mi decisión, y quiero que ustedes la escuchen:
“Andy, quiero decirte que gracias a ti me interesó la política, que gracias a ti sé que las cosas pueden cambiar. Y siempre apoyaré las decisiones que tomes, pero estoy muy preocupada porque si violentarte a ti le sale gratis, ¿qué nos espera a las demás?”
Tengo claro que ya no solo me represento a mí misma, sino también a casi medio millón de mujeres chihuahuenses que confiaron en mí y que han sufrido más que nadie, especialmente en Ciudad Juárez, los horrores de la violencia contra nosotras.
Quisiera reseñar además que uno de los motivos principales por los que no quise denunciar era para que el violentador no se victimizara, y aún así lo hizo.
Se dijo perseguido, no se disculpó y ratificó que es perfectamente consciente de su violencia, de la cual se siente orgulloso. Y eso no lo voy a permitir. Atiendo la exigencia que me hacen las mujeres para denunciar esta agresión.
Hoy no tomo sola esta decisión, la tomamos todas.








