SERGIO ARMANDO López-Castillo
Muchos, bastantes, se nos han adelantado en este largo camino. Han fallecido. Y los que todavía estamos aquí, nos llaman “los ancianos”, o de la tercera edad”, adultos mayores.
Nacimos en los 50s-60s.
Crecimos en los 70’s, 80s; estudiamos en los años 70s-80s. Estábamos juntos en los 70s-80s-90s, tal vez nos casamos o no y descubrimos el mundo en los 70s-80s-90s.
Nos aventuramos a conocer parte del mundo alrededor, en los 80s – 90s, u nos instalamos como adultos maduros, experimentados (la mayoría) en la década de 2000-2010.
Nos hicimos más sabios en los 2010-2015, y quizá ya vamos fuertes en 2020 y más allá, más adelante, casi ya en retiro productivo y laboral en 2025-2030.
Pues en números se dice y piensa fácil. Sin embargo, resulta que pasamos por, al menos siete décadas diferentes, con todo lo que eso representa.
Dos siglos distintos e inclusive por dos millennials ciertamente diversos. Y hemos trascendido, entre otras muchísimas cosas más, el teléfono con el operador para llamadas de larga distancia, cabinas de pago, a las video-llamadas en todo el mundo.
Hemos sido protagonistas de variadas y e impensadas transiciones y cambios en nuestra ya larga vida física, pasando de las diapositivas aquellas, olas “vistitas”, a YouTube, de discos de vinilos a música en línea, de las cartas escritas a mano, a los correos electrónicos y al Whats App.
También hemos sido testigos de los juegos en directo en la radio, de la televisión en blanco y negro, de la televisión a color; luego a la televisión y el cine en tercera dimensión y el HD.
Somos quienes fuimos a la tienda de videos a rentar películas en formatos Beta y VHS, y ahora, estamos viendo Netflix y la pantalla Smar Tv de 32, 40, 50, 65 y hasta 75 pulgadas o más.
Hemos, sin duda, nosotros los “ancianos”, conocido los primeros ordenadores, tarjetas perforadas, discos compactos, y ahora, estamos frente a los gigabytes y megabytes en nuestros Smart phones y tabletas..
En aquellos maravillosos años de la infancia y parte dela adolescencia, llevamos pantalones cortos durante un buen tiempo, luego los pantalones de campana, o los EP, las mujeres minifaldas, Oxfords, Clarks, pañuelos palestinos, monos y los socorridos vaqueros, azules.
Saltamos, superamos, la parálisis infantil, la meningitis, la poliomielitis, la tuberculosis, la gripe porcina, entre otras, y ahora sobrevivimos al temido, controvertido y finalmente vencido COVID-19.
De aquellos inolvidables patinajes en pistas, calles, y banquetas, los triciclos, las bicicletas, el ciclomotor, la gasolina y el diésel, ahora muchos podemos manejar los vehículos híbridos o eléctricos.
Jugamos con los pequeños, hermanos, amigos, compañeros de escuela etc, a los caballos y damas, al avestruz, las canicas, el umbral 1000 y monopolio; ahora hay candy crush en nuestros teléfonos celulares y otros dispositivos varios.
En los años de juventud, la mayoría leíamos cuentos, historietas y libros, más o menos y otros, mucho. La religión de nuestros compañeros de escuela no era un tema de conversación, muchos menos las preferencias sexuales y demás…
Solíamos beber agua del grifo y tomar limonada en botellas de vidrio, y las verduras en nuestro plato, siempre eran frescas. Hoy recibimos comidas entregadas, gran parte de ellas para calentar en el micro-ondas.
Sí, efectivamente, si me estás leyendo y eres de esas gloriosas décadas anteriores, vas a estar de acuerdo con este reportero, en que hemos pasado por mucho, por tanto. ¡Pero qué hermosa vida la que estamos disfrutando!
Podrían describirnos como “transanuales o “exanuales”; personas que nacimos en este mundo de los, incluso, años 50, y 60, los que tuvimos una infancia análoga, y hoy, tenemos una edad muy adulta, pero a la vez digitalizada.
Y en efecto, deberíamos agregar la revolución biológica que hemos presenciado. En 1960, la biología era muy descriptiva; hemos presenciado el evento de biología molecular: se han descubierto las moléculas de la vida: ADN, ARN, etc.
Cuando ves todo lo que ha salido de ellas: terapia genética, huellas genéticas, identificaciones biométricas y otros adelantos, el progreso es considerablemente descomunal.
¡Y lo extraordinario es que nosotros los de la aquella llamada generación X, “Los ancianos”, los mayores, los baby boomers, “lo hemos visto todo”!
Nuestra generación literalmente ha vivido y ha sido testigo, más que cualquier otra, de profundos cambios y transformaciones, en todas las dimensiones de la vida, y eso es un regalo de Dios, que debemos aquilatar, y seguir disfrutándolo.
Esa es nuestra generación que literalmente se ha adaptado a todo cuanto se nos ha presentado, en esta vida que para nosotros ha sido y está siendo Única, especial e irrepetible.
“Lo que escriba y diga, será la verdad” [email protected]








