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miércoles, marzo 18, 2026
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“Cuando ellos hacían el truco, era democracia”

Controversial…

“Cuando ellos hacían el truco, era democracia”
Cuando el pueblo decide, es fraude.

Por: Raúl Sabido.

Durante décadas (8), el PRI (7) y el PAN (1) perfeccionaron el arte de la simulación democrática. Nos vendieron elecciones como si fueran un espectáculo de transparencia, mientras en los sótanos del poder se repartían los cargos judiciales como si fueran premios de consolación para sus aliados. ¿Y ahora? Ahora chillan porque el pueblo tiene la voz mandante.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), ese bastión de privilegios, se ha convertido en el último refugio de quienes no pueden ganar en las urnas Y MENOS a la buena. Antes, cuando ellos decidían jueces, magistrados y ministros a puerta cerrada, era institucionalidad. Hoy, cuando el pueblo vota, es un atentado a la democracia. ¡Qué conveniente!

Mañana, 1 de junio

México vivirá una jornada histórica. Por primera vez, los ciudadanos elegirán directamente a jueces, magistrados y ministros. ¿Y qué dice la oposición? que es un fraude, que es un golpe, que es una dictadura. Claro, porque si el pueblo decide, ya no pueden meter la mano en el proceso como lo hicieron en diciembre de 1994, cuando el presidente Zedillo barrió con la Corte y puso a sus propios ministros a modo instalándolos el 1 de Febrero de 1995, se les olvida este “pequeño detalle” en donde Ernesto Zedillo decidió, y mañana decide el pueblo.

La ironía es deliciosa

Los mismos que se beneficiaron de un sistema judicial a modo, ahora gritan que la elección está amañada. ¿Dónde estaban sus principios democráticos cuando la SCJN blindaba sus reformas neoliberales? ¿Dónde estaba su indignación cuando los jueces protegían a los grandes empresarios, saqueadores y evasores mientras el pueblo seguía esperando justicia?

Mañana, México decide. Y los que antes movían los hilos en la sombra, ahora solo pueden ver cómo el telón cae sobre su teatro de simulación.

La oposición no denuncia irregularidades, denuncia su propia desesperación

Cuando el PRI y el PAN controlaban el aparato judicial, todo era institucionalidad, todo era legalidad, todo era “democracia”. Pero ahora que el pueblo decidirá, de repente todo es fraude, todo es manipulación, todo es un atentado contra la justicia.

Las denuncias PANISTAS

Las denuncias que han presentado en los últimos días no son más que un reflejo de su pánico y su cinismo. ¿Las pruebas? Columnas de sus propios periodistas, notas de sus medios afines, “investigaciones” que solo citan a sus propios voceros. Es un círculo perfecto de autoafirmación: ellos escriben, ellos denuncian, ellos se indignan, ellos se creen sus propias mentiras.

Y luego están los famosos “acordeones”. Esos documentos que, según la oposición, son los que prueban un fraude monumental. ¿Pero qué son hoy los “acordeones” comparados cuando ellos manipulaban con material de apoyo, orientación electoral, información para el votante? Ahora que no controlan nada, ahora que no tienen la estructura para incidir en el voto, ahora que la mayoría ciudadana los repudia, ahora son evidencia de una conspiración.

Una buena idea que les replicaron los demás

El PAN y el PRI han llevado sus denuncias hasta la Fiscalía, clamando que Morena está manipulando el voto con plataformas digitales y listas de votantes, con acordeones. ¿Pero acaso no fueron ellos los maestros del acarreo, de la compra de votos, de la presión a los electores? ¿No fueron ellos quienes perfeccionaron el arte de la movilización clientelar?, ¿Acaso no fueron ellos los que sacaron primeramente los acordeones para intentar denigrar la elección judicial?

Mañana 1 de junio, el pueblo votará

Y la oposición, que antes decidía todo en lo oscurito, solo puede ver cómo su viejo sistema se desmorona ante sus ojos.

Cuando el truco era suyo, era democracia; cuando lo pierden, es ‘fraude’

Aquí no hay sorpresas, solo existe el pánico de quienes jamás aprendieron a competir.”

Por décadas, el PAN y el PRI construyeron su maquinaria electoral sobre operadores que sí sabían hacer el trabajo, mientras sus líderes se sentaban cómodos a recibir los beneficios. Pero cuando esas estructuras se resquebrajaron, cuando la sangre nueva decidió abandonar el barco y moverse a donde sí hay proyecto, los caciques antidemocráticos quedaron desnudos.

Hoy, los opositores no solo lloran por el sistema que ya no pueden manipular, sino también por quienes alguna vez sostuvieron sus campañas y que los abandonaron, desertaron de sus filas. Gritan traición, despotrican contra los que se fueron, pero en el fondo saben lo que realmente perdieron: operadores políticos que entendían el terreno, estrategas que manejaban las movilizaciones, cuadros que sabían tocar puertas.

Y ahora, ¿qué les queda? Denuncias infundadas basadas en sus propias columnas, reportes hechos a medida por sus propios medios, acusaciones tan endebles que solo funcionan dentro de su burbuja de autocomplacencia. Ya no saben hacer campañas sin las estructuras que los mantenían a flote.

El 1 de junio se define más que una elección. Se termina la simulación y se exhibe el miedo de quienes nunca supieron competir sin trampas. Se paga con la misma moneda, se les sirve su propio chocolate bien caliente, y por primera vez en mucho tiempo, el tablero no lo acomodaron ellos.

La oposición llora, pero no por justicia: llora porque perdió el monopolio del truco para poder.