Controversial…
“Ausencia planeada, derrota inevitable”
La estrategia del avestruz antidemocrático.
Por: Raúl Sabido
Durante meses, desde los mismos partidos que antaño ejercieron el poder, se promovió activamente la abstención como una supuesta forma de resistencia. No votar, dijeron, era mandar un mensaje. Y puede ser cierto, en toda democracia robusta, existen diversas formas legítimas de inconformarse. Protestar, manifestarse, levantar la voz en medios, en la calle, en tribunales y redes. La libre expresión es un pilar central de la democracia.
Pero también lo es el voto
Y en este caso, la boleta estaba ahí, la oportunidad era clara, había candidatos afines a la oposición y estaban en la contienda. El mensaje podía haberse expresado con fuerza real y dignidad manifiesta en las urnas, con votos tachados en rechazo, votos diferenciados, o votos directos por sus candidatos que si estaban en la boleta y para todos los puestos. Elegir a no participar fue también una elección, pero una que debilitó sus propias banderas ya que por doce años estarán sin posibilidades de volver participar en una elección para ministros de la SCJN que hasta hoy, y antes del 1º. De Septiembre, les eran afines.
No puedes renunciar a la cancha y luego pedir el trofeo
Las reglas eran claras y democráticas y había participación de candidatos con amplia experiencia judicial, de carrera y muchos propuestos por los mismos opositores. Despreciar el proceso desde fuera puede ser una forma de protesta, sí… pero sin respaldo masivo ni narrativa fuerte detrás, corre el riesgo de parecer simplemente fuga de responsabilidad y carencia total de fuerza de movilización.
Hoy, 13 millones de personas sí hablaron con su voto. Y quienes guardaron silencio, otorgaron. No hay democracia sin desacuerdo, pero tampoco sin participación activa. La inconformidad es válida, incluso esencial, pero su fuerza real se despliega cuando se organiza, se expresa y se plasma en los espacios de decisión y participación pública, y no lo hicieron.
¿Ironía? Sí. ¿Derrota? También
Si quienes hoy se lamentan de no haber participado y están dispuestos a dejar el “autoexilio democrático” y volver, con propuestas, a ejercer su ciudadanía plena, están en una democracia plena y sería muy bueno para la democracia mexicana la participación y la fuerza política de los opositores porque, de no haberla, dejan al competitivo compitiendo contra sí mismo.
Durante la “Dictadura Perfecta” la estrategia era alejar a los ciudadanos de las urnas que fue la misma estrategia que utilizaron los hoy opositores, dejando sola a Morena compitiendo en lo federal.
Grave error, estrategia fallida opositora
Durante meses, los líderes del viejo régimen (PRI, PAN, MC) ensayaron una jugada arriesgada la de intentar convencer a millones de ciudadanos de que no votar era protesta, que el silencio hacía más ruido que la acción, que la ausencia sería señal de fuerza. Vendieron la abstención como resistencia. Pero la historia terminó por exponer una verdad mucho más incómoda, “el que se autoexilia de la democracia, no puede reclamar sus consecuencias”, además de que era una mentira que manipulaba.
Lo que no se quiere señalar
Pero hay algo que pocos han querido señalar, que la elección judicial tuvo dos planos: el federal y el local. Y fue en este segundo, menos visible, donde muchos actores de la oposición sí jugaron. Algunos gobernadores y líderes regionales activaron sus estructuras, construyeron alianzas, movilizaron operadores y lograron lo que en lo federal renunciaron siquiera a intentar, el colocarse en posiciones clave dentro del poder judicial local. Ahí sí hubo boletas marcadas desde los Institutos electorales locales, votos contados y resultados conocidos donde a los votantes no les dieron opción alguna en la boleta, era votar por los que ellos querían y no había más. El discurso del rechazo total al proceso quedó, así, en entredicho.
Y entonces, ¿por qué se jugó en lo local y no en lo federal? ¿Por qué allá sí contaron los votos y aquí no quisieron participar? La respuesta no es sencilla, pero una cosa queda clara, la abstención fue selectiva, calculada, y en algunos casos, contradictoria.
La democracia no se defiende a medias
El derecho a la discrepancia es legítimo, y también lo son otras formas de participación como la libre expresión, la movilización en las calles, las campañas digitales, la presión internacional. Todo ello es parte de un ecosistema democrático robusto y real, pero el voto sigue siendo el acto central de decisión ciudadana. y negarse a votar cuando hay opciones, cuando hay boletas, cuando hay candidatos de los opositores con carrera judicial, y experiencia, es una decisión que también tiene consecuencias políticas.
Los 13 millones que salieron a votar, dijeron esta es mi decisión
Asumieron el reto, participaron en las reglas del juego y se pronunciaron, como también quien decidió quedarse fuera, tendrá sus razones, algunas quizás válidas, incluso necesarias de escuchar, pero también debe asumir que en política, las decisiones traen efectos. No participar es también una forma de decidir dejar la decisión en quienes si votan, y cada decisión de omisión tiene precio y el que no vota no tiene autoridad para reclamar.
Lo que vimos no fue una “resistencia”, fue una retirada, donde bajaron sus banderas, porque no tenían narrativa fuerte, no había respaldo masivo. Algunos esperaban convertir el vacío en argumento, pero el vacío… no vota, no elige, no gana ya que solo resuena como eco de lo que no fue.
“En democracia, el silencio no otorga dignidad, otorga poder a quien sí se atreve a participar con su voto, el abstencionismo no elige”








