Controversial…
Las posibilidades de la estupidez
Poder, hipocresía y el riesgo de la extinción
Por: Raúl Sabido
Antecedentes
El conflicto entre Israel e Irán no es un simple enfrentamiento regional, es la manifestación de una lucha de poder que trasciende fronteras. Ambos países fueron aliados hasta la Revolución Islámica de 1979, cuando Irán rompió relaciones con Israel y adoptó una postura firme en apoyo a Palestina. Desde entonces la rivalidad ha crecido con Israel acusando a Irán de financiar grupos armados en la región y Teherán considerando a Israel una amenaza existencial.
Hoy, la confrontación ha alcanzado un punto crítico, dado que Israel lanzó la “Operación León Creciente”, atacando instalaciones nucleares y militares en Irán, mientras que Teherán respondió con la “Operación Promesa Verdadera III”, disparando más de 150 misiles balísticos y drones contra ciudades israelíes. Entre ayer y hoy una lluvia de 100 drones, 200 misiles y dos cohetes supersónicos lanzados desde Yemen cayeron sobre las principales ciudades de Israel venciendo su “inviolable” escudo protector.
El abatimiento del escudo de acero Israelí
Las cosas no están saliendo bien para Israel. La tecnología rusa utilizada por Irán ha superado las defensas del “escudo de acero” israelí, desactivando su efectividad al punto de convertir su propia defensa en un riesgo altísimo para ellos mismos. Misiles interceptores Israelíes, incapaces de cumplir su propósito, han comenzado a caer sobre su territorio, generando daños inesperados en su propia infraestructura, lo sistemas de defensa Israelitas fueron hackeados por Irán.
Mientras tanto, los misiles iraníes han atravesado el espacio aéreo sin resistencia, alcanzando sus objetivos con precisión y dejando en evidencia una preocupante vulnerabilidad en el sistema de defensa de Israel. La guerra tecnológica ha cambiado de dirección, y el dominio de Irán en esta nueva fase del conflicto marca un punto de inflexión estratégico.
El tema central del conflicto
La cuestión nuclear es la justificación de la escalada, pero también su mayor contradicción. Israel denuncia la posibilidad de que Irán desarrolle armas atómicas, pero evita discutir abiertamente su propia posesión real de dicho arsenal. ¿Se puede condenar lo que se oculta?
Irán, por su parte, ha superado las restricciones impuestas por acuerdos internacionales tras la salida de EE.UU. del pacto nuclear en 2018. En este contexto, la doble moral de las tres grandes potencias nucleares (EE.UU., Rusia y China) es evidente: mientras dictan quién puede o no acceder a este tipo de armamento, guardan un silencio estratégico sobre la posesión nuclear de Israel.
La existencia de un arsenal israelí no es solo una sospecha; su realidad quedó expuesta cuando Rusia advirtió que, si Israel utilizaba armas nucleares contra Irán, respondería con una lluvia de misiles atómicos sobre territorio israelí. Este intercambio de amenazas deja al descubierto un juego de poder en el que la línea entre la disuasión y la destrucción absoluta se vuelve cada vez más difusa.
Cuando la lógica de la guerra se transforma en un enfrentamiento entre países con capacidad de destrucción total, el conflicto deja de ser regional y su desenlace apunta a la extinción.
Los invitados a la guerra
La guerra no siempre se define por los ejércitos en el frente, sino por las fuerzas invisibles que mueven los hilos. Israel no lucha solo. Irán tampoco. Cada uno responde a alianzas que fortalecen sus ofensivas y enemigos que acechan, esperando el momento oportuno.
Israel, la fortaleza respaldada por Occidente
Israel tiene el respaldo absoluto de Estados Unidos, su mayor aliado militar y político. Este vínculo es más que una alianza estratégica, es una garantía de que, si Israel cae en una guerra total, EE.UU. intervendrá directamente.
Pero el apoyo no termina ahí. Arabia Saudita, aunque históricamente distante, ha comenzado un acercamiento impulsado por su temor a Irán.
Egipto y Jordania han firmado acuerdos de paz y colaboran en seguridad regional. Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, en un giro inesperado, han normalizado relaciones con Israel, convirtiéndose en socios económicos y estratégicos.
Sin embargo, Israel tiene enemigos dispuestos a actuar en cualquier momento. Hezbolá en Líbano ha acumulado miles de misiles listos para ser disparados. Hamás y la Yihad Islámica Palestina, operando desde Gaza, reciben apoyo directo de Irán. Siria, aunque debilitada por su guerra civil, sigue siendo un adversario estratégico. Los Hutíes en Yemen, respaldados por Irán, han demostrado capacidad de ataque con misiles balísticos y drones de largo alcance.
Irán: El bastión de la resistencia antioccidental
Para Irán, la guerra es una estrategia de supervivencia. Aislado por sanciones y presión occidental, ha encontrado apoyo en Rusia y China. Moscú le provee armas y respaldo diplomático, mientras que Pekín le mantiene su acceso a mercados esenciales, incluso han comenzado a abastecer de material militar a Irán, el escudo anti misiles de Irán es de origen Ruso.
Pero su verdadera fortaleza no son sus relaciones diplomáticas, sino los grupos armados que operan bajo su influencia. Hezbolá, su brazo más fuerte fuera de Irán, actúa como una fuerza de choque en el norte de Israel. Hamás y la Yihad Islámica Palestina, financiados y entrenados por Irán, mantienen presión sobre Tel Aviv.
En Siria, la presencia iraní se ha consolidado con bases militares y asesores operando estratégicamente. Los Hutíes en Yemen, aliados de Irán, han demostrado una capacidad de ataque con misiles supersónicos de velocidad entre Mach 2.5 y Mach 3.0, imposibilitando a que Israel los intercepte eficazmente.
Una guerra que no es solo de Israel e Irán
Este conflicto, en realidad, es un choque de fuerzas globales. Israel cuenta con el respaldo occidental y una red de alianzas emergentes en el mundo árabe. Irán juega la carta de la resistencia, apoyado por Rusia, China y una red de milicias leales.
La pregunta no es si habrá guerra, sino quién dará el primer golpe decisivo. Cualquier error, cualquier movimiento en falso, podría desencadenar una reacción en cadena que arrastre a Medio Oriente, y al mundo entero, hacia una crisis sin retorno.
Trump y su dualidad peligrosa
Trump prometió buscar estabilidad en la región y levantó sanciones contra Siria, además planteó pactos con Irán, una estrategia que contradice su previo apoyo incondicional a Israel. La reunión con Ahmed al-Sharaa, líder del grupo terrorista Hamas y presidente sirio, fue vista como una afrenta a la política tradicional estadounidense contra el terrorismo.
La postura de Israel y sus aliados occidentales se endureció. Hamás y Siria fueron declarados actores terroristas, justificando ataques militares. Esto debilitó cualquier posibilidad de que los acuerdos previos con al-Sharaa y Trump pudieran sostenerse. Irán, por su parte, acusó a EE.UU. de complicidad en los bombardeos israelíes, intensificando las tensiones.
Trump intentó posicionarse como negociador, pero su acercamiento a líderes considerados terroristas ha generado un nuevo dilema diplomático ya que EE.UU. ha sostenido históricamente que no negocia con terroristas, pero esta acción pone en duda sus propios principios y expone el doble juego de la política internacional norteamericana.
El conflicto lo desató Israel para obligar a Trump a definirse








