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domingo, marzo 15, 2026
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De rodillas en Roma, con los brazos sucios en Chihuahua!

Luz Estela “Lucha” Castro
Respeto profundamente las creencias religiosas. Yo misma me asumo como teóloga feminista y con frecuencia comparto mi caminar espiritual y mi compromiso de vida. Pero también, desde esa misma raíz espiritual, he aprendido que hay momentos para la contemplación… y otros para la denuncia profética.
Y aquí va una: El presidente municipal de Chihuahua, Marco Bonilla, acaba de ir al Vaticano, acompañado de su esposa Karina Olivas. Allá posó sonriente y campante en una foto junto a Margarita Zavala y Felipe Calderón. Ya saben, esos que se dicen “defensores de la vida”, mientras son corresponsables de una de las etapas más cruentas de violencia que hemos vivido en México.
Sí, Felipe Calderón. El mismo bajo cuyo gobierno se autorizó la entrada de armas a México mediante el operativo “Rápido y Furioso”. Armas que terminaron en manos del crimen organizado, como la bala que asesinó a nuestra compañera Marisela Escobedo. Y mientras él posa ahora en el Vaticano, su brazo derecho —Genaro García Luna— ya fue sentenciado en Estados Unidos por sus vínculos con el narco. ¿Le habrá pedido perdón al menos? ¿Habrá reconocido el daño causado? ¿O pensará que el perdón se gana con una audiencia y una buena selfie?
El alcalde Bonilla presume que viajó para “promover el bien común”. Muy bien. Pero resulta difícil hablar de bien común cuando su gobierno actúa bajo consigna, sin libertad de conciencia, persiguiendo adversarios, imponiendo votos a empleados públicos, exigiendo lealtades a modo, y actuando como golpeador oficial de quien habita el Palacio de Gobierno.
Difícil hablar de bien común cuando se autoriza el cambio de uso de suelo para destruir el ecosistema junto a la Presa El Rejón con un complejo de 17 pisos que bien podría formar parte del “cártel inmobiliario” que tanto denunciamos en la Ciudad de México.
Difícil hablar de bien común cuando firma, de forma ilegal, un contrato de deuda pública por 570 millones de pesos —que la SHCP rechazó por violar la Ley de Disciplina Financiera—, o cuando se compra una casa de 17 millones de pesos justo un día después de las elecciones, aunque su sueldo no da ni con hipoteca a 30 años.
Y mientras Bonilla se arrodilla en el Vaticano, aquí en Chihuahua nos preguntamos si también se hincó ante los intereses privados, ante los favores políticos, ante la simulación de la transparencia. Porque con esa lista de agravios, queda claro que lo suyo no es el bien común, sino el bien acomodado.
Se vale tener fe. Pero que esa fe nos lleve a defender la justicia, no a fotografiarse con los verdugos del pueblo. Que el altar no se vuelva cómplice del poder. Que la dignidad no se pierda en el protocolo diplomático ni en los viajes pagados —seguramente— con recursos públicos. Y que quienes pisamos tierra, no dejemos pasar la farsa sin decir su nombre: hipocresía.
Como bien dice el Evangelio: ”¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas! Son como sepulcros blanqueados: por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre.” (Mateo 23, 27)