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miércoles, marzo 18, 2026
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La lechuza y el cuervo

Everardo Monroy Caracas
En un bosque antiguo, donde los árboles susurraban secretos al viento, vivía una Lechuza de majestuoso plumaje y ojos penetrantes. Todos la admiraban por su sabiduría, aunque en verdad, solo repetía frases oídas sin entenderlas bien.
Cerca de allí, un cuervo negro como la noche observaba desde las ramas más altas. Era astuto, pero también vanidoso, y pasaba los días alabando su propia inteligencia mientras robaba brillantes objetos a otros animales.
Un día, el cuervo vio a la lechuza posada en su rama favorita y, con voz melosa, le dijo:
—¡Oh, gran lechuza! Nadie en el bosque es tan sabio como tú. Pero dime, ¿por qué permites que el zorro camine entre nosotros? Él solo trae mentiras.
La lechuza, halagada, respondió con gravedad:
—Tienes razón, cuervo. El zorro es un peligro… Hablaré con el consejo de los búhos para expulsarlo.
El cuervo sonrió entre plumas. Él mismo había robado huevos del nido de un faisán y dejado pelo de zorro cerca para culparlo.
Pero esa misma noche, mientras la lechuza repetía sus acusaciones ante los animales del bosque, el zorro, ofendido, reveló la verdad:
—¡Es el cuervo el ladrón! Ayer vi cómo escondía un anillo brillante en su nido.
Los animales registraron el nido del cuervo y encontraron no solo el anillo, sino también plumas de pájaros desaparecidos. Furiosos, lo expulsaron del bosque.
La lechuza, avergonzada por haber sido manipulada, intentó rectificar:
—Yo solo quería justicia…
Pero ya era tarde. El zorro, desconfiando de todos, se volvió un tirano. El bosque, antes pacífico, se llenó de acusaciones falsas y nadie volvió a creer en la palabra de otro.
Moraleja: La hipocresía es un veneno: primero corroe al que la usa, luego envenena a todos los que la creen. (EMC)