Controversial…
Sionismo
Tierra, Memoria y Resistencia.
Parte 4/5
Por: Raúl Sabido.
“Esta es la historia del sionismo, no para condenarlo ni idealizarlo, sino para comprenderlo, porque solo entendiendo su origen, su evolución y su impacto, forjado entre persecución, modernidad, nacionalismo y memoria, podremos acercarnos con más lucidez a los conflictos y tensiones que hoy reconfiguran el mapa político de Medio Oriente y más allá.”
Hay ideologías que surgen de la conquista, y otras de la supervivencia. El sionismo pertenece a estas últimas, es una respuesta política a siglos de marginación del pueblo judío en Europa, nacida a fines del siglo XIX como un proyecto de autodeterminación nacional.
Por siglos, el pueblo judío vivió disperso, sin un Estado propio, enfrentando persecuciones, aniquilación y exclusión. A finales del siglo XIX, en un contexto europeo marcado por el nacionalismo y el antisemitismo, surgió una idea que cambiaría el curso de la historia, EL SIONISMO que surge no como una doctrina religiosa, sino como un proyecto político moderno que proponía la creación de un Estado judío soberano, preferentemente en Palestina, su tierra prometida por Abraham.
El periodista austrohúngaro Theodor Herzl fue su principal impulsor. En 1897, durante el Primer Congreso Sionista en Basilea, se sentaron las bases de un movimiento que, en menos de medio siglo, lograría el gran objetivo que sería el establecimiento del Estado de Israel en 1948. Pero lo que para unos fue un acto de justicia histórica, para otros significó despojo, desplazamiento y conflicto (Los Palestinos).
Desde entonces, el sionismo ha evolucionado. De ser un movimiento de liberación nacional, pasó a convertirse en la ideología fundacional del Estado israelí. Y con ello, su influencia se expandió más allá de las fronteras de Medio Oriente.
Una red de poder global
Hoy, el sionismo no solo es una corriente política interna en Israel sino es también una red de alianzas diplomáticas, económicas y militares que conecta a Israel con potencias como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y otros países occidentales. Esta red se articula a través de lobbies políticos, como AIPAC en EE. UU., con acuerdos de cooperación tecnológica y militar, y con una narrativa que intenta presentar a Israel como bastión democrático en una región sumamente inestable.
En términos económicos, Israel ha logrado posicionarse como un actor clave en sectores estratégicos como Ciberseguridad, inteligencia artificial, tecnología agrícola y defensa. Muchas de estas innovaciones han sido desarrolladas en contextos de ocupación y conflicto, y luego exportadas a gobiernos y corporaciones de todo el mundo. Esto ha generado críticas sobre cómo la experiencia militar israelí se convierte en un producto comercial global, alimentando industrias de vigilancia, control fronterizo y represión.
Críticas y tensiones
Las críticas al sionismo no provienen únicamente del mundo árabe o musulmán. Existen sectores dentro del propio judaísmo, como el movimiento Neturei Karta o la Red Internacional Judía Antisionista, que rechazan el sionismo por considerarlo incompatible con los valores éticos del judaísmo o por su impacto sobre el pueblo palestino.
Académicos como Ilan Pappé han documentado lo que denominan una “limpieza étnica” en la fundación de Israel, y denuncian que el sionismo ha derivado en un proyecto de colonización y apartheid. Desde esta perspectiva, el sionismo ya no es solo una ideología de autodeterminación, sino una estructura de poder que perpetúa desigualdades y conflictos.
Además, el respaldo incondicional que recibe Israel por parte de las potencias occidentales, muy a pesar de sus políticas de ocupación y expansión territorial, ha generado una percepción de impunidad. Mientras a países como Irán se les impone un estricto régimen de sanciones por su programa nuclear, Israel mantiene un arsenal nuclear no declarado sin supervisión internacional, esta asimetría alimenta tensiones regionales y globales.
¿Qué representa hoy el sionismo?
Para sus defensores, el sionismo sigue siendo una expresión legítima de autodeterminación del pueblo judío. Para sus críticos, es un proyecto que ha desplazado a otro pueblo, el palestino, y que se sostiene mediante alianzas geopolíticas, principalmente con Estados Unidos y Reino Unido, alianzas que representan control territorial y superioridad militar, expansionismo.
En el escenario global, el sionismo representa una paradoja porque es un movimiento nacido del trauma y la exclusión y que hoy es parte de estructuras de poder que reproducen exclusión y conflicto. Su influencia en la economía global, en la política exterior de potencias occidentales y en la configuración del orden internacional es innegable.
El sionismo simétrico con otros estados poderosos
Hablar de sionismo no es simplemente referirse al Estado de Israel. Es abordar un fenómeno histórico que ilustra cómo un proyecto nacional se construye, se legitima y se proyecta hacia el exterior a través de argumentos históricos, alianzas estratégicas y estructuras de poder. El sionismo no solo edificó un Estado, también articuló una narrativa que vincula pasado, presente y futuro de una comunidad dispersa a través de los milenios.
Comprender el sionismo en toda su dimensión, desde sus raíces en la Europa del siglo XIX (cuando nace) hasta su influencia actual en la geopolítica, la economía global y los equilibrios de poder, es clave para analizar con objetividad los conflictos que lo rodean. Solo desentrañando su complejidad histórica, política, económica y ética podemos escapar de reduccionismos ideológicos, y avanzar hacia un entendimiento más justo de la situación en Medio Oriente y más coherente con los principios del derecho internacional contemporáneo.
La diáspora judía sembró el anhelo y la persecución lo volvió urgente, y el sionismo lo convirtió en realidad en 1948.








