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sábado, marzo 14, 2026
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El arte de saber sumar de Morena

Controversial…

El arte de saber sumar de Morena

Por: Raúl Sabido

“Los que acusan a Morena de sumar no han entendido que el verdadero fracaso no es que el otro crezca, sino que tú ya no sepas cómo evitar que te abandonen.”

En política, los hechos pesan más que los discursos. Cuando un actor relevante abandona un partido para sumarse a otro proyecto, no solo se mueve una ficha en el tablero: se desatan pasiones, temores y campañas de descrédito que, lejos de restar, suelen magnificar a quien se va.

Hoy somos testigos de cómo los partidos tradicionales en México (principalmente el PRI y el PAN) atacan sistemáticamente a quienes deciden dejarlos. ¿La razón oficial? Incongruencia. ¿La verdadera razón? Su salida duele porque eran valiosos. Si fueran irrelevantes, no se dedicarían tuits, ruedas de prensa ni etiquetas acusatorias para descalificarlos. A los prescindibles se les deja ir en silencio; a los imprescindibles, se les tilda de traidores.

Alianzas y éxodo: dos caras de la misma moneda

Las sumas políticas (las alianzas) no son nuevas ni exclusivas de un partido. Son una herramienta recurrente en la historia de las democracias del mundo a través del tiempo.

Los partidos se integran a coaliciones para maximizar sus posibilidades, para formar gobierno o, simplemente, para no desaparecer. Pero junto con las sumas también llega el éxodo: cuadros experimentados y liderazgos importantes migran porque sus ideas, inquietudes o aspiraciones ya no encuentran eco; o porque su partido ha perdido completamente el rumbo.

Lo revelador no es la salida, sino la reacción

En lugar de revisar estructuras, escuchar críticas o reconocer errores, optan por el camino más corto: convertir la autocrítica en ataque, y la pérdida en traición. Esa actitud exhibe su incapacidad para retener, negociar o prevenir el desgaste, y al ponderar únicamente su supervivencia, terminan por menospreciar a su militancia.

¿Y Morena?

El caso de Morena es ilustrativo porque ha sabido capitalizar las fugas de otros partidos, incorporando liderazgos que, aun con contradicciones, han contribuido a transformarlo en una fuerza de mayoría nacional. ¿Se le puede cuestionar su amplitud ideológica? Tal vez sí. Pero acusarlo de prácticas que otros partidos han usado durante décadas suena más a doble moral que a argumento político. Señalar a Morena solo evidencia la incapacidad ajena para evitar esas deserciones.

¿A quién le habla hoy la oposición?

Esa es la pregunta clave. Mientras desacreditan a quienes se van, los partidos opositores pierden la oportunidad de redefinirse, conectar con nuevos sectores y construir un proyecto que convoque en lugar de excluir. Aferrarse a la pureza partidista en tiempos de pragmatismo suena más a nostalgia que a estrategia.

En el fondo, las fugas y las sumas políticas son expresiones naturales de un sistema en transformación. Atacarlas solo deja ver una herida más profunda exhibiendo que han perdido a quienes sí importaban y no supieron cómo evitarlo.

Cuando la suma resta
El ocaso estratégico del PRI y el PAN.

En el México contemporáneo, partidos tradicionales como el PRI y el PAN enfrentan una dolorosa paradoja: ya no logran sumar políticamente, aunque se sigan aliando en membretes de ocasión. El problema es que esas alianzas no nacen de una visión compartida de país, sino de intereses personalísimos de sus dirigencias, más preocupadas por cuotas de poder que por construir una alternativa real.

Esas coaliciones son percibidas por amplios sectores sociales como recicladas, incongruentes y vacías de propuesta. No hay narrativa que convoque, ni oferta que entusiasme. Cuando la alianza se convierte en refugio de élites desplazadas, el rechazo social es inevitable. La elección de 2024 lo evidenció con claridad: PRI y PAN prácticamente fueron barridos, y el PRD desapareció.

Incluso dentro del PAN, voces internas han calificado la alianza con el PRI como un “error histórico” que diluyó su identidad. Hoy, encuestas muestran que partidos como Movimiento Ciudadano ya superan al PRI y al PAN en intención de voto, algo impensable hace apenas unos años.

La ciudadanía no castiga las alianzas por sí mismas; lo que castiga es la falta de autenticidad y visión. Pactos de supervivencia entre cúpulas, sin conexión con causas sociales, reciben el descrédito… y la irrelevancia.

Cuando la suma es estrategia, y la pérdida es ceguera

Morena no solo ha sumado cuadros: ha sumado contexto. Ha leído el momento político con más agudeza que sus opositores. Mientras PRI y PAN siguen atrapados en un bucle de negación y nostalgia, Morena ha sabido capitalizar la desconexión social y la falta de estrategia real de sus adversarios.

A diferencia de quienes aún actúan como si tuvieran el poder garantizado, Morena ha comprendido que en la ausencia de representatividad hay oportunidad. Ha ocupado ese espacio con una narrativa de cercanía, renovación y amplitud. ¿Ideal? Tal vez no para unos. Pero muy eficaz, sin duda.

Morena ilustra la mutación de una democracia en disputa: el desgaste institucional del viejo régimen y el ascenso del pragmatismo como nueva lógica dominante.

Quienes aún creen que las lealtades se imponen con disciplina, recursos o discursos vacíos, no han entendido que hoy la política ya no se gana desde el poder, sino desde la capacidad de conectar con las bases, con las causas sociales y con la emoción ciudadana.

Hoy se acusa a Morena por saber sumar. Pero, en realidad, lo que se desnuda es la incapacidad de otros para retener.

Porque en política…

La suma no empieza con la adición, sino con la pertenencia. La suma es una estrategia que reconoce que los mexicanos somos los mismos, y que a esos mismos hay que convocarlos, no dividirlos.