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domingo, marzo 15, 2026
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Un vendedor de silencio y de mentiras

SERGIO ARMANDO López-Castillo

Isabel Miranda de Wallace, falleció a los 73 años de edad, y en su momento, se difundió que murió en el hospital ABC de la Cd. De México.

Empero, eso jamás coincidió con su acta de defunción, ya que después de complicaciones derivadas de una operación a la que fue sometida, y tras varios días hospitalizada, su deceso fue confirmado tiempo después, el sábado 8 de marzo de 2025.

La “Señora Wallace”, Isabel Miranda, fue una “activista” mexicana y presidenta de la asociación civil “Alto al Secuestro”, a quien, con el paso de los años, se le catalogó como una especie de impostora de esas actividades altruistas.

Se le vio como una figura pública “prominente” en México, conocida por su “lucha” contra el secuestro y por recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2010.

Sin embargo, también ha sido objeto de controversia y acusaciones de fabricar pruebas y manipular el caso de su hijo, Hugo Alberto Wallace, de quien, se denunció su secuestro en 2005.

Este caso suigéneris, me trae a la mente, cuando hace mucho tiempo en la radio y la TV, hombres del micrófono como José “Pepe” Alameda y Paco Malgesto, describían con florituras, la carnicería que ocurría en el ruedo de la Plaza México, en algún domingo de fiesta “brava”, cuando las corridas de toros se transmitían por televisión y las imágenes de la masacre contra los toros, la veían hasta los niños.

¿Qué maldad había en eso? Se podría decir, que ninguna. En México dominaba la cultura gachupina y se veía por todas partes a la gente que, sabiendo o no de la fiesta de la tauromaquia, simulaba pases de pecho, de costado, chicuelinas y feroces estocadas.

A los más famosos “sicarios” de toros, se les distinguía del resto de la humanidad, llamándolos “Los Señores del Capote”, y se les lloraba cuando se cortaban la coleta, lo que era sinónimo de que se retiraban.

En nuestro país, hay varios personajes del periodismo, a los que se les elevó, al rango de “señorones del periodismo”, aunque en la realidad y en el fondo de las cosas, no son más que mercenarios y unos profesionales vendedores de silencio y de mentiras, de los cuales, también existen en cualquier localidad o entidad federativa.

De entre tantos sobresale uno: Ciro Gómez Leyva, en razón de su  necedad y su terquedad, por torcer la verdad y vender caro su silencio y sus mentiras.

La vieja idea de algunos, sobre que la prensa se combate con la prensa, tal vez fue verdad en otras partes de mundo, en México no, porque aquí, la prensa camina hacia donde el dedo del amo le indica.

Aunque es muy difícil parar la enfermedad de la mentira, que está matando al periodismo, pues parece que a los muchos colegas mismos no les interesa, nuestra labor periodística ha sido la de colocar un dique construido con esfuerzos, lo más posible apegados a la verdad, y gracias a los lectores, creemos que han conseguido resultados positivos, gracias a las “benditas redes sociales”.

“Si ladran muchos perros, es porque hemos andado cabalgando en esa ruta, por 40 años”, y algo causa eso, de dolor, por las pequeñas, pero constantes dosis de verdad, que hemos vertido.

A Ciro Gómez Leyva, mucha gente lo escucha y lo ve, sin duda. Pues a toda esa gente, le gusta la parte mentirosa de las historias que narra cada día sobre cualquier tema ¿Qué dijo la presidenta Claudia Sheibnbaum? No importa, Ciro siempre tiene otros datos.

Este hombrecillo simulador y manipulador de la realidad, se le puede comparar fácilmente con un perro Pitbull, porque cuando atrapa una presa, no la suelta durante mucho tiempo, y en este tenor, me culpo por hacer lo mismo en Chihuahua, aunque con muy distintos objetivos de los de él.

Por ejemplo, su animadversión al expresidente López-Obrador, Gómez Leyva tomó la defensa de la señora Isabel Miranda de Wallace, misma a quien se le demostró, que era una empresaria de la publicidad arbitraria, una patrona abusiva, y aun así, Ciro “chayote loco”, la apoyó con todo, cuando aquella se fue a la yugular de Andrés Manuel.

En el 2006, la señora Miranda se valió de sobornos e influencias, para meterse al primer círculo de Felipe Calderón Hinojosa, estando éste en el poder, y consiguió que el michoacano (que estaba ávido de aprobación popular), le pusiera todo un cuerpo de agentes federales a su servicio.

Incluso, en ese momento, comisionó al mismo Genaro García Luna, a que se pusiera a las órdenes de la truculenta y voraz dama. La señora los llevaba por todo el país, allanando propiedades, secuestrando personas, torturándolas, inventándoles pruebas y encarcelándolas.

Años después, Isabel Miranda de Wallece, se mostró muy inquieta porque su amiga la ministra y luego Presidente de la SCJN, Norma Piña, le informó que ya no podía sostener por más tiempo, su mentira.

La señora se movió con celeridad, tocó muchas puertas, y todos le dijeron lo mismo: Su farsa teatral mentirosa, estaba a punto de caer.

La víctima principal de Miranda de Wallace (no indico su nombre para no continuar victimizándola), sobre la que la señora Miranda elucubró todo el caso contra los que, supuestamente, secuestraron y asesinaron a su hijo Alberto Wallace, había demostrado su inocencia y consiguió su libertad.

Ahora, la señora Isabel Miranda de Wallace, debería presentarse con su periodista favorito, Ciro Gómez Leyva, para responder a eso. Pero, la susodicha, poco antes, murió.

Todo estaba claro, diáfano, transparente, nada quedaba oculto, pero no para el necio mercenario Ciro Gómez Leyva.

Como para no dejar la nota, Gómez Leyva invitó al programa de Imagen, al hermano de la “difunta” Isabel Miranda, para que leyera una carta póstuma, de la mujer.

¿Qué escribió en la carta, la señora Miranda de Wallace? Que esos que la protegieron tantos años (2000 hasta 2018), de pronto se volvieron contra ella y la traicionaron. ¿Quiénes fueron?: Vicente Fox, Martha Sahagún, Felipe Calderón, Margarita Zavala, Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera “la gaviota”, Norma Piña y sus ministros, el PAN y el PRI.

Según el gesto adusto con que vistió Ciro Gómez Leyva su rostro, puede decirse que estaba más que satisfecho porque él, ya tenía el lado mentiroso de la verdad.

“Lo que escriba y diga, será la verdad”

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