Controversial…
El super-peso que incomoda
Ayer de arriba hacia abajo, hoy de abajo hacia arriba
Por: Raúl Sabido
El peso mexicano se fortalece como pocas veces en su historia reciente. Estable, con una apreciación inesperada, desafía pronósticos económicos tradicionales y descoloca a sectores conservadores que solían celebrar cada devaluación como oportunidad, cada crisis como “momento de ajuste” y cada alza del dólar como rentabilidad para unos cuantos.
Por qué el peso está fuerte y por qué incomoda
La respuesta está en factores técnicos, pero también en una narrativa en disputa. La política monetaria del Banco de México ha mantenido tasas altas para contener la inflación y atraer inversión extranjera. Aunque criticado por algunos sectores productivos, este enfoque ha generado disciplina financiera.
Además, las remesas alcanzaron un récord en 2024, superando los $63 mil millones de dólares, inyectando liquidez al mercado interno. El control fiscal, aunque con retos, ha evitado déficits desproporcionados. Pero esta estabilidad no proviene del viejo modelo neoliberal, al contrario: contradice su lógica. No hay devaluaciones inducidas para exportadores ni recortes sociales para tranquilizar mercados, como ocurría bajo gobiernos conservadores del PRIAN.
Hoy, el peso se fortalece pese a las predicciones conservadoras… y eso, evidentemente, incomoda.
¿Quién gana y quién pierde con el superpeso?
Entre los sectores beneficiados:
Importadores: Reducción de costos en insumos y tecnología. Deudores en dólares: Menor carga financiera. Turismo saliente: Mejor poder adquisitivo para los mexicanos que viajan. Empresas con gastos en dólares: Mayor eficiencia operativa. PEMEX por el abaratamiento de la importación de combustibles.
Entre los perjudicados:
Exportadores tradicionales: Menores ingresos por dólar recibido. Agroindustria exportadora: Reducción de márgenes por tipo de cambio. Receptores de remesas: Disminución del ingreso familiar en pesos. Turismo receptivo: México encarece para visitantes extranjeros. Corporaciones dolarizadas: Pérdida de rentabilidad automática. PEMEX porque recibe menos pesos por barril de petróleo.
El conflicto real radica en qué durante décadas, un peso débil fue útil para justificar políticas de contención social, alentar exportaciones y blindar ganancias en dólares. Mientras el salario mínimo se hundía frente al alza del dólar, las grandes fortunas crecían, se mermaba el consumo interno.
Hoy, esos sectores exigen un dólar más caro “para recuperar competitividad”, ignorando que ese ajuste encarecería alimentos, energía, transporte, servicios y afectaría a millones de familias. Se detonaría una escalada de precios que debilitaría el consumo y frenaría el mercado interno.
Lo que realmente les molesta no es el modelo económico actual, sino que los beneficios han dejado de concentrarse donde solían durante los gobiernos conservadores neoliberales del PRIAN.
¿Peso fuerte o amenaza al privilegio?
Un peso estable debería ser motivo de orgullo colectivo. Sin embargo, en los corredores financieros hay quienes piden un dólar a 27 pesos. No por el bien del país, sino porque eso restauraría esquemas y márgenes que han dejado de fluir.
John Maynard Keynes lo explicó mejor que nadie: “Los intereses creados nunca están tan interesados en el progreso como en mantener sus privilegios.”
México no debe ver el valor del peso como un logro aislado, pero tampoco debe permitir que viejos modelos de concentración económica saboteen una estabilidad que favorece al consumidor y fortalece el mercado interno. Para lograr una economía sólida se necesita más que una moneda fuerte: se requiere autonomía frente a discursos que entienden crecimiento solo como ganancia en dólares y ganancias especulativas.
El espejo de una política que empobreció a millones
El salario mínimo.
Desde 1988 hasta bien entrado el siglo XXI, el salario mínimo fue víctima de contención deliberada. Con el argumento de “evitar presiones inflacionarias”, los gobiernos conservadores neoliberales (PRI-PAN) mantuvieron su nivel por debajo de la subsistencia básica y humana,
Mientras el dólar subía y las élites empresariales acumulaban riqueza, el ingreso real del trabajador se desplomaba. En 1988, el salario diario rondaba los 8,000 pesos viejos (8 pesos nuevos tras la reforma). En 1994 apenas alcanzaba los 16.34 pesos diarios. Para el 2000, 40.35 pesos. Durante las administraciones PAN y PRI (2000–2018), los incrementos fueron simbólicos, lejos de compensar la inflación, con la pobreza les detonaba riqueza a las élites.
Esta política no fue accidental: favoreció a exportadores, a corporativos, a los grandes capitales especulativos dolarizados y a las élites internacionales. La paridad peso-dólar se manipulaba como herramienta de competitividad externa, sacrificando el poder adquisitivo nacional.
Así, el salario mínimo dejó de ser piso de dignidad y se convirtió en techo de miseria desde la primera devaluación de 1976 dando inicio al calvario de los trabajadores de México, se fueron empobreciendo y las élites se fueron enriqueciendo mas y mas en cada devaluación.
No fue sino hasta años recientes que comenzó a recuperarse. En 2018 era de 88.36 pesos diarios. En 2025, alcanza los 278.80 en el resto del país y 419.88 pesos en la Zona Fronteriza Norte. Esta mejora representa una corrección histórica y una ruptura con la lógica conservadora del PRIAN que consideraba el salario como variable de ajuste.
El salario mínimo es más que una cifra: es el termómetro moral del país. Y durante el conservadurismo neoliberal, ese termómetro marcaba fiebre de desigualdad.
Hoy, mientras algunos sectores claman por un dólar alto, es fundamental recordar que ese tipo de cambio iba de la mano con un salario que condenaba a millones a la pobreza laboral. El peso fuerte y el ingreso en recuperación incomodan a quienes lucraban con la debilidad estructural del país.
La realidad actual
Con ingresos laborales en ascenso, el mercado interno cobra nueva vida. El consumo se fortalece, la producción se dinamiza y las ganancias empresariales crecen sobre bases reales. Por primera vez en décadas, la riqueza fluye de abajo hacia arriba, impulsada por el trabajo y el poder adquisitivo ciudadano.
Esto contrasta con el modelo neoliberal de más de 30 años, donde la política favorecía la acumulación en la cima mientras asfixiaba el ingreso popular. Entonces, la riqueza caía desde lo alto como migajas. Hoy, se invierte ese círculo vicioso y eso incomoda a quienes lucraron por décadas con la precariedad ajena.
México hoy demuestra que sí es posible crecer sin empobrecer, distribuir sin desequilibrar y construir progreso desde abajo, no desde la cúspide
Estimación del mercado interno mexicano en 2024
PIB / 2024: $1.852 billones de dólares.
Mercado Interno/ 2024: de $1.39 a 1.48 billones de dólares.
Empleos formales/2025: 22.5 millones.
La informalidad representa el 51% de la fuerza laboral mexicana.
El mercado interno de México es uno de los más grandes y dinámicos de América Latina, y ocupa una posición destacada en el continente. México ha sido reconocido como la segunda economía más competitiva de América Latina, después de Chile, según el Foro Económico Mundial.
“Un dólar a 27 pesos no significaría más competitividad, sino más pobreza: encarecería la vida de millones, debilitaría el consumo, y despojaría al mercado interno de su fuerza y lo haría solo para restaurar privilegios que el país ya no puede permitirse”








