Colaboración de Juan de Dios Olivas
El ciclo de poco más de 20 años en los que los empresarios tiraron el dinero en Los Hoyos de El Chamizal y después en el ex Hipódromo y Galgódromo para el proyecto del Centro de Convenciones, entró por fin en una segunda etapa con la elección de un nuevo terreno por el que ahora sí tendrán que pagar por lo menos 2 hectáreas, ya que 4 las donó la empresaria Laura Zaragoza.
El Centro de Convenciones da la oportunidad a los sectores empresariales de replantear el modelo económico que se tiene para elevar el potencial que tiene la frontera y sobre todo asegurar una economía estable.
Por eso, el siguiente paso es, obviamente, terminarlo y, al mismo tiempo, como lo ha dicho en algún momento Thor Salayandía, buscar fortalecer la industria de proveedurías locales, incluso con la promulgación de una Ley de Proveedurías y fortalecer de manera privilegiada una industria propia.
Tambiuén como dicen otras voces, que el Centro de Convenciones no se convierta en un promotor exclusivo de naves industriales en arrendamiento y del modelo maquilador al que por décadas le han apostado en la ciudad y que, en periodos de recesión en los Estados Unidos o crisis como la que actualmente se vive, deja miles de desempleados en la frontera y sacude todas las ramas de la economía.
El mismo Salayandía ha hablado de ese efecto tras la pérdida de alrededor de 50 mil empleos en los últimos 18 meses: “Aquí en Juárez tenemos huevos en una sola canasta, en el sentido de que dependemos mucho de la industria maquiladora, no tenemos una economía diversificada; así está México si lo ves en lo macro; me refiero a que nuestro principal socio comercial es Estados Unidos. No hemos desarrollado otros países a quienes exportar productos mexicanos y la principal razón es porque no hay las suficientes empresas mexicanas”, puntualizaba en alguna ocasión.
La aportación de recursos públicos al proyecto le da derecho a todos los sectores sociales de Ciudad Juárez de opinar aunque no serán tomados en cuenta por el Fideicomiso que ha guiado errante el proyecto por dos décadas. No es un tema vetado, ni mucho menos un dogma; es un tema obligado frente a la apuesta también del Gobierno de Claudia Sheinbaum de impulsar un polo de desarrollo en San Jerónimo que seguramente traerá muchas aristas y nuevamente el análisis sobre el rumbo económico que debe tomar la frontera.
De hecho, en el acto donde ayer se presentó el acuerdo para la firma de la carta-compromiso para la donación del terreno que se ubica en la Prolongación Tomás Fernández, la misma gobernadora Maru Campos fue incluyente al afirmar que la iniciativa debe impulsar el desarrollo económico de la región y afirmó que este proyecto es símbolo de la iniciativa y la unidad que forjan juntos Gobierno, sector productivo y sociedad civil organizada.








