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lunes, marzo 16, 2026
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Cruz Pérez Cuéllar: ¿entre la estrategia política y la antipolítica real?

 Eduardo Aredondo

Si algo distingue a la política local —y especialmente a Cruz Pérez Cuéllar— es su marcado carácter dramático. Desde acusaciones de campañas negras hasta rituales simbólicos de poder, cada acto del alcalde y aspirante genera una ráfaga de titulares y desencuentros.

El pulso político al rojo vivo

A mediados de 2025, Pérez Cuéllar no dudó en señalar directamente a Marco Bonilla como el artífice de una “guerra sucia” en su contra, supuestamente orquestada durante su ausencia por asuntos personales. Sus palabras —”Esto viene de Marco Bonilla, completamente”— no solo reflejaron un sentimiento de persecución política, sino también la certeza de que la carrera por la gubernatura ya está encendida, aunque falten dos años para la elección.

Encuestas, medios y credibilidad

En este ambiente de tensión, donde se blindan encuestas y se tejen alianzas, el poder comienza a disputarse más con apellidos que con propuestas. La aparición de resultados favorables a Pérez Cuéllar en medios digitales de dudosa procedencia debilita la credibilidad de los ejercicios de opinión pública

Entre el gobierno municipal y el posicionamiento partidista

La delgada línea entre gestión pública y posicionamiento político se difumina cuando el alcalde participa en eventos como la entrega de la Columna de Plata a periodistas, donde exaltó la vocación de la prensa juarense. En otros tiempos, ese acto habría transmitido institucionalidad; hoy, parece parte de una narrativa autorreforzante que alimenta su imagen aspiracional.

Al interior de Morena, intenta proyectar condiciones de “piso parejo” para la contienda interna por la gubernatura. Pero el escepticismo crece: pronto se sabrá si esas palabras son genuinas o parte de una estrategia para contener a otras figuras como Andrea Chávez o Juan Carlos Loera.

Performance, crítica y mensaje público

Fiel al estilo de la vieja escuela de la política de columnas, Pérez Cuéllar ha logrado convertir su narrativa en una marca: denuncia campañas sucias, señala escándalos ajenos, exhibe divisiones internas en su partido… mientras proyecta su propia imagen de integridad.

La política, más que con programas, se construye hoy con símbolos. Y él lo entiende.

Pero no todos compran el relato. En foros y redes, resuenan comentarios crudos que lo retratan de otra forma:

“Pasa lo mismo en a la capital del estado de Chihuahua  con Pérez Cuéllar, solo se andan midiendo a ver quién tiene más grande la publicidad.”

“Es altamente improbable, Cuéllar arrastra el apoyo popular de Cd. Juárez… la victoria de Pérez Cuéllar es inminente.”

Estas voces reflejan el dilema actual: la política ya no se mide solo en acciones, sino en visibilidad. ¿Quién se ve más fuerte, más presente, más inevitable?

¿Gestor, promotor o aspirante?

Cruz Pérez Cuéllar aparece como un político que ha gestionado su imagen tanto como su administración. Pero esa omnipresencia —de conferencias a eventos públicos— proyecta más a un candidato en campaña que a un gestor centrado en resultados.

La pregunta queda en el aire:
¿Está gobernando para Juárez o para consolidar su candidatura?

En el vertiginoso escenario político de Chihuahua, ambas tareas suelen transitar por carriles paralelos. Mientras tanto, ciudadanos y simpatizantes siguen cada paso con atención quirúrgica, evaluando no solo lo que hace, sino cómo se muestra.