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domingo, marzo 15, 2026
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La continuidad que incomoda

Controversial…

La continuidad que incomoda
El poder del trabajo político en equipo que trasciende

Por: Raul Sabido

En México, los proyectos políticos solían nacer y morir al ritmo de los sexenios. Se reinventaban cada seis años, la oferta política era una y la acción ejecutada era otra, se maquillan para la coyuntura, y se olvidaban de que transformar un país no es una carrera de velocidad. Morena, sin embargo, rompe ese molde. No es un partido improvisado ni una plataforma electoral de ocasión. Es el resultado de décadas de trabajo territorial, de formación política, de lucha social. Es el fruto de liderazgos y equipos de trabajo que se forjaron desde jóvenes, con convicción, con visión, con calle, con pueblo.

¿Por qué los opositores no entienden?

Los opositores a la Cuarta Transformación no comprenden, o se niegan a aceptar, lo que significa construir un verdadero liderazgo orgánico. Están acostumbrados a figuras creadas en laboratorios mediáticos e imposiciones, a candidatos que solo responden a intereses empresariales, a operadores políticos sin arraigo. No entienden que un liderazgo como el que dio origen a Morena no se impone: se gana. Se construye con presencia, con coherencia, formando historia que lo respalde.

Por eso les cuesta tanto entender que Claudia Sheinbaum no es una figura decorativa ni una sucesora por conveniencia. Es parte de un equipo que ha trabajado durante décadas por una transformación profunda de México.

Pretender que la presidenta se aleje del líder fundador de Morena es querer romper la continuidad que da sentido a la lucha, es querer buscar implosionar al movimiento de la 4T, es intentar parar el proyecto de transformación del país para retornar al pasado.

El valor del trabajo en equipo a lo largo del tiempo

La 4T no es una ocurrencia sexenal. Es un proyecto de nación que se ha ido consolidando con trabajo colectivo, con disciplina política, con una visión compartida que trasciende los egos personales. Los opositores, atrapados en la lógica del caudillismo efímero, no logran ver que la continuidad no es sumisión, sino coherencia. Que el trabajo en equipo no es debilidad, sino fortaleza.

Mientras los opositores se reacomodan cada seis años, Morena construye sobre lo ya avanzado. No parte de cero. No improvisa. No traiciona.

Lealtad como virtud política

Los opositores desprecian la lealtad porque nunca han tenido un proyecto que los trascienda. La confunden con sumisión, y por eso prefieren el oportunismo. Pero en Morena, la lealtad no es obediencia ciega: es compromiso con una causa. Es saber que el poder no se usa para beneficio personal, sino para consolidar un modelo de país más justo, más soberano, más digno.

Esa lealtad es la que permite que el proyecto político no se diluya en cada sexenio, sino que se fortalezca. Es la que garantiza que la transformación no sea flor de un sexenio, sino raíz de una nueva era.

La lealtad del pueblo se manifiesta en las urnas
Y otorga legitimidad

Los liderazgos de Morena han pedido al pueblo su confianza, y el pueblo la ha otorgado con contundencia en las urnas. No una vez, sino de forma reiterada. Ese respaldo electoral no es casualidad: es reconocimiento. Es la expresión democrática de un pueblo que sabe decidir quién lo representa, sabe quién lo escucha, y sabe quién lo defiende, quien lo integra y quien le cumple.

Los opositores no entienden este vínculo porque desprecian al pueblo. Lo ven como masa manipulable, no como sujeto histórico. Por eso vituperan a quien reconoce al pueblo como poder supremo. Les incomoda que el pueblo decida, que el pueblo elija, que el pueblo mande. Les incomoda que la legitimidad no venga de las élites, sino de la base.

Ataques sin proyecto: el recurso del desprecio

Al no entender de lealtades, ni de formación política, ni de proyectos transexenales que implican continuidad, los opositores han optado por el camino más bajo: golpear a la familia del líder fundador de Morena. Han intentado demeritar a su esposa, a sus hijos, creyendo que con ello pueden desbaratar el movimiento que se ha construido con el respaldo del pueblo.

Pero se equivocan. Porque la verdad siempre sale. Y esa verdad los ha apaleado y exhibido. No logran comprender que el pueblo distingue entre ataques mediáticos y convicciones profundas. Se resisten a aceptar los opositores que la fuerza de un proyecto político no se mide por los escándalos que inventan, sino por la legitimidad que se gana en las urnas y en la calle.

Continuidad como legado

Los opositores no entienden lo que significa la continuidad porque nunca la han practicado. Su historia está marcada por rupturas, traiciones, reacomodos. Hablan de “Maximato” por su propia historia y nunca fue un verdadero liderazgo, lo que, si fue, en su historia, fue un intento de control político transexenal, pero lo que si han tenido son operadores electorales, no líderes sociales, han tenido controladores remunerados de segmentos de colonias, pero no líderes comprometidos. Morena, en cambio, tiene una narrativa histórica, una base popular, una legitimidad construida por los líderes desde el territorio. Y eso no se borra con campañas mediáticas ni con discursos vacíos.

La continuidad no es una amenaza: es una promesa

Es la garantía de que el proyecto de nación seguirá avanzando, con nuevos rostros, pero con la misma convicción. Es la certeza de que el pueblo no será traicionado.

La Cuarta Transformación está cimentada en principios, en valores, en convicciones, en visiones que han sido convertidas en proyecto de nación. No es una narrativa personalista, ni una eventual estrategia electoral, es una oferta política clara, con objetivos definidos y procesos institucionales para alcanzarlos. Las reformas constitucionales impulsadas durante este periodo no son adornos legislativos, son herramientas concretas para garantizar derechos, redistribuir el poder y consolidar un nuevo pacto social.

Las narrativas opositoras sin fundamento
Con sustento no tienen nada, sin sustento tienen su perversidad

Los ataques sistemáticos contra la familia del expresidente López Obrador no son más que el reflejo de una derecha carente de argumentos, sin herramientas legítimas ni sustento ético para confrontar el proyecto de transformación. Incapaces de debatir principios, recurren a la difamación.

Exhiben una creatividad perniciosa para fabricar narrativas que, aunque saben que pueden ser desmentidas, no les importa. Porque el desmentido, lejos de detenerlos, les sirve para amplificar la perversidad, sembrar sospechas y seguir buscando minar la credibilidad de quienes sí la han ganado en las urnas y construyendo la historia de este país.

La aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum, que se sitúa entre el 75% y el 85%, no es simplemente una cifra destacada, es una declaración rotunda del respaldo popular y una señal inequívoca del colapso narrativo de la derecha conservadora. Esta aceptación masiva no deja espacio para ambigüedades; representa una derrota simbólica y estratégica para quienes han intentado posicionarse como alternativa, pero han fracasado en conectar con las demandas reales de la ciudadanía.

El mensaje es claro, la sociedad ha tomado postura, y lo ha hecho con fuerza.