Controversial…
¿Quién es Lilly Téllez García?
De la izquierda progresista a la ultra derecha conservadora.
De voz crítica del panismo a portavoz institucional del partido.
Por: Raúl Sabido
Cuando la lengua corre más rápido que el cerebro
Tener la boquifloja y el cerebro desconectado de la lengua no es solo un defecto personal, es el síntoma perfecto del pensamiento político que representa Lilly Téllez. Su carrera, marcada por severas contradicciones, lealtades mediáticas, traiciones y una retórica sin filtro, revela cómo el protagonismo ha desplazado a la coherencia, y cómo su participación en el Senado lo ha convertido en un escenario más de espectáculo que de servicio público.
Si la política mexicana fuera una telenovela, Lilly Téllez sería ese personaje que aparece en cada capítulo con un nuevo disfraz, una nueva alianza y una nueva contradicción. Periodista de formación, senadora por accidente, y protagonista de escándalos por vocación, su carrera es un catálogo de incoherencias que desafía toda lógica partidista.
De los reflectores al Senado
¿Mérito o casting?
Lilly Téllez saltó del set de TV Azteca al Senado en 2018, no por trayectoria política ni por militancia, sino por una invitación directa de Andrés Manuel López Obrador quien se convirtió en su verdadero padrino político. Morena la colocó como candidata en la fórmula con Alfonso Durazo, y gracias al arrastre presidencial, ganaron con el 46.94% de los votos. ¿Su mérito? Haber sido una periodista con fama de “incómoda”, aunque más conocida por sus desplantes que por sus investigaciones.
Su entrada a TV Azteca se dio hace más de 25 años, mediante un casting para mujeres periodistas. Desde entonces, construyó una relación muy cercana con el dueño de la televisora, Ricardo Salinas Pliego, quien públicamente le ha agradecido por “todos estos años” de trabajo. Esta cercanía ha sido motivo de sospechas sobre su independencia política, especialmente cuando en el Senado se le ha acusado de seguir instrucciones del magnate, se le conoce como la vocera informal (¿) de Salinas Pliego.
La verdadera razón de su berrinche con Morena
La realidad que oculta.
Lilly Téllez abandonó Morena tras no lograr obtener la candidatura al gobierno de Sonora que, según ella, le correspondía como retribución por haber sido parte de la fórmula con Alfonso Durazo al Senado. Al no recibir el respaldo del presidente López Obrador y ver que el partido se inclinaba por Durazo, reaccionó con desdén: rompió con Morena, lanzó ataques personales contra el presidente y emprendió una campaña de victimización. Con un discurso adornado de agravios, intentó presentarse como mártir política, mientras denigraba al movimiento que inicialmente la impulsó.
Ideología en seria duda
¿Dónde está el norte?
En menos de dos años, Téllez rompió con Morena alegando “diferencias irreconciliables”. Lo curioso es que esas “diferencias” no le impidieron aceptar la candidatura por Morena en 2017. En 2020, se unió al PAN, el partido que antes severamente criticaba, y en 2024 volvió a competir por Sonora… esta vez en fórmula con Manlio Fabio Beltrones, ícono del viejo PRI. ¿Convicciones? Más bien parece que su brújula ideológica solo apunta al reflector más cercano que le brinde oportunidad.
Derrota maquillada consolada con Senadora por minoría
Con la misma ley que criticó la mayoría de Morena llegó al Senado.
En 2024, la fórmula PAN–PRI–PRD con Téllez y Beltrones fue derrotada por Morena en Sonora. Pero gracias al sistema de primera minoría, logró colarse de nuevo al Senado. Es decir, no ganó… pero igual entró. Como quien pierde el concurso, pero se lleva el premio de consolación. Y, aun así, se presenta como “voz de las mayorías silenciadas”. Ironía pura.
Declaraciones que cruzan la línea
La desconexión cerebral.
Entre sus momentos más polémicos está su llamado a Estados Unidos para intervenir en México contra los cárteles, dos veces lo ha hecho en menos de una semana. Lo hizo en dos entrevistas con Fox News, elogiando la postura de Donald Trump. ¿Soberanía nacional? Bien, gracias. Fue acusada de traición por figuras de Morena, aunque ella se escudó en la “libertad de expresión”. Lo cierto es que pocos políticos mexicanos han pedido ayuda extranjera con tanta soltura y en público, algunos liderazgos del PRI se han deslindado por completo de ella, Moreira el principal.
¿Senadora o vocera corporativa?
Y por si quedaban dudas sobre su lealtad mediática, en 2025 salió en defensa de Ricardo Salinas Pliego y promovió Banco Azteca en redes sociales, justo cuando el banco enfrentaba críticas y demandas por censura a periodistas.
En este contexto se refuerza la gravedad del momento, mientras Salinas Pliego era acusado de silenciar voces críticas, Lilly Téllez, en lugar de defender la libertad de prensa, se posicionó del lado del empresario. Esto contradice su pasado como periodista y pone en duda su compromiso con los derechos fundamentales, los mismos con los que hoy pretende justificar sus dichos. Derechos para mí, para los demás no.
¿Valentía u obediencia?
En el PAN la celebran como una “mujer valiente”, pero lo que hay detrás de Lilly Téllez no es coraje y mucho menos valentía, sino pura y estricta conveniencia. Sus gritos y reclamos no nacen de convicciones profundas, sino provienen de una línea editorial que se le dicta desde la misma televisora que la catapultó. No desafía al poder simplemente lo reproduce y engrandece con disciplina. Su papel político no es el de una voz incómoda, sino el de una actriz bien entrenada que interpreta el guion que le garantiza pantalla, respaldo y fuero. Llamarle valiente es un insulto a quienes sí se enfrentan al sistema sin micrófonos ni padrinos.
¿Y su trabajo legislativo?
Más allá de sus tuits incendiarios y sus apariciones en medios, ¿qué ha hecho Lilly Téllez en el Senado? Su historial legislativo es tan escueto como su coherencia ideológica. Pocas iniciativas, muchas ausencias, y la constante es el protagonismo ofensivo. Su carrera parece más diseñada para “trading topics” que para reformas estructurales.
¿Candidata en 2027?
Morena estaría de júbilo.
El PAN la perfila como posible candidata a la gubernatura de Sonora en 2027. Porque en México, perder elecciones y cambiar de partido es suficiente para aspirar a gobernar un estado que saben no van a ganar. ¿Experiencia administrativa? Nula. ¿Raíz partidista? Cambiante. ¿Popularidad? Solo en ciertos círculos mediáticos. Pero en tiempos donde la política se quiere medir en likes, Lilly Téllez sabe cómo jugar el juego de esa ficción mediática.








