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miércoles, marzo 18, 2026
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30 de agosto: Día internacional de las personas desaparecidas

Luz Estela “Lucha” Castro
Raquel y las buscadoras: una relectura del Evangelio de Mateo 2
El Evangelio nos cuenta que, cuando nació Jesús, la violencia del poder se desató contra los más pequeños. Herodes, cegado por el miedo y el deseo de conservar el trono, mandó matar a los niños de Belén. En medio de esa oscuridad, la Escritura recuerda el llanto de Raquel:
«Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel lloraba por sus hijos y no quería ser consolada, porque ya no existían» (Mt 2,18).
Raquel no quiso callar. No aceptó un consuelo que fuera olvido. Ella gritó, y su grito atravesó los siglos. Ese llanto se ha hecho carne en las abuelas, madres, hermanas, esposas, tías e hijas que hoy buscan a quienes les fueron arrebatados. Como Raquel, no aceptan que les digan que se resignen. Su clamor se transforma en resistencia, en memoria que se niega a morir.
Porque nadie desaparece si su nombre sigue pronunciándose.
El 30 de agosto, Día Internacional de las Personas Desaparecidas, somos el eco de Raquel que sigue vibrando en las voces de las mujeres que buscan, que con sus manos arañan la tierra, que en sus pechos portan las fotografías de sus seres queridos, y que construyen antimonumentos con los nombres y las historias de sus familiares. Se apropian del espacio público para levantar una memoria colectiva de resistencia.
La exigencia de las buscadoras es el derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición. Por eso, en cada madre buscadora se encarna la fuerza de Raquel: un amor indomable que resiste al olvido y sostiene la esperanza.
Hoy acompañamos a quienes siguen caminando con el rostro de sus seres queridos en el corazón. Sus nombres pronunciados nos recuerdan que nadie desaparece del todo mientras el amor y la memoria sigan vivos.