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sábado, marzo 14, 2026
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Las raterías bancarias

Controversial …

Las raterías bancarias
El asalto silencioso de los bancos

Por: Raúl Sabido

En México, la modernización del sistema financiero ha traído consigo una paradoja cruel: mientras se presume eficiencia digital, se ha desdibujado el rostro humano de la banca. Hoy, los adultos mayores, obligados a incorporarse a un sistema que no comprenden del todo, se enfrentan a un enemigo invisible, sofisticado y despiadado: el fraude bancario institucionalizado.

Víctimas silentes en un sistema sin rostro:

Los adultos mayores, muchos de ellos sin formación digital, fueron empujados al uso de aplicaciones móviles, claves dinámicas y plataformas que no entienden. En este nuevo ecosistema, el reclamo cara a cara ha desaparecido. Hoy, el cliente habla con un guion telefónico, no con una persona. Y si el guion no contempla su caso, simplemente no existe solución.

Caso BANORTE:
El fraude disfrazado de operación legítima.

Un adulto mayor con cuenta en Banorte vivió una pesadilla que ilustra la vulnerabilidad ante el sistema. Su cuenta tenía dos componentes: una de débito y otra de inversión. Para pagar con su tarjeta, realizaba traspasos desde la inversión a la de débito, siguiendo todos los protocolos de seguridad que el mismo banco establece.

Un día, la aplicación le notificó tres traspasos seguidos que él no había realizado. Minutos después, tres cargos idénticos a los traspasos aparecieron en su tarjeta de débito. Al día siguiente, la historia se repitió aún y cuando había cambiado de tarjeta de débito. El banco, en lugar de investigar, se limitó a decir que era “imposible” que alguien pudiera hacer traspasos desde la cuenta de inversión. Pero los hechos lo contradicen.

¿Quienes tienen la información para poder acceder a las cuentas?….. fuera del cliente solo los mismos empleados de Banorte que operan el sistema y vaya que tienen fama publica de defraudación a cuenta habientes.

Se canceló la tarjeta, se emitió una nueva con claves distintas, y al día siguiente… otra vez los mismos cargos de la misma empresa. Cuatro reclamaciones después, Banorte se deslindó por completo. ¿El beneficiario de los cargos? Una empresa llamada Móvil Icoca, dedicada a la movilidad en Japón. Los cargos fueron en moneda japonesa. Al buscar la empresa en internet se encontró que Las ICOCA son tarjetas electrónicas que permiten viajar en tren sin necesidad de comprar billetes y la tarjeta ICOCA, cuyo proveedor es JR West, puede usarse para los trenes JR de las regiones de Hiroshima, Kioto, Osaka y Okayama en Japón.

¿Cómo se hicieron los traspasos desde la cuenta de inversión? Solo hay una explicación: complicidad interna. Nadie externo puede acceder a esos fondos sin intervención desde dentro del banco, los empleados de Banorte.

Reclamos sin rostro, justicia sin voz:

Este caso no es aislado. En México, el sistema de atención bancaria ha sido deshumanizado. No hay oficinas que atiendan fraudes. No hay ejecutivos que escuchen. Solo hay pantallas, bots y guiones. Y si el fraude no encaja en el libreto, el cliente queda fuera del sistema.

“Si quisiera usted tiene la opción de la CONDUSEF ya que ahí algunas veces ayudan a los usuarios a recuperar su dinero” le dijeron y cerraron totalmente la oportunidad de reposición del dinero tomado de sus cuentas.

El cajero SANTANDER:
Un fraude maquinado y con alevosía.

En un país donde la pensión representa un derecho constitucional y no solo un ingreso, sino que representa la dignidad de quien ha trabajado toda su vida, perderla en un cajero automático es más que un incidente: es una afrenta. Y cuando el banco responsable se deslinda, el agravio se convierte en un atraco.

Una adulta mayor, beneficiaria del programa Bienestar, acudió a un cajero automático de Santander para retirar su pensión. Introdujo su tarjeta, digitó su clave, solicitó el monto y aceptó el cargo por la comisión y el cajero simplemente no entregó el dinero, y si desapareció su saldo de su tarjeta del Bienestar.

No hubo error en la operación. No hubo cancelación. Solo un silencio mecánico y una pantalla que indicaba “no puedo atender tu solicitud por el momento” al final de todo el protocolo del cajero.

Desconcertada, acudió a la sucursal. Ahí comenzó el laberinto burocrático. “Tiene que llamar por teléfono”, le dijeron. Llamó y en respuesta le informan “Como su tarjeta es Bienestar, no podemos atenderla. Vaya con su banco emisor”. Pero el dinero lo retuvo el cajero de Santander. ¿Quién responde entonces?

La adulta mayor fue enviada de un banco a otro, de una línea telefónica a otra, sin que nadie asumiera responsabilidad. Santander, dueño del cajero, se lavó las manos. Bienestar, emisor de la tarjeta, dijo que debía esperar la conciliación y eso llevaría de una semana a tres meses. Mientras tanto, la pensión desapareció. Y con ella, la posibilidad de comprar medicamentos, alimentos, o simplemente vivir con tranquilidad.

El banco Bienestar le informa a la adulta mayor que Santander ya no tiene contrato con Bienestar y que ya no se debe utilizar la tarjeta en ningún cajero automático de cualquier otro banco que no sea Bienestar, ni en comercios porque los contratos están vencidos desde hace más de un mes y medio.

Ante esa respuesta del banco emisor cabe preguntarse: ¿si Santander ya lo sabía porque aceptó la tarjeta en sus cajeros? y desde el inicio del proceso debió de haberla rechazado pero no lo hizo así, aceptó la tarjeta, llevo a cabo todo el proceso y no entregó al final el dinero siendo esto un acto premeditado y abusivo sabiéndose impunes.

El ciclo de impunidad:

Este caso no es aislado. En México, los cajeros automáticos se han convertido en puntos ciegos de la justicia financiera. Cuando fallan, no hay protocolo claro. No hay revisión de video. No hay atención presencial. Solo hay evasivas.

La digitalización, lejos de ser una herramienta de inclusión, se ha convertido en un muro para los adultos mayores. No tienen acceso a apps la gran mayoría y no entienden los procesos, no cuentan con canales humanos que los escuchen. El sistema está diseñado para excluirlos y abusar de ellos con toda impunidad, los bancos saben que los adultos mayores son vulnerables y pulverizados para reclamar y carentes de peso para ser escuchados.

¿Quién protege a los que no pueden defenderse?

La CONDUSEF y solo con voluntad, no tiene dientes para obligar a los bancos a responder con celeridad. Las conciliaciones tardan semanas o meses. Los bancos se escudan en tecnicismos y los adultos mayores, mientras tanto, viven con la angustia de haber perdido lo poco que tienen.

Este caso de Santander como el de Banorte, revela una verdad incómoda: los bancos en México operan con una lógica de impunidad, especialmente cuando se trata de los más vulnerables. Y si el sistema no cambia, las raterías bancarias seguirán siendo el robo perfecto: sin rostro, sin huellas, y sin justicia y jodiendo a los más vulnerables porque su capacidad de defensa es nula y su inconformidad está pulverizada.

La digitalización es un muro de abuso y defensa de los bancos y les otorga la seguridad de actuar con total impunidad, las leyes y el sistema está para ser protegidos.

Infinidad de casos existen, tal vez por miles, que están ocultos por lo silente de su peso como ciudadanos.

¿Cuánto genera de ganancias este tipo de fraudes a los bancos?