SERGIO ARMANDO López- Castillo
Su nombre saltó una vez más a la palestra, hoy en tiempos recientes, gracias al desbocado alcalde de nuestra capital, Marco Bonilla, y a su muy buena obra polideportiva, al norte de la ciudad.
Panista de cepa, de los tradicionales, que se volviera concertacesionista en el sexenio de Carlos Salinas, pero que sin embargo, jamás abrazó al temido Yunque, tampoco se mezcló mucho con el neopanismo cínico y corrupto, que lo hay, hoy más que nunca.
El hoy ausente político, surgió a la fama política desde muy joven, con las ideas y convicciones de aquél amigo suyo, otro panista de hueso azul, don Guillermo Prieto Luján “el bananas” del PAN.
No obstante su nombre trascendió a la pasarela política cuando fue candidato presidencial en 1958, contra el carismático priísta de antaño, Adolfo López Mateos.
Eran los tiempos de la oposición a ultranza panista. No eran gobierno, ni de chiste…
Aun así, don Luis Héctor Álvarez persistió en la lucha democrática que vino a fructificar a principio de los ochenta. Entonces la geografía y el conglomerado político había cambiado: “Vota por el Cambio” fue uno de los gritos de guerra albiazul que hicieron mella en el votante chihuahuense de entonces.
Como laboratorio político-electoral, don Luis –como es conocido entre propios y extraños- se convirtió en uno de los principales impulsores de Chihuahua-estado, como la entidad avanzada en abrir al presidencialismo mexicano y al PRI-gobierno, hacia la democracia reconocida, aunque insipiente.
Originario de Camargo, Chihuahua, Álvarez había logrado un sueño para la beligerante militancia panista de aquella histórica década: se convirtió en el primer alcalde de Acción Nacional en la capital de la entidad (1983-1986)
No habían sido en vano los plantones, las consignas, las marchas, las tomas de estaciones de radio y periódicos “oficialistas”, ni la naciente, apenas, resistencia civil pacífica que se hizo célebre unos cuantos años después, a nivel internacional – en la ONU, la OEA y en la CIDH- y otras instancias mundiales.
También Ciudad Juárez, y el resto de las ciudades más importantes del corredor panamericano del estado, fueron conquistados por el PAN en esa recordada oleada blanquiazul. Fue la primera debacle priísta en Chihuahua que resonó en el centro del país.
Hoy, como en esa primera mitad de la década de los 80, otra vez, justo en la presidencia municipal de Chihuahua, la misma que volvió a gobernar su partido el PAN, desde ese tiempo, en la persona del panista “Light” Juan Blanco Zaldívar, volvió a resonar su nombre.
De igual forma se escuchó, otra vez, otro nombre, que en 1985, a causa de don Luis Álvarez y el panismo chihuahuense, parece estar vinculado a Luis Héctor por la historia política: se trata de Óscar Ornelas K., ex gobernador del Estado, del PRI.
En aquellos álgidos momentos, Ornelas K. hubo de ser el “chivo” expiatorio presidencial (Miguel De la Madrid), que pagó las culpas políticas, de la dolorosa derrota tricolor en el estado de Chihuahua, a manos del PAN, y donde siempre estuvo presente, incólume, la figura de don Luis.
Como presidente municipal de la capital, don Luis Héctor fue controvertido, pero a la vez sensato, sereno, sobrio en sus decisiones y actuación.
La izquierda cedepista de los Aguilar y los Sigala (+), aún no le perdonan aquel sonado enfrentamiento en la Huerta “Legarreta” en abril de 1984 – hoy parque Fundadores- que protagonizó su policía municipal y los colonos paracaidistas, donde el saldo fue de un fenecido que se atribuyó a la fuerza pública.
Eso es un reproche que algún neo-priísta, asesorado pudo esgrimir en el cabildo, este día, para rebatir la propuesta de que el nombre de don Luis H. Álvarez, lo lleve el Auditorio Municipal de Chihuahua.
Con todo y eso, inclusive, muchos priístas, perredistas y de otras filias políticas, le reconocen como un hombre ecuánime, congruente, honesto. Otros, no tanto.
Fue un alcalde sui géneris. En funciones, nunca dejó de lado a su partido. Siempre con una gran mujer a la diestra, don Luis estuvo en las lid político-partidista, al pié del cañón.
En mayo de 1985, a un año y meses de dejar la Alcaldía, Don Luis protagonizó su primer ayuno político en la Plaza de Armas, frente a la Catedral. El motivo fue la constante que había venido enarbolando a lo largo de su vida: la exigencia y el respeto a la voluntad ciudadana en las urnas.
Había en marcha un proceso electoral federal – diputados y senadores- y los barruntos negros de imposición y fraude, eran inminentes…
Así, el nombre de don Luis volvió a ser controversia, a resonar en ámbitos nacionales y extranjeros.
Pero no se quedó ahí. Luego vino una nueva incursión suya que lo haría aún más conocido, popular y tal vez ahí comenzó su trayecto a Icono político nacional.
Faltaban tres meses para culminar su periodo de alcalde y dio la nota espectacular en julio de 1986. Efectivamente, en aquel conocido “Verano Caliente” en el que Francisco Barrio, un ex priísta, neopanista, carismático, religioso y bronco, luego de haber sido edil de Ciudad Juárez, se había lanzado a la gubernatura del estado.
Nuevamente las sospechas de fraude electoral, lenguaje muy socorrido a la sazón por el panismo, se hicieron presentes. El sistema político-presidencialista de De la Madrid y Manuel Bartlett, no permitiría que Chihuahua fuera la primera entidad que se convirtiera al PAN. Así fue, se impuso el ejército los órganos electorales oficiales afines al PRI.
Don Luis emergió entonces con su segunda huelga de hambre, en el Parque Lerdo de la capital de Chihuahua, acción de protesta cívica pacifista, que fue criticada y saboteada, incluso.
Se dijo como rumor, que al edil panista, por las noches, en su carpa de ayuno se le administraban sueros en lugar de agua, para que resistiera su humanidad en la lucha democrática que personalmente había emprendido, pues ni eso ha logrado a través del tiempo, opacar u minimizar su icónico nombre en Chihuahua.
Esa y otras estrategias contra el sistema, en lo mediático, no fructificaron: Fernando Baeza Meléndez, pariente cercano del hoy gobernador de Chihuahua, asumió la gubernatura en medio de una convulsionada disputa y ola de inconformidades ciudadanas.
Sin embargo, la cruzada cívica por la democracia, de don Luis, surtiría efectos seis años después, cuando en 1992, Francisco Barrio: “El Bárbaro del Norte”, fue reconocido como ganador del gobierno de Chihuahua, por otro gobierno priísta, el otro concertacesionista: Carlos Salinas De Gortari.
Viendo esto, conociendo la historia política y pública de Luis H. Álvarez, qué importa si el Auditorio Municipal no hubiera llevado su nombre?, aunque la regidora panista Teresa Dikens, hizo una defensa férrea y hábil del camarguense y lo logró.
Recordemos que la Calle 27 de esta ciudad capital, también recibió el nombre de otro símbolo panista, nada menos que del fundador de ese partido: Manuel Gómez Morín, y nadie nombra a esa arteria con su nuevo nombre, la cual sigue siendo la “veintisiete”. Y a quién le importa?
O el famoso estadio Azteca, al que no hace mucho le pusieron “Guillermo Cañedo”, alguien menciona a ese recinto futbolístico con ese nombre?
Que nuestro Auditorio Municipal fue obra de Óscar Ornelas K., en su tiempo, y que ahora llevará el nombre de Don Luis H. Álvarez, a quién le preocupa?
Seguramente todos seguiremos diciéndole: Auditorio Municipal, o no?
Pues bien, hoy en este nuevo siglo, en el año 2025, con Marco Bonilla Mendoza como alcalde de la capital, Chihuahua, por el PAN, el nombre de don Luis H. Álvarez vuelve a mencionarse en spots de radio y Tv, y a leerse en algunos medios y volantes impresos, en virtud de que, el “galopado” e impetuoso Bonilla, bautizó al complejo o polideportivo de su administración, ubicado en la vialidad Sacramento, a la altura de la calle Fedor Dostoievski, por Quintas Carolinas, con ese mismo nombre del ícono panista camarguense.








