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lunes, marzo 16, 2026
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La historia no perdona a los que no entienden su tiempo

Controversial…

La historia no perdona a los que no entienden su tiempo

Por: Raúl Sabido

“Los partidos de oposición en México se desmoronan entre la irrelevancia y la simulación, mientras la 4T se consolida como un nuevo régimen político con aspiraciones de muy largo aliento, siendo esto lo que intentan destruir los opositores y los mediáticos, antes de que se consolide”.

La ruina opositora:

Partidos sin alma ni proyecto

Los partidos de oposición en México, principalmente PRI y PAN, atraviesan una crisis estructural que no es nueva, pero que hoy se ha vuelto fase terminal. Su desconexión con la ciudadanía, su falta de renovación interna y su dependencia desesperada de las prerrogativas públicas los han convertido en cascarones vacíos y huecos, más preocupadas sus élites y liderazgos de control por sobrevivir, que por representar.

El PRI:

Antaño el partido hegemónico, es hoy un zombi político sin narrativa, sin cuadros nuevos, sin credibilidad, amorfo y gritando con desesperación para que los consideren, para que no los abandonen sus militantes. Su alianza con el PAN fue el último clavo en su ataúd ideológico y hoy, esa alianza, es la única alternativa que les queda para no desaparecer del mapa político y sus consecuencias.

El PAN:

Atrapado en una moralina conservadora, ha perdido el pulso social. Su discurso anticorrupción se volvió hueco tras sus propios escándalos del pasado y los actuales, su elitismo soberbio lo amuralla, su clasismo grosero lo condena y su interés por conservar sus privilegios al panismo le ha arrebatado la capacidad estratégica, no tienen lideres, tienen servidumbre sumisa y convenientemente obediente de las élites que los sostienen.

Movimiento Ciudadano:

Que desperdició la oportunidad de poder ser la importante alternativa que se perfilaba como la que el país necesitaba, optó por el oportunismo y la ambigüedad, jugando a ser oposición sin comprometerse con nada, la ausencia de su líder moral, y fundador, los dejó sin rumbo.

Estos partidos no solo han fallado en construir una alternativa real a la 4T, sino que han sido cómplices de su fortalecimiento al ofrecer una oposición torpe, reactiva, negativa, de rechazo, de odio y de venganza, sin visión, sin estrategia, sin proyecto y por lo tanto sin rumbo.

La 4T: de movimiento a régimen:

A la continuidad y arraigo popular mayoritario.

La Cuarta Transformación, iniciada por López Obrador, y ahora encabezada por Claudia Sheinbaum, ha dejado de ser un simple proyecto de gobierno para convertirse en un nuevo régimen político. Con mayoría legislativa, control territorial y una narrativa de justicia social, la 4T ha logrado lo que ningún otro movimiento, desde el PRI posrevolucionario, habría logrado: el institucionalizarse como el movimiento político social dominante sustentado con la fuerza ciudadana ampliamente mayoritaria, real, participativa y efectiva.

Morena ha atraído al PT y al PVEM y suma, continuamente, a las militancias desertoras que han sido despreciados por otros partidos y que, además, buscan mantenerse activos en la política. Con estrategia bien definida y dirigida Morena ha mermado la fuerza que les queda a los otros partidos en forma paulatina y sistemática.

La Reforma político-electoral:

La reforma electoral propuesta por Sheinbaum busca reducir el financiamiento a partidos y modificar la estructura del INE, lo que podría debilitar aún más a la oposición.

La expectativa de la 4T con la reforma electoral es de corto plazo para consolidar un nuevo modelo de estado con fuerte intervención social, apertura política y la indispensable, y democrática, legitimidad popular, acabando con el manipuleo comercial de las plurinominales donde el pueblo no participa, buscando un verdadero equilibrio político en el Congreso decidido por la voluntad popular y no por las élites y los líderes de los partidos.

Medios de comunicación:

 verdugos y víctimas

Paradójicamente, los medios de comunicación tradicionales, que aún viven de la publicidad oficial y de las prerrogativas de los partidos políticos, que son sus clientes, han contribuido a la decadencia opositora. Al privilegiar el escándalo sobre el análisis, al amplificar voces sin sustancia y al no cuestionar con rigor a sus patrocinadores económicos han erosionado, ellos mismos, la credibilidad de los partidos que los sostienen.

La cobertura superficial, polarizante y mentirosa, ha favorecido la narrativa de la 4T, que se presenta como víctima de una élite mediática y corrupta, y muy ambiciosa de recursos del presupuesto federal.

La oposición, en lugar de construir discurso propio, se ha refugiado en estos medios como si fueran trincheras, sin entender que el electorado mayoritario ya no los escucha por ahí.

La historia no perdona a los que no entienden su tiempo:

La oposición mexicana está frente a su última oportunidad: reinventarse o desaparecer. Mientras tanto, la 4T avanza, no sin contradicciones internas, con desaciertos y con

errores, pero con una fuerza política que sus adversarios ni siquiera han comenzado a comprender por donde, con qué y cómo les han dado hasta con la cubeta.

Sumar a las disidencias no es debilidad: es síntoma de fuerza.

La oposición llama traición, Morena lo convierte en expansión.

Los partidos opositores se rasgan las vestiduras cada vez que un militante suyo se suma a Morena, lo llaman “chapulineo”, “oportunismo”, “traición ideológica” pero lo que no dicen, porque les duele, es por qué se van. Y ahí está la clave.

Los disidentes no huyen por ambición, huyen por asfixia. Huyen de estructuras cerradas, de dirigencias eternizadas, de partidos que ya no escuchan ni a sus propios cuadros. Morena, con todos sus defectos, ofrece algo que los demás no: espacio político, narrativa de transformación y una maquinaria que funciona.

 Cuando un panista se suma a la 4T, no es porque se volvió socialista de la noche a la mañana. Es porque en el PAN ya no hay proyecto ni futuro.

Cuando un priista se convierte en morenista, no es por conveniencia, es porque el PRI dejó de representar algo más allá de sus siglas.

La oposición no entiende que la política es dinámica:

No entienden que los liderazgos y sus seguidores – militantes migran hacia donde hay posibilidad de incidir. Morena no solo suma votos, suma estructuras, suma experiencia, suma músculo. Y eso, lejos de ser debilidad, es una muestra de hegemonía y atracción.

Los partidos que critican a los disidentes deberían preguntarse por qué no pueden retenerlos. La respuesta no está en los que se van, sino en lo que ya no queda.

Morena no roba militantes. Los partidos se los entregan, hartos de su propia decadencia.

¿Porque cree usted que buscan reventar a Andrés Manuel López Beltrán?

El operador de esta estrategia funcional de sumar a Morena, militantes, organizaciones y grupos.

Lo mismo sucede con Adán Augusto López Hernández, el arquitecto de la mayoría calificada en el Senado, cuya influencia política incomoda a los adversarios de la 4T. Por eso, el intento de reventar a Andrés Manuel López Beltrán y a Adán Augusto López Hernández no puede leerse como un ataque aislado, sino como parte de una ofensiva mediática, sin sustento, muy amplia para erosionar los cimientos del proyecto de la 4T, golpeando tanto a sus operadores clave como a los vínculos de cercanía que representan continuidad y poder dentro del movimiento de la 4T.