Controversial…
Playas de Tijuana:
Lenguaje irresponsable
Por: Raúl Sabido
La noche del 15 de octubre de 2025, Playas de Tijuana se convirtió en escenario de un evento inusual: tres drones modificados sobrevolaron las instalaciones de la Unidad Antisecuestros de la fiscalía general del Estado y arrojaron artefactos explosivos hechizos. Los dispositivos contenían clavos, balines, canicas y fragmentos metálicos, causando daños materiales a vehículos oficiales, pero sin dejar heridos ni víctimas fatales, el objetivo de los drones hechizos era el estacionamiento de la fiscalía, era causar ruido mediático.
La reacción oficial fue inmediata y contundente: la fiscal general de Baja California, María Elena Andrade Ramírez, calificó el incidente como un “acto de terrorismo”. Esta declaración encendió el debate público, no tanto por el ataque en sí, sino por la etiqueta irresponsable que se le asignó.
Cabría preguntarse, con legítima inquietud, quién está realmente sembrando el miedo: ¿los autores anónimos de unos drones artesanales cargados con clavos y canicas, o la fiscal general de Baja California al invocar la palabra “terrorismo” con todo el peso simbólico y político que esa palabra conlleva?
¿Qué es un acto terrorista?
Según estándares internacionales, como los definidos por la ONU y organismos como el FBI, un acto terrorista implica:
Uso de violencia o amenaza de violencia. Intención de causar miedo generalizado o intimidar a la población. Motivación política, ideológica o religiosa. Tiene por objetivo el alterar el orden institucional o presionar a gobiernos, buscando causar daños y muertes, principalmente civiles, es un evento que necesariamente exhibe violencia letal extrema.
En este contexto, el ataque con drones en Tijuana, aunque preocupante, parece más un intento de intimidación puntual que un acto de terrorismo en sentido estricto. No hubo reivindicación política, ni se afectó a civiles, ni se alteró el orden público más allá del perímetro de la Fiscalía y su letalidad manifiesta fue ínfima.
¿Exageración o estrategia?
La narrativa oficial de “terrorismo” podría responder más a una estrategia de control simbólico que a una evaluación técnica del suceso. Al elevar el incidente a esa categoría, se justificaría:
*Mayor despliegue militar o policial. *Reforzamiento de facultades extraordinarias. *Legitimación de políticas de seguridad más duras.
En otras palabras, el uso de la palabra “terrorismo” no solo describe, sino que construye una realidad política. Y en este caso, esa realidad parece tremendamente sobredimensionada frente a lo que ocurrió verdaderamente: tres drones caseros que “vomitaron canicas y clavos”, como lo describen algunos medios locales.
Este tipo de exageraciones no es nuevo en México ni en el mundo, el uso de drones hechizos los ha utilizado, de diferentes formas y objetivos, los carteles desde hace bastante tiempo.
Un “dron hechizo” es un dron comercial, o recreativo, que son vendidos en las tiendas de juguetes y son modificado artesanalmente para transportar y liberar cargas explosivas rudimentarias, como clavos, balines o canicas. Su capacidad letal es en extremo limitada y depende del tipo de dron, el peso que puede cargar y la precisión del ataque.
¿Qué es un dron hechizo?
Se trata de un dron no militar ni profesional, usualmente de uso recreativo o comercial, que ha sido adaptado artesanalmente para lanzar o transportar explosivos caseros de bajísima letalidad. La modificación puede incluir contenedores improvisados, sistemas de liberación remota, o incluso fusibles de detonación al impacto. No existe un estándar técnico para definirlos, pero suelen ser drones de bajo costo con capacidades muy limitadas.
¿Cuánto peso puede cargar?
Los drones recreativos, como el DJI Phantom o Mavic, pueden cargar entre 200 y 500 gramos. Algunos modelos más robustos (como los agrícolas o de filmación) pueden cargar hasta 2 kg, pero son más costosos y menos discretos.
En el caso de Playas de Tijuana, se estima que los drones usados eran ligeros, con cargas de menos de medio kilo, compuestas por clavos, balines, canicas y fragmentos metálicos.
¿Qué daño pueden causar?
Limitado y localizado: pueden dañar vehículos, romper cristales o causar heridas superficiales si impactan directamente a una persona. No tienen precisión militar ni capacidad de destrucción masiva.
No se reportaron heridos ni daños de consideración en el ataque de Playas de Tijuana, lo que refuerza la idea de que el daño fue más simbólico que letal.
¿Es terrorismo o teatro?
La palabra “dron” genera impacto mediático, pero no todos los drones son iguales. Usar el término sin contexto puede magnificar artificialmente el peligro.
En este caso, los aparatos eran más cercanos a juguetes modificados que a armas sofisticadas.
La fiscalía calificó el hecho como “acto de terrorismo”, pero no hubo víctimas, ni reivindicación política, ni amenaza a la población civil, lo que pone en duda la proporcionalidad de esa etiqueta. El caso de playas de Tijuana parece más un intento de intimidación artesanal, y mediático, que un ataque terrorista en sentido técnico.
El uso irresponsable del término “terrorismo” en Baja California:
¿eco del discurso Trumpista?
La reciente declaración de la fiscal general de Baja California, María Elena Andrade Ramírez, calificando como “acto terrorista” el ataque con drones hechizos en Playas de Tijuana, no solo resulta desproporcionada frente a los hechos, sino que se alinea peligrosamente con una narrativa geopolítica de los Estados Unidos que ha sido utilizada para justificar intervenciones, chantajes y políticas de fuerza.
El eco de una narrativa global:
Este tipo de retórica no es nueva. La administración de Donald Trump ha utilizado reiteradamente el concepto de “terrorismo” como herramienta para expandir su margen de acción, incluso fuera del territorio estadounidense. Lo vimos en el ataque a embarcaciones frente a las costas de Venezuela, donde se justificó la intervención como una operación contra “narcoterroristas”.
El uso del término no solo deslegitima a los adversarios, sino que habilita mecanismos legales y militares excepcionales que serían utilizados por la administración Trump, es por tanto que la declarativa de la Fiscal de baja California Norte, hecha en forma irresponsable, cobra atención porque se empataría con las narrativas justificantes de opositores y la administración Trump.
¿Quién intenta sembrar el miedo?
Cabría preguntarse, entonces, quién está realmente sembrando el terror: ¿los autores anónimos de un ataque artesanal sin víctimas, o una funcionaria estatal que, al invocar el terrorismo, amplifica el miedo, endurece el discurso y abre la puerta a una narrativa de seguridad nacional que no corresponde al contexto?
“Cuando el lenguaje oficial exagera los hechos, no combate el terror: lo fabrica.”








