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sábado, marzo 14, 2026
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 La oposición: entre el oportunismo y la miseria moral

Controversial…

 Dominical

 La oposición:

Entre el oportunismo y la miseria moral

Por: Raúl Sabido

“Hay tragedias que movilizan la dignidad y la solidaridad de un pueblo. Y otras que revelan, con crudeza, el oportunismo de quienes se arrogan su representación sin merecerla.”

La realidad que los identifica:

Mientras México se inunda, literal y metafóricamente, la oposición no trae ni botas ni palas. Trae hashtags. Trae cámaras. Trae micrófonos. Trae el guion de siempre: culpar al gobierno, victimizar al pueblo, capitalizar el dolor. No hay empatía ni propuestas. Solo dientes afilados y dedos veloces para tuitear la próxima mentira viral.

Campaña contra la empatía humanitaria:

 ¿Quiénes son capaces de hacer campaña para que no se apoye, no se ayude, no se done a los damnificados? Solo quienes han perdido el vínculo con la gente y han convertido el dolor en estrategia.

Lo que mueve esa actitud miserable no es ideología: es rencor. Es el cálculo frío de quienes prefieren ver al país hundido antes que reconocer avances que no les pertenecen. Son algunos sectores de la oposición que, en lugar de tender la mano, prefieren sabotear la solidaridad.

Porque cuando la tragedia golpea, el pueblo se une. Pero ellos, desde sus trincheras digitales, prefieren sembrar duda, desinformación y desprecio. No les duele la lluvia. Les duele no controlar la narrativa.

Y eso no es política. Es miseria moral.

El teatro del cinismo:

 Cada desastre natural se convierte en su escenario. Las víctimas, utilería. Las cifras, munición. Las imágenes, carnada. Y el libreto, tan predecible como desgastado:

“El gobierno no hace nada”, aunque estén ahí el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.

“No hay ayuda”, aunque los víveres fluyan sin sus intermediarios favoritos.

“Todo está peor”, aunque la reconstrucción inicie y avance, paso a paso, comunidad por comunidad.

No buscan soluciones. Buscan incendios. Porque en el humo creen esconder su vacío ideológico, su miseria humana y su bancarrota moral.

Psicología del oportunismo:

Esto no es torpeza. Es cálculo. Es estrategia. Es la instrumentalización del sufrimiento como herramienta electoral. La oposición mexicana ha hecho de la tragedia un insumo de campaña. Y lo hace con una frialdad que estremece  hasta a los suyos.

No les interesa el país. Les interesa el poder. Y como no lo tienen, lo sabotean.

Pero hay algo que no han entendido los opositores del PRI y del PAN: el pueblo ya no les compra el espectáculo. Porque mientras ellos editan videos, México rescata. Mientras ellos difaman, México abraza. Mientras ellos destruyen, México reconstruye.

El espejo que no quieren mirar:

 ¿Quiénes se enriquecían con el FONDEN? ¿Quién lo saqueó? ¿Quién lo convirtió en caja chica de gobernadores y contratistas? Ellos, los opositores de hoy. Y ahora, con cinismo olímpico, exigen su regreso como si no tuviéramos memoria.

¿Quién gobernó durante décadas sin resolver la pobreza, la desigualdad, la corrupción? Ellos. Y ahora se rasgan las vestiduras por cada bache, por cada gota de lluvia, por cada centavo que no controlan.

¿Quiénes gritan “¡abandono!” desde sus curules, mientras la presidenta Sheinbaum recorre zonas afectadas, coordina rescates y entrega ayuda? Los mismos que antes repartían despensas con logos partidistas y cámaras listas, aplicando la ecuación: uno para mí, otro para ti… dos para mí, uno para ti.

México no se construye con odio:

La oposición no entiende que el país ya cambió. Que la gente ya no se deja manipular por editoriales envenenados ni por influencers de ocasión. Que la solidaridad no se tuitea: se vive. Que la empatía no se actúa: se demuestra.

Y, sobre todo, no entienden que México no se construye con odio. Se construye con manos, con corazón, con estrategia, con voluntad y compromiso. Y eso, por más que les duela, no se improvisa en una conferencia de prensa ni se edita en un video de TikTok.

La fabricación de crisis:

La oposición mexicana no hace política. Hace escenografía. No construye país. Construye pánico y diseña escenarios apocalípticos. Su especialidad no es la propuesta, sino la producción en serie de crisis prefabricadas, con guion, actores y efectos especiales. Tienen más de diez años haciendo pronósticos apocalípticos y a ninguno le han acertado, quedando en el peor de los ridículos.

Cada tragedia es una oportunidad para montar su espectáculo de indignación fingida, donde el dolor ajeno se convierte en utilería electoral.

Pero ya no engañan a nadie:

Porque mientras ellos fabrican crisis, México fabrica soluciones. Mientras ellos editan el caos, el pueblo edifica esperanza. Mientras ellos gritan “¡todo está mal!”, la gente responde “¡aquí estamos, ayudando!”.

La oposición ha confundido la crítica con la calumnia, la fiscalización con el sabotaje, y la democracia con el berrinche. Y en ese extravío, han perdido lo más importante: la credibilidad.

Hoy, el pueblo de México no necesita más crisis inventadas. Necesita manos, ideas, estrategia. Y eso, la oposición no lo tiene. Porque donde debería haber visión, hay rencor. Donde debería haber liderazgo, hay oportunismo. Donde debería haber país, solo ven campaña.

Algo que no entienden los opositores:

La humanidad y la solidaridad son valores que transforman sociedades y son esenciales para enfrentar los desafíos globales. En México, el humanismo y la solidaridad se han manifestado como filosofía política y ayuda mutua, la protección de los más vulnerables y la promoción de la inclusión social.

… y esto va en contra de los principios de los opositores.