Controversial…
El campo en pie de lucha
La batalla por un precio justo del maíz.
Por: Raúl Sabido
En México, el maíz no es solo alimento: es cultura, identidad y sustento. Sin embargo, miles de productores enfrentan una crisis que los ha llevado a bloquear carreteras y declarar un paro nacional. ¿La causa? El gobierno al final de la primer ronda de negociaciones propuso pagar $6,050 por tonelada de maíz blanco, muy por debajo de los $7,200 que los campesinos consideran necesario para cubrir sus costos.
Mientras algunos negociadores aceptaron el acuerdo, otros lo rechazaron. Los industriales del maíz intervinieron para frenar la propuesta de los productores, lo que encendió aún más el conflicto. En estados como Jalisco, Michoacán y Sinaloa, las protestas escalaron hasta exigir la renuncia del secretario de Agricultura, Julio Berdegué.
¿Qué es el precio de garantía?
El Programa Precios de Garantía busca asegurar un ingreso mínimo a los productores de granos básicos. Aunque lo fija el gobierno, toma como referencia el mercado internacional, especialmente el Chicago Board of Trade (CBOT). Si el precio global baja, los industriales presionan para pagar menos; si sube, los productores exigen ajustes. El objetivo del programa es proteger al campo de esa volatilidad, sobre todo frente al maíz subsidiado que se importa de Estados Unidos.
Maíz barato, tortilla cara:
Mientras los productores luchan por un precio justo, los consumidores enfrentan tortillas cada vez más caras: entre $25 y $32 por kilo. Esta paradoja revela un negocio redondo para los industriales, que compran barato y venden caro. Empresas como GRUMA y MIMSA controlan la cadena de transformación y distribución, generándose márgenes extraordinarios.
¿Cuánto ganan los industriales?
Una tonelada de maíz produce cerca de 1,700 kg de tortilla. Con precios de venta entre $25 y $32 por kilo, el valor comercial va de $42,500 a $54,400. Si el productor recibe solo $6,050 tonelada, la utilidad bruta para toda la cadena de industrialización del maíz, desde la harina hasta la tortilla, puede superar los $48,000 por tonelada.
Además, el saco de harina industrial (20 kg) cuesta entre $823 y $1,273 a la tortillería, lo que equivale a $41–$63 por kilo, y lo compran los industriales a $6.00 kilo. Como 1 kg de harina produce 3 kg de tortilla, el costo por kilo de tortilla va de $13.72 a $21.22, dejando amplios márgenes de ganancia.
¿Y el maíz transgénico?
Más del 40% del maíz blanco usado por la industria proviene de Estados Unidos y gran parte es transgénico. Aunque el gobierno ha intentado limitar su uso, la harina industrial no distingue entre lo modificado y lo nativo. En un país con más de 60 razas de maíz criollo, esto plantea preguntas urgentes sobre salud, soberanía alimentaria y el abandono del campo.
Las inercias del neoliberalismo:
Lo anterior deja en evidencia una estrategia que va más allá del mercado: así como se debilitó a PEMEX, y a la CFE, y se desmanteló buena parte de la industria nacional, también se buscó por el neoliberalismo desarticular la productividad del campo mexicano. Hoy, las consecuencias de esa política se exhiben con mayor crudeza.
Por otro lado, los Estados Unidos se van a enfrentar a una crisis severa en la venta de sus cosechas de maíz. El cierre del mercado chino a la carne de cerdo estadounidense, alimentada principalmente con maíz, generará un excedente masivo de grano que buscará colocarse en otros mercados.
México, como socio comercial clave, enfrentará en los próximos meses negociaciones dentro del tratado comercial donde, con toda seguridad, se le presionará para comprar más maíz transgénico, y dejar de sembrar maíz en consecuencia, el principal cultivo de los agricultores estadounidenses.
En esta cadena, los más perjudicados siguen siendo los mismos: los productores. Ellos, que proveen el insumo básico para la alimentación diaria de millones, han sido históricamente marginados por un modelo que privilegia la ganancia sobre la soberanía. Y ahora, ese modelo enfrenta una nueva amenaza: una avalancha de maíz transgénico importado que podría terminar de sepultar al campo mexicano.
El juego del maíz:
El maíz transgénico se ha convertido en la manzana de la discordia. Estados Unidos busca consolidarse como proveedor absoluto del mercado mexicano, mientras los productores nacionales enfrentan el abandono y la desaparición. En este escenario, grandes corporaciones transnacionales como Cargill, Archer Daniels Midland (ADM), Bartlett Grain y Scoular se posicionan para ocupar ese vacío, trayendo consigo sus semillas transgénicas y un modelo agrícola que amenaza con desplazar al maíz criollo, erosionar la soberanía alimentaria y someter al campo mexicano a una nueva dependencia.
Expectativa probable:
El precio de garantía ofrecido a los productores se ha convertido en una soga que los ahorca. La revisión del tratado comercial marcará el rumbo del maíz en el campo mexicano. Hasta ahora, contener el precio de la tortilla y proteger las ganancias de los industriales ha sido el mayor desequilibrio en una cadena productiva que ha lacerado la autosuficiencia.
Y ante este panorama, surge una pregunta incómoda: ¿El camino del equilibrio será permitir la siembra de semilla transgénica, extinguir el maíz nativo y dejar que la cadena del maíz se regule por completo bajo las reglas del mercado? La situación es crítica.
¿Se permitirá? ¿Podremos? ¿Es eso lo correcto?








