15.6 C
Chihuahua
sábado, marzo 14, 2026
- Publicidad -

Quien ama no destruye, corrige, enmienda, comienza

Controversial…

Sabatino reflexivo

Quien ama no destruye, corrige, enmienda, comienza.

Por Raúl Sabido

Amar no es solo sentir. Es elegir, cada día, cuidar lo que se ha construido. Es mirar al otro con compasión, incluso cuando duele. Es corregir sin humillar, enmendar sin rencor, y comenzar sin miedo.

En la pareja: el arte de sostener:

Una relación no se destruye por un error, sino por la incapacidad de enfrentarlo juntos. Quien ama, no castiga con silencio ni con indiferencia. Quien ama, corrige con palabras que sanan, no con gritos que hieren. Enmienda con gestos que reconstruyen la confianza, no con promesas vacías. Y comienza, una y otra vez, desde el deseo de seguir eligiéndose.

Pero cuando el amor se confunde con posesión, cuando el orgullo reemplaza la empatía, cuando se deja de mirar al otro como compañero y se le ve como enemigo, entonces el vínculo se quiebra. Y lo que pudo ser hogar, se convierte en campo de batalla y uno de los dos, si aman, lo buscará evitar y, tal vez “perdiendo” la batalla, dando la razón, aunque no se tenga.

En la familia: el lugar donde aprendemos a amar:

La familia es el primer espejo del amor. Allí aprendemos que amar no es exigir perfección, sino abrazar la diferencia. Un padre que corrige con paciencia enseña más que mil sermones. Una madre que enmienda con ternura deja huellas que no se borran. Hermanos que comienzan de nuevo después de cada pelea, construyen puentes que duran toda la vida.

Pero también hay familias donde el amor se confunde con control, donde se hiere con palabras que nunca se olvidan, donde se destruye con silencios que gritan abandono. Y entonces, el hogar deja de ser refugio y se convierte en herida.

Aciertos que construyen:

Corregir con respeto, no con juicio.

Enmendar con humildad, reconociendo el daño sin justificarlo.

Comenzar con esperanza, sabiendo que el amor se renueva.

Escuchar con el corazón, no solo con los oídos.

Enfrentar la tormenta, sin soltar la mano del otro.

Desaciertos que destruyen:

Ignorar lo que duele, hasta que se convierte en resentimiento.

Normalizar el desprecio, la indiferencia, el abandono emocional.

Confundir amor con sacrificio absoluto, olvidando que amar también es cuidarse.

Usar el pasado como arma, en lugar de aprendizaje.

Negarse a cambiar, creyendo que el amor lo justifica todo.

Amar es conjugar:

Amar es un verbo que se conjuga con acciones. No basta con decir “te amo” si no se demuestra en los momentos difíciles. Quien ama no destruye. Quien ama corrige con ternura, enmienda con verdad, y comienza con fe. Porque el amor no es perfecto, pero sí puede ser profundamente humano. Y en esa humanidad, está su mayor belleza.

Porque a veces el amor no muere… se transforma en herida:

Cuando una relación termina con odio, con rencor, con portazos que parecen definitivos, no siempre es porque nunca hubo amor. A veces es porque lo hubo demasiado. Porque se entregó tanto, se esperó tanto, se soñó tanto… que la decepción duele como una traición al alma.

El amor no destruye, es cierto. Pero las personas sí pueden destruirse entre sí cuando no saben cómo amar sanamente. Cuando el ego, el miedo, la inseguridad o la necesidad de tener razón se imponen sobre el deseo de cuidar. Cuando se ama desde la carencia, desde la posesión, desde la expectativa de que el otro nos salve o nos complete.

El amor no basta si no se cuida:

Una relación no se rompe solo por falta de amor. Se rompe por falta de respeto, de escucha, de empatía. Por no saber corregir sin herir. Por no saber enmendar sin orgullo. Por no saber comenzar de nuevo sin cargar el pasado como un arma.

Y cuando eso se acumula, el amor se ahoga. Y lo que queda es frustración, rabia, dolor… que muchas veces se disfraza de odio. Pero ese odio no es lo opuesto al amor. Es su sombra. Es el eco de lo que no se supo cuidar.

¿Entonces qué hacemos con eso?

Aprender. Aprender que amar no es solo sentir, sino saber sostener. Que no se trata de ganar discusiones, sino de no perder al otro. Que, si se ama de verdad, se corrige con ternura, se enmienda con humildad, y se comienza con esperanza.

Y si ya no se puede seguir juntos, que al menos el final no sea una guerra, sino un acto de respeto por lo que alguna vez fue amor. Si verdaderamente se amó.

Quien verdaderamente te ama no te cambia.

 Quien te ama de verdad no intentará moldearte a su medida, porque sabe que tu esencia es única y valiosa. No te buscará solo para llenar vacíos propios, sino para caminar a tu lado como compañero, en igualdad de derechos y deberes. El amor auténtico no se trata de manipular ni controlar, sino de complementarse y crecer juntos, respetando la libertad de cada uno. Es apoyo, es confianza, es aceptación plena como son. Es elegirte cada día tal como eres, y amarte sin condiciones hasta el final de los tiempos.”