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jueves, marzo 12, 2026
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Escudo de las Américas: presagio intervencionista en México

No cabe duda que Donald Trump ha maquinado esta ruptura para imponer unilateralmente sus intereses geopolíticos. Nuestro país está en la mira de sus ambiciones. Habrá que ver en el plano mundial el proceso de la guerra con Irán y sus repercusiones en el país. Pero para nosotros no es lo más urgente.

La situación actual es sumamente delicada porque Trump ha afirmado reiteradamente su propósito de invadir el país, so pretexto de combatir a los cárteles del narcotráfico; y ahora ha declarado que México es “el epicentro” de esta delincuencia que cataloga como terrorismo al que quiere combatir de manera estratégica y exterminatoria. En otras palabras, que puede optar por una acción fuerte e imprevisible. Vale decir que puede acontecer en cualquier momento.

El escenario –montado– para hacer esa declaración fue la llamada Cumbre del Escudo de las Américas realizada hace unos días en Miami, Florida. A esta cumbre acudieron doce países latinoamericanos y del Caribe, en franca exclusión de Colombia, Brasil y México, que pasarían a ser el blanco inmediato de los Estados Unidos, con especial destinatario en nuestro país al catalogarlo, como se dijo, epicentro del narcotráfico, lo que significa que es el objetivo primordial de futuras acciones.

Estamos en una situación de alto riesgo. Si vemos lo que está aconteciendo en Ecuador, donde ya interviene Estados Unidos, encontramos que se producen simpatías de amplios sectores ecuatorianos por esta injerencia, lo cual se podría replicar en México.

La lectura de todo esto se puede puntualizar al menos contabilizando estos aspectos:

El Estado mexicano, por boca del presidente Trump, ha sido prácticamente insultado con el tratamiento que se le asigna a la presidenta de la república. Todas las expresiones de ese gobernante hablan de un desprecio y una franca exclusión que ya no se puede seguir respondiendo de la manera que se ha venido haciendo hasta ahora. Ya no basta decir que se tendrá “cabeza fría”, mucho menos escudarse en una especie de patriotismo ramplón y una defensa retórica de la soberanía.

En particular la cancillería, a cargo de Juan Ramón De la Fuente, debe superar la falta de imaginación diplomática mostrada a lo largo de su encargo, y reconocer que México se ha ausentado del foro latinoamericano y del Caribe, perdiendo ascendiente, que antes llegó a tener en la región. En otras palabras: romper el aislamiento que se muestra cuando doce país latinoamericanos prácticamente le están allanando el camino a Trump para que haga y deshaga con su política intervencionista.

No se puede dejar el posicionamiento frente a los Estados Unidos a una pregunta que brota de alguna periodista en la mañanera. La presidenta debe iniciar por hacer su propio pronunciamiento, al margen del estilo comunicacional que impuso el expresidente López Obrador. Lo delicado del tema así lo exige y así es el uso internacional de la diplomacia que se respete de ser tal.

Ciertamente es vergonzoso que los mandatarios de los doce países hayan asistido en calidad de sirvientes (Milei, Bukele, entre ellos); también es de resaltar que hay una asimetría en las economías en presencia, pues el peso de México, Brasil y Colombia es mucho mayor al de los convidados a Miami, en claro mensaje de que la OEA ha llegado a su fin. Pero también da pena que nuestro país no tenga una postura firme, innovadora para el mundo que tenemos, y artesanal e improvisada en su desempeño.