Juan Gómez Franco
A finales de 1922 llegaron a San Antonio de los Arenales, al norte de la ciudad de Chihuahua, 36 carros de ferrocarril de los que descendieron los primeros menonitas que se instalaron en nuestro país.
Venían en grupos, cargando su equipaje personal, ropa de cama, enseres domésticos, muebles y materiales de construcción. Traían también sus recios caballos belgas, vacas holstein, guajolotes, gallinas, costales de semilla, herramientas y maquinaria agrícola.
Subieron por la sierra, en carretas, otros 60 km hasta llegar a su destino, Santa Clara, en el corazón de Chihuahua, donde se distribuyeron en una cuadrícula de lotes, delimitaron sus villas, trazaron sus calles, construyeron sus casas y se prepararon para arar la tierra.
Sus dirigentes organizaron todo de antemano: localizaron, inspeccionaron y adquirieron grandes extensiones de tierra cultivable. Obtuvieron del gobierno de Álvaro Obregón concesiones excepcionales. No podría obligárseles a prestar servicio militar, ni juramento. Se les otorgaba el más amplio derecho de practicar su religión, controlar la educación de sus hijos y disponer el régimen económico que desearan con respecto a sus bienes.
Para fines del siglo XVI la mayoría de ellos había sucumbido en su lucha o se había disuelto como resultado de la severa represión de que fueron objeto. Eran grupos pacifistas surgidos en Suiza que fueron expandiéndose por el resto de Europa, encontrando numerosos adeptos de todas las clases sociales en los Países Bajos.
Aunque los fundadores del movimiento anabaptista habían sido Melchor Hoffman y Obbe Phillips (ambos holandeses) fue a través de Menno Simons, párroco católico (1496-1561), como sobrevivió, se expandió y se consolidó el movimiento. De las diversas ramas que se formaron, sólo los menonitas y los hutteristas sobrevivieron como grupos confesionales con cohesión interna.
Los antepasados de los menonitas mexicanos eran originalmente holandeses que huyeron de la represión y se establecieron en la ciudad alemana de Dantzig en el siglo XVI. Ahí se consolidaron como grupo relativamente homogéneo y adquirieron la lengua que aún conservan, elplattdeustscho bajo alemán. A fines del siglo XVIII fueron invitados a establecerse en Rusia donde afianzaron su patrón actual de asentamiento, que consiste en colonias formadas por varias villas.
En pocos años los campos menonitas florecieron y se expandieron hacia otras regiones y sectores de producción. Sin embargo, cuando sobrevino la guerra ruso-turca el gobierno ruso los obligó al servicio militar, lo que ocasionó que los grupos más ortodoxos buscaran otras tierras.
Miles de ellos se establecieron en Estados Unidos y Canadá, donde el gobierno les ofreció facilidades para colonizar tierras baldías de las provincias de Manitoba y Saskatchewan.
Una vez más, los más conservadores, reacios a asimilarse a las condiciones de vida que les ofrecía Canadá, vendieron sus tierras para comprar otras más baratas en México. Sin embargo, cuando llegaron no ocuparon todas las tierras adquiridas en Chihuahua, sino que se establecieron en los llanos bajos con agua de pozos o arroyos, evitando las montañas y las tierras boscosas.
Allí fundaron las grandes colonias de Manitoba y Swift Current, y se mantuvieron aislados de los habitantes del lugar. Cada villa contaba con su escuela, su iglesia y pastizales para el ganado.
Quién no ha comido el famoso queso menonita que podemos comprar ahora en cualquier parte de México. Incluso se piensa que ellos lo introdujeron al país. Sin embargo no fue así. Un trabajador menonita de Chihuahua aprendió la técnica con su patrón, un farmacéutico alemán de las colonias mormonas en Chihuahua.
Al tener éxito con la venta de los primeros quesos e incrementarse la demanda, se establecieron varias factorías y cada ver más menonitas destinaron su producción lechera a ellas. Incluso remplazaron sus vacas holstein, cuyas abuelas venían desde Frisia, por otras variedades más productivas.
El quehacer económico constituye la esencia de la cultura menonita actual, en torno al cual giran las demás actividades. Sin embargo, la comunidad está organizada por la iglesia, que controla las diversas esferas de su vida. La autoridad religiosa y la civil coinciden y los intereses comunes están por encima de la iniciativa individual.
Su actividad fundamental es la agricultura. Las mujeres y los niños pequeños atienden a los animales. Siembran maíz, frijol, cebada, centeno, trigo, sorgo, lino y principalmente avena. También han incursionado en la siembra de frutales y de algodón. Crían su ganado en común, y destinan parte de la producción lechera y la carne al consumo familiar y parte a las fábricas de queso.
Su vida cotidiana transcurre en la rutina. Son austeros, disciplinados y serios. Sus alimentos consisten básicamente en pan con mantequilla y embutidos, y esta frugalidad la muestran en todas las facetas de su existencia: su vestido, el mobiliario, el uso del tiempo libre, sus festejos e incluso las ceremonias religiosas.
Celebran moderadamente la Navidad, los compromisos matrimoniales, las bodas y los funerales; tienen prohibido el uso del radio, la televisión, el tabaco y las bebidas alcohólicas.
Los menonitas dan mucha importancia a la educación de sus hijos y sostienen escuelas en todas las villas, bajo control eclesiástico. Los niños aprenden a leer en alemán, el idioma oficial en la escuela y en la iglesia; no obstante, difícilmente llegan a dominarlo.
Actualmente, los menonitas han llegado a un punto en que la conservación de sus tradiciones amenaza su propia existencia material. Algunos ya se han separado de sus prácticas religiosas y se han ido integrando al resto de la población. Poseen viviendas confortables, conducen camionetas de modelo reciente, asisten a las universidades y a las discotecas y hasta participan en concursos de belleza (hace pocos años una joven menonita representó al estado de Chihuahua en el concurso Miss México).
Los menonitas también sufren los embates de los tiempos que corren, y a pesar de que su forma de organización les ha permitido resistir más, las desigualdades económicas entre ellos se agrandan.









