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domingo, marzo 15, 2026
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AIFA bajo fuego

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AIFA bajo fuego

¿Proteccionismo o sabotaje?

Por: Raúl Sabido

La reciente cancelación de vuelos desde el AIFA hacia Estados Unidos ha desatado una tormenta política y económica que va mucho más allá de la aviación: es un síntoma de tensiones bilaterales, intereses proteccionistas manifiestos y una peligrosa precariedad operativa en los cielos estadounidenses”.

México no es piñata de nadie:

Así lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum tras el anuncio del Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) de revocar 13 rutas de aerolíneas mexicanas, Aeroméxico, Volaris y VivaAerobus, desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y congelar nuevas autorizaciones. Pero más allá del discurso diplomático, esta decisión revela una serie de capas que merecen ser analizadas con lupa.

Las razones de la administración Trump:

En primer lugar, la narrativa oficial estadounidense apunta a razones técnicas y de seguridad, en un contexto donde el sistema de control aéreo de ese país atraviesa una crisis sin precedentes: ausencias masivas de controladores, falta de presupuesto y estrés operativo extremo. La administración Trump, enfrentado al Congreso, paralizada y sin fondos para pagar a su personal de aviación, parece haber optado por una salida más pragmática: reducir la presión aérea limitando vuelos internacionales, y como ha ocurrido históricamente, México es el blanco más fácil y políticamente rentable.

Pero hay más:

Esta medida también resuena con el tono proteccionista y nacionalista que ha venido caracterizado a la administración Trump. Con el Mundial de Fútbol 2026 en el horizonte, evento que atraerá a millones de aficionados, en su mayoría latinos, la competencia de aerolíneas mexicanas representa una amenaza directa para las grandes firmas estadounidenses. Al cerrar el paso a vuelos desde el AIFA, se elimina competencia en rutas clave justo antes del boom turístico que se avecina.

El AIFA no es un aeropuerto cualquiera:

Es el emblema de la administración de Andrés Manuel López Obrador, una obra que ha sido defendida con fervor como símbolo de soberanía y desarrollo regional. Golpear sus operaciones no solo tiene un efecto económico, sino también un impacto simbólico y político: es una forma de deslegitimar los logros de un gobierno que ha apostado por descentralizar la infraestructura nacional, ejercer su soberanía, su autonomía y transformar el país.

La oposición mexicana no ha tardado en aprovechar la coyuntura para culpar al pasado y al presente, señalando que las decisiones forzadas para trasladar operaciones al AIFA sin una estrategia integral han dejado al aeropuerto vulnerable. Pero más allá de las pugnas internas, lo cierto es que la medida estadounidense afecta a miles de pasajeros, trabajadores y empresas, y pone en entredicho la supuesta cooperación bilateral, y si, va a causar daño a México que se va a tardar en reparar.

Al parecer la administración Trump prefiere un aeropuerto que hoy esta funcionando como pecera… Texcoco.

En este tablero geopolítico, la aviación se convierte en un instrumento de presión, y los cielos, en un campo de batalla silencioso. La pregunta que queda es:

¿hasta cuándo México seguirá siendo el fusible que se quema para evitar que colapse el sistema eléctrico del norte?

La decisión de Estados Unidos de cancelar vuelos desde el AIFA no solo es una afrenta comercial: es una intromisión directa en decisiones soberanas que México ha tomado para garantizar su seguridad nacional, su desarrollo aeroportuario y su autonomía logística.

Desde el punto de vista de soberanía nacional, México tiene todo el derecho, y la obligación, de diseñar su infraestructura aérea conforme a sus intereses y sus necesidades estratégicas. La desconcentración del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), que ha operado por años al borde del colapso, no es un capricho político: es una medida técnica, ambiental y de seguridad. El AIFA, junto con el aeropuerto de Toluca, forma parte de un sistema metropolitano que busca redistribuir el tráfico aéreo, reducir riesgos y mejorar la experiencia de millones de pasajeros.

La seguridad nacional también está en juego:

Un aeropuerto saturado no solo es incómodo: es peligroso. La administración de la presidenta Sheinbaum ha continuado con el plan de López Obrador para fortalecer el AIFA como un nodo logístico y estratégico con instalaciones militares, aduanales y de carga que lo convierten en un activo clave para la defensa y el comercio. Pretender que una potencia extranjera imponga restricciones sobre qué vuelos pueden operar desde ahí es una forma de presión que México no debe aceptar ni discutir.

El júbilo opositor:

Una vez más el antipatriotismo y la sumisión descarada.

Es comprensible el júbilo de los opositores ante la medida unilateral de Estados Unidos. Sin embargo, resulta irónico que quienes en su momento gobernaron jamás se atrevieron siquiera a cuestionar las imposiciones norteamericanas, aun cuando estas vulneraban la soberanía nacional. Hoy, celebran con entusiasmo una decisión que claramente perjudica a México, dejando al descubierto su alineamiento ideológico y su disposición a aplaudir cualquier golpe externo, siempre que sirva a ellos el intentar regresar al gobierno.

Además, la narrativa de la administración Trump, que intenta justificar la medida como parte de una estrategia de seguridad aérea interna, se desmorona cuando se observa el contexto real: Estados Unidos está enfrentando una crisis operativa en sus aeropuertos, con controladores sin salario, ausencias masivas y un sistema al borde del colapso.

En lugar de asumir su responsabilidad, prefieren recortar vuelos internacionales y disfrazarlo de política técnica, afectando a México y sus decisiones soberanas.

Y no olvidemos el componente político.

El AIFA es una obra emblemática del gobierno mexicano, y su éxito representa una victoria narrativa frente a quienes apostaron por el aeropuerto de Texcoco. Cancelar sus vuelos internacionales es también una forma de sabotaje simbólico, una manera de decir que lo construido por México no tiene validez si no pasa por el filtro de Washington.

En este escenario, la presidenta Sheinbaum no debe titubear ni conceder terreno. Abrir siquiera el debate sobre esta imposición sería aceptar que México necesita autorización extranjera para ejercer control sobre su propio espacio aéreo. Y eso, desde cualquier ángulo, jurídico, político o estratégico, representa una renuncia inadmisible a nuestra soberanía.

Recursos legales y comerciales:

Se pueden activar mecanismos del T-MEC: Si se demuestra que la cancelación de vuelos afecta el comercio bilateral de manera discriminatoria, México puede solicitar una revisión bajo el tratado.

Se pueden proponer soluciones compartidas si México ofrece medidas temporales de coordinación aérea, sin ceder soberanía, para aliviar la presión en aeropuertos estadounidenses sin cancelar rutas.

Se tendría que analizar muy bien el apoyar a las aerolíneas mexicanas financiando rutas alternativas, compensando pérdidas y fortaleciendo el AIFA como HUB regional para Centroamérica y Sudamérica.

Un ejemplo de cooperación:

El aeropuerto de Tijuana

El Aeropuerto Internacional de Tijuana cuenta con el puente peatonal Cross Border Xpress (CBX), que permite a los pasajeros cruzar directamente a Estados Unidos desde las instalaciones del aeropuerto.