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miércoles, marzo 18, 2026
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Alfredo Espinosa

Fractura, el arte de cicatrizar

Fractura, el arte de cicatrizar, el libro de Esperanza del Rosario Perera Coello, es una obra auténtica y sabia porque atravesó el corazón de su autora, y porque ella posee, como escritora, los instrumentos necesarios para compartirla con sus lectores. Una fractura es una ruptura, un quiebre, una separación. Y esa fractura duele.

Esperanza Perera, Perita, escribe esto:

“Me preguntarán por qué el título del libro: Fractura, el arte de cicatrizar.

1. El título obedece a la fractura de mi brazo izquierdo, la articulación del codo, específicamente el radio en su apófisis coronoides, ocurrida el 4 de octubre del año pasado, cuando caminaba por la deportiva y sufrí una aparatosa caída. Pero les confieso que, aparte de la fractura física, llegaron también otras fracturas, otros quiebres, otros rompimientos emocionales mucho más dolorosos.

Se rompieron muchas de mis creencias, de mis seguridades, de mis expectativas, cosas que creía inmutables. ¡Qué soberbia la mía!

2. Sin embargo, junto a esas fracturas, pasado un tiempo, llegó también su aceptación. No como una resignación, no, sino como un consentimiento pleno, amoroso, consciente, para decir adiós a todo lo que ya se había ido y yo no me daba cuenta.

Gracias a esa aceptación amorosa y consciente, pude construir grandes aprendizajes que me llevaron a otras etapas y nuevas formas de ser y de relacionarme, formas a veces también dolorosas, pero sin duda edificantes y transformadoras.

A esos adioses, a esta aceptación y a estos aprendizajes, les llamé cicatrices, por la profunda huella que en mí dejaron.

3. Arte, porque el arte, siendo creación, imaginación y belleza, también puede ser incertidumbre, horror, angustia. Puede ser sanador, o tremendamente perturbador, tal como lo es sufrir una fractura o escribir un libro.

Arte, porque en el arte, aunque hay unicidad entre el artista y el proceso creador de su obra, nunca se sabe exactamente qué emergerá al final. La pieza artística parece cobrar vida por sí misma, sorprendiendo incluso a su propio creador. Lo mismo ocurrió con el proceso de escribir este libro, y también con la cicatrización de mis fracturas.

¿Qué me motivó a escribir este libro?

La gratitud. Sí, agradecimiento a las personas que me cuidaron, aceptaron y amaron con todas mis luces y mis sombras en este proceso que para mí —acostumbrada a la independencia y autonomía— fue muy amargo.

Algunas de esas personas hoy están aquí, y fueron inspiración para los personajes de mi libro. El primer personaje que concebí, mi primer relato, se titula Del duende y la luz; lo inspiró César, mi enfermero. Luego vinieron nuevos relatos donde aparecen otros personajes, todos entrañables: Anita, mi enfermera; mi hija Diana y su esposo Christopher; Gustavo, mi hijo; DonRa; Alex, mi fisiatra; Saúl, mi psicólogo; Adelita Villalobos, y otros.

¿Cómo concebí el libro?

Sin intención. Simplemente, las noches en vela internada en el hospital del ISSSTE, y las abrumadoras tardes, me dieron la oportunidad de observar, en ese microcosmos que es el área de cirugía del hospital, todo un mundo de individuos, sentimientos, emociones, actitudes y acciones que fueron tomando forma y concretándose en el texto. Aunque no siempre de manera objetiva, sino desde mi propia subjetividad.

El libro consta de 45 relatos. Los personajes con quienes te encontrarás son reales, todos inmensamente humanos, y como tales, con características complejas y a veces contradictorias.

Mi libro aborda los sentimientos y temores más profundos, y lo hace a veces de manera literal, otras veces se auxilia de metáforas e hipérboles, constituyéndose en alegorías para poder expresar mejor el profundo y aterrador sentimiento de grandeza, de soledad y de pequeñez que puede invadirnos después de tantas fracturas.

Cuando sufrí este accidente, pensé muchas veces que no me recuperaría, que era el fin de mi vida independiente, pues veía muy lejano, difícil e improbable el poder rehabilitar mi brazo. Además, padecí el síndrome de estrés postraumático, manifestado principalmente en un vértigo persistente que me impedía desplazarme libremente a donde yo quisiera, y para todo debía pedir ayuda.

Quienes pasamos por estos momentos sabemos que vivimos literalmente un calvario. Experimentamos muchos temores, algunos reales y otros imaginados, y lo vivimos en silencio y a solas, pues quienes nos rodean no logran entender cabalmente lo que sentimos, aunque se esfuercen, ya que este proceso es único, personal, íntimo, singular, como lo es la pieza artística, la experiencia de escribir un libro o la vivencia de experimentar una fractura.

Fractura, el arte de cicatrizar es una vivencia propia, sí, de dolor, de martirio y sufrimiento, pero no por ello es una apología del dolor, ni trato de victimizarme. Al contrario, recupero en la fuerza del amor, la fe y la resiliencia, porque a lo largo de las narraciones subyacen también esos sentimientos.

Por eso, el libro, pese a haber iniciado como una catarsis personal, se transformó en un canto a la independencia, la autonomía, la resiliencia, el amor propio, la fe y la esperanza como valores supremos.

El libro es una confesión del alma, mas no del ego, ya que lo escribí desde el corazón. Y les comento que me inquieté cuando descubrí que desnudaba mi ser entero en él: mis virtudes, mis defectos… Así me mostraba vulnerable a la crítica. No obstante, lo hice y no me arrepiento, porque no concibo un libro que no esté comprometido con la totalidad del ser.

Se dice que a toda pérdida corresponde una ganancia. Lo creo. Con mi fractura perdí mucho, pero gané mucho más: concebí este hermoso y reparador libro, conocí a muchas personas maravillosas que hoy forman parte de mi historia presente, recuperé la fe en los individuos, en las instituciones y en mí misma, y hoy solo tengo agradecimiento y aceptación hacia la vida y lo que esta me depare.

Finalmente, mi anhelo y mi mensaje —por los cuales afronto las consecuencias de lo que venga— es que quienes se acerquen a leer mi libro puedan encontrar en él una esperanza que fortalezca e ilumine su vida, aun dentro de sus humanas flaquezas y oscuridades.

Y que tengan la seguridad de que se puede superar todo tipo de pérdidas, dolores, congojas, sufrimientos y fracturas.

Te pido que, cuando creas que ya no hay ni tiempo, ni vida, ni nada, sepas que no estás sola, no estás solo, y te permitas mirar hacia dentro de ti y hacia lo alto, porque ahí reside tu fuerza y tu divinidad.

Y deja que emerja la mano curativa de Aquel que siempre está, que nunca abandona, que permanece, porque Él es amor, fidelidad y eternidad.”