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martes, marzo 17, 2026
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Alianzas de papel

El proceso electoral de 2024 ya está en marcha, legal y formalmente desde el pasado 1 de octubre y en los hechos desde hace poco más de 2 años, siendo el mismo presidente López Obrador quien dio el banderazo de arranque al mencionar constantemente, en sus mañaneras, la debilidad de los opositores afirmando, incluso, que la oposición estaba moralmente derrotada, pero luego abriendo a la discusión pública las posibilidades de quienes, tiempo después, llamaría sus “corcholatas”.

Y, en efecto, todavía en junio de este año no había una figura política que, electoralmente, le diera a la oposición alguna posibilidad de triunfo en junio de 2024, con todo y su mega alianza política y social, no había un liderazgo suficientemente fuerte que les diera alguna esperanza de competir dignamente.

En esos momentos, todas las encuestas o mediciones con respecto a la elección presidencial del próximo año, le daban a Morena hasta 40 puntos de ventaja sobre la oposición, fuera quien fuera el candidato o candidata que encabezara a la 4T, brindándole una gran confianza y tranquilidad a ese partido y a sus aliados.

Todo eso también tenía en esos momentos a la oposición sólida y firme, unida, articulada internamente en su mega alianza, porque advertían que esa era la única posibilidad de intentar algo contra la 4T, pese a los fuertes embates e intentos por cooptar y hasta destruir políticamente a personajes como Alejandro “Alito” Moreno, o a Marko Cortés, con la clara intencionalidad de debilitar la coalición.

Sin embargo, en junio de este año, inesperada y sorpresivamente, surgió la figura de la senadora hidalguense Xóchitl Gálvez, luego de un escarceo jurídico contra el presidente López Obrador, por haberla mencionado en una de sus mañaneras, de forma inexacta, según dijo la legisladora federal, argumento que utilizó como base de un amparo para solicitar el derecho de réplica.

Jueces y tribunales federales le concedieron dicho derecho, ordenando a la presidencia otorgarle la réplica respectiva, en el mismo espacio y tiempo en que fue mencionada.

Así fue como la mañana del lunes 12 de junio, de este año, amparo en mano, Xóchitl Gálvez se presentó a las puertas de Palacio Nacional para dar cumplimiento a la sentencia que le concedió el derecho de réplica, pero simple y sencillamente, le fue negado el acceso, con todo y la orden judicial que le favoreció.

En ese mismo momento, la senadora transmitió un video en vivo por sus redes sociales, informando sobre el hecho y diciendo que las puertas de Palacio Nacional solo se abrían desde adentro, por tanto, habría que llegar a la presidencia para abrirlas, y dijo que ese sería su objetivo.

Para el día siguiente, su video en Twitter ya tenía poco más de 1 millón de visualizaciones, decenas de miles de comentarios de apoyo y se había viralizado en todas sus demás redes sociales. Fenómeno inusitado de popularidad y respaldo social.

En pocos días, Xóchitl se convirtió en la figura que la oposición buscaba o necesitaba, las muestras de apoyo de muy diversos sectores sociales, los ataques que recibió desde la misma mañanera, y la cobertura mediática que se dio a todo el fenómeno la colocaron pronto como líder de la oposición.

Ya para julio y agosto, la senadora hidalguense arrasó al interior del Frente Amplio por México con mayor fuerza de la que cualquiera hubiera pensado, al grado de que el proceso interno para designar coordinador o coordinadora nacional de esa mega coalición partidista y social, tuvo que ser interrumpido, aun antes de la fecha de la votación, para designar a Xóchitl como la elegida del proceso, casi por aclamación.

De ese modo, y ante el inesperado respaldo social que recibió la recién designada coordinadora nacional del FAM, la oposición recobró la fuerza y el posicionamiento que no había tenido en el último año recuperando también, con razonadas posibilidades, la esperanza de hacer un mejor papel en 2024.

A partir de ahí, vinieron días, semanas, muy positivas y exitosas para Xóchitl y el FAM, hasta que… algo ocurrió en las dirigencias de los partidos políticos coaligados en el frente, que no en las agrupaciones sociales también integradas ahí.

De pronto, ante fuertes ataques hacía Xóchitl, primero descalificando su origen y sus logros, luego acusándola de beneficiar a su empresa con contratos públicos, luego por su casa y recientemente por su tesis, sus principales aliados, los dirigentes de los partidos políticos PAN, PRI y PRD, extrañamente la dejaron sola, sí, así como lo lee, completamente sola.

En el PAN empezaron algunos cuestionamientos sobre la trayectoria ideológica de Xóchitl, en el PRI empezaron a crecer los reclamos por más y mejores espacios, en el PRD surgieron las exigencias porque no los tomaban en cuenta, la senadora se envolvió en una burbuja impenetrable de asesores propios que no han sabido, hasta hoy, reencausar y relanzar su movimiento, y el globo se empezó a desinflar, lentamente, pero a desinflar.

Y esa circunstancia pegó también en Chihuahua. Hoy, en el estado, el PRI ha lanzado un ultimátum en voz de su presidente estatal, en el que amenaza de romper la alianza si no se les otorgan mayores espacios, argumentando que la alianza, o es completa o no hay alianza. Como si el PRI realmente tuviera mucho que ofrecer, particularmente en Chihuahua.

Y no es que la participación tricolor en la alianza en Chihuahua carezca por completo de sustancia, no, no se trata de eso, pero tampoco están para ponerse sus moños, la verdad.

El punto central de todo esto es que, habiendo encontrado a la figura que le devolvió la esperanza de triunfo a la oposición, en la persona de Xóchitl Gálvez, la posibilidad de obtener buenos resultados electorales en 2024, irónicamente también ha sido la causa de los pleitos y disputas internas por los espacios en juego. La fuerza que le inyectó Xóchitl al Frente Amplio por México, se convirtió en la fuerza que llevó a rompimientos internos, paradójico.

Como si no supieran bien a bien que, las reales posibilidades de obtener un triunfo total o parcial en 2024, pasan necesariamente por la prueba de ácido en la unidad de la Alianza, y no en el mérito o popularidad de una sola persona, porque, precisamente la discordia y disputas internas, terminan por hacer fuerte mella en la figura de quien encabeza los esfuerzos a nivel nacional. Una cosa lleva a la otra.

¿O acaso será que, ahora que sí ven posibilidades reales de triunfo, todos quieren la mejor porción del pastel a repartir, aunque no la merezcan? Si es eso, qué poca visión del futuro y de la política tienen.

Es lógica pura y sencilla. La fuerza del Frente Amplio por México, tanto a nivel nacional como estatal, radica en la solidez, firmeza e incondicionalidad de su alianza político-electoral, no en la figura de una sola persona, menos en la prevalencia del culto a la personalidad de sus liderazgos.

Si esa alianza se fractura, toda o en partes, aquí en Chihuahua, de una vez lo podemos vaticinar, los resultados serán desastrosos, no solo para el FAM, sino para la misma gobernabilidad y conducción política del estado, porque se abrirá la puerta, de par en par, a la ideología del socialismo, progresismo o comunismo (como se le quiera llamar), y de ahí en adelante quién sabe qué más pueda ocurrir.

La responsabilidad de los líderes políticos y sociales que encabezan el FAM en Chihuahua, es enorme, enorme. Unos para reflexionar objetivamente sobre sus pretensiones desmedidas, otros para fijar con claridad las reglas de una negociación equitativa y justa, y los otros para canalizar adecuadamente las inquietudes de todos.

Definitivamente, no es una buena señal, en ningún sentido que Xóchitl Gálvez aún no cuente con estructura operativa en Chihuahua, bien definida, formalmente definida. Coordinadores estatales, regionales, municipales, una buena área de comunicación e imagen, porque eso habla de un descuido imperdonable en un tema fundamental en cualquier campaña: la organización, la táctica, la estrategia.

Hoy, sin duda alguna, Chihuahua es un estado que le puede garantizar a la sociedad chihuahuense la continuidad de un proyecto de gobierno eficiente y comprometido con las mejores causas sociales, pero, si para la definición de candidaturas a puestos de elección popular, prevalece la visión corta y mezquina de algunos intereses particulares, eso puede cambiar en detrimento de lo que hasta hoy se ha logrado.

Francisco Ortiz Bello

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