Trabajo ganador del Premio Nacional de Crónica 2021
Sergio Armando López-Castillo
I de dos Partes
Con casi 38 grados de temperatura en la frente, y mojado en sudor, fue el primero en la sala de audiencias del Tribunal Superior de Justicia para Menores Infractores, ese ansiado día en el que su hijo fue, finalmente, liberado de la prisión preventiva que le impuso un juez.
Antón, aquel padre angustiado que movía mar y tierra por ayudar a su hijo Mandis, estaba muy nervioso y ansioso, pero expectante y optimista, porque el menor estaría de vuelta y podrían nuevamente cuidarlo y disfrutar de su compañía, su madre Marian y los demás de la familia.
Habían pasado casi doce meses de cuando Mandis, apenas de 16 años, había sido aprehendido injustamente para no inculpar a un par de Juniors, hijos de padres influyentes y poderosos. Muchos ahí y la familia, no lo habían visto en la celda; las lágrimas que todos soltaron, al verlo, fueron de indescriptible felicidad.
Era apenas el inicio del año 2021, y más o menos por esas fechas del año anterior, cuando empezó la calamidad de la pandemia por coronavirus en todo el mundo, y todo se complicaba. Más, para la familia y los suyos que iniciaron la encrucijada por la libertad de Mandis.
En esa primavera, el presidente López-Obrador, venía reteniendo y superando la devaluación histórica del peso de los años anteriores, que afectaría a la economía del país, pero con la contingencia a galope, la situación se pondría mal en ese sentido. A don Antón le afectó; el precio del kilo de camarón, por ejemplo, subió hasta los $210 pesos por esos días, y un pequeño negocito de cocteles familiar, se venía abajo.
También la renta se incrementó por esos meses, y en la medida en que había aumentos en la gasolina, la gente dejó de ir a su “changarro”. Después de algunas semanas de malas ventas, no pudo sostener más el negocio y lo cerró. Todo el trabajo de varios años se derrumbó, se sentía derrotado.
Casi al mismo tiempo, la relación con Marian, su esposa, empezó a complicarse. Llevaban casi diez años de convivencia juntos, luego de un divorcio, de cuyo matrimonio había nacido Mandis. Para ella, la relación estaba estancada, por el viacrucis de esos días en el asunto del hijo, aunque nunca dejó de apoyarlo.
Él veía la relación diferente, le gustaba estar con ella, la quería mucho, habían pasado por muchas cosas juntos, le acompañó en varias victorias y derrotas, y era gracias a ella que pudo levantarse cada vez.
Sucedió que el universo de repente les aplicó el botón de autocorrección y de la nada, se volvieron a reintegrar, en medio de la terrible pandemia y sus efectos. Se reencontraron con amor y entrega.
Incluso, y no obstante las restricciones, se fueron juntos unos días a un ceremonial tarahumara, en la sierra, para buscar alivio y respuestas que les diera luz y fuerza para rescatar a Mandis de prisión; desenmarañar las complicidades de la justicia y a los verdaderos culpables de la muerte de Jazmín, por la que lo culparon como “chivo expiatorio”, para proteger a dos vagos adinerados que la habían ultrajado y asesinado.
En esos días, como si nada malo estuviera pasando, la pareja convivió una semana, platicaron, departieron y tomaron aire fresco de las montañas rarámuris, para luego, más unidos, regresar a la ciudad a seguir peleando por Mandis y su libertad.
Regresamos a Chihuahua contentos y preparados para la batalla legal, psicológica y social. Unos días después, la mujer le dio una noticia inesperada: Estaba embarazada; iba, de nuevo, a ser papá. La nueva los llenó de emoción, lágrimas, miedo e incertidumbre, pero la aceptaron con amor y mucha felicidad.
Ahora seguía centrar la atención en esperar la llegada del bebé. Cuando les dijo el ginecólogo que iba a ser niña, Marian y Antón solo voltearon a verse y se quedaron con cara de sorprendidos, habían estado convencidos de que sería niño. No lo podían creer.
Ahora tenían que buscar un nombre y la madre sugirió que se llamara Kali, al padre le gustó porque hacía referencia a la Diosa Kali del hinduismo, devoradora de demonios. Sugirió además, un segundo nombre, el de la Diosa griega Danae, para complementarlo, porque ése hace referencia a la madre de Perseo, un héroe de la mitología griega.
Su hija Kali Danae nació el 20 de diciembre de 2020 y fue un momento lleno de alegría y amor. Ver nacer a su hija fue una sensación indescriptible, sentía energía recorriendo el cuerpo; sostenerla por primera vez le llenó de ternura, y escuchar su vocecita, ver sus ojitos hinchados, fue como si la reconociera inmediatamente…Ella era su hija y ¡era idéntica a él! Sus palabras al sostenerla fueron: “Eres tan hermosa”. Esas expresiones se convertirían después, en algo más profundo.
Al poco tiempo de nacida, ocurrió que el papá de Marian, en medio de la crisis hospitalaria por el covid 19, requirió una operación muy difícil y delicada, y dejó de trabajar por un tiempo. Antón apoyó a su mujer en esa ocasión, atendiendo el local del suegro y visitándolo en el hospital.
Al mismo tiempo, reabrió el negocillo de mariscos, ahora con el nombre de “La Cevichería de Lomas”, en otra ubicación. Habían respirado económicamente un poco, al recibir un crédito a la palabra, del gobierno.
No obstante la tristeza e impotencia por el encarcelamiento de Mandis, el dar atención su vida, además de la tarea de ser “abogado” permanente para demostrar la inocencia del vástago, el hombre había entrado, de alguna manera, en un espiral de positividad, y ser papá, por segunda vez, con una compañera nueva de vida, resultó una encrucijada de múltiples emociones encontradas. Todo era complejo y a la vez emotivo para él.
Los problemas económicos diarios lo estresaban nuevamente. Vivían al día. No podían planear el futuro porque el dinero no alcanzaba.
El estrés lo obligó a meditar diariamente en las mañanas y en las noches, escuchar sus pensamientos le hacía estar más tranquilo y resolver problemas de manera más enfocada.
Una noche mientras no podía dormir, comenzó a llorar. Sus lágrimas se habían acabado desde la aprehensión de su hijo, aquella tarde del 5 de abril del 2020, cuando le avisaron que Mandis había sido arrestado por feminicidio, en un parque de la ciudad a donde había ido a correr.
Esa noche estaba llorando…
Sentía como se desprendía de su cuerpo y subía hacia el cielo. Al observar el mundo solo quedó admirado ante esa visión que tuvo de la Tierra. Volvió en ese momento una duda que había empezado en él hacía muchos años atrás, la visión del globo terráqueo que vio era plana y las estrellas unidas entre sí, como si fuera una telaraña.
El tener esa visión para Antón, según narró al final de la pesada y expectante audiencia penal, final, de su hijo, fue otro mensaje que debía descifrar.
Estuvo prácticamente un mes tratando de dar sentido a aquella visión, a lo que sintió esa noche amarga y extraña, y al conocimiento que adquirió con todo ello. Fue desconcertante por todo lo que involucraba, como lo había leído hacía muchos años con Rowbotham, que toda teoría que tomara la tierra esférica, estaba equivocada, por lo tanto, todo lo que sabía de física, historia y cosmología, para él, también estaba mal.
Empezó luego a investigar de manera más profunda todo lo que hay detrás del tema de la Tierra plana. Pero no había tiempo para eso y recapacitó. Debía seguir buscando a los jueces del Tribunal para Menores del Estado, a gobernantes y políticos, a los que una y otra vez entregó documentos y pruebas sobre que Mandis, aquel fatídico día de su detención, jamás había visto, conocido o acercado a la joven ejecutada por aquellos mozalbetes hijos “Fifís”, quienes lo inculparon, para salvarse, usando todo tipo de influencias y dinero, que la familia de Antón, no tenían.







