Juan Ramón Camacho Rodríguez
“Los hechos ocurridos en ciudad Juárez y en ciudad Cuauhtémoc son absolutamente inaceptables”, ha declarado en tono severo la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván.
Esos hechos violentos, esas conductas homicidas que no dejan de pintar de rojo nuestro estado, no son novedad, todos lo sabemos, como todos sabemos que son “absolutamente inaceptables” y que declararlo así está de más.
Hay cosas “absolutamente inaceptables” y ante las cuales solo nos queda lamentarnos, reconociendo que no podemos hacer nada ante ellas; ¿será este el caso de los homicidios que se registran a lo largo y ancho del estado y del país?
Hay cosas “absolutamente inaceptables” que son fatales, o sea, inevitables. ¿Serán de este tipo los ataques criminales que cobran vidas y que ya parecen ser parte de nuestra cotidianidad? ¿O serán estos eventos cosas “absolutamente inaceptables” que se pueden evitar y expulsarlos de la normalidad?
Frente a lo “absolutamente inaceptable”, pero que es evitable, se pueden seguir dos caminos: uno, nos quedamos contemplando lo “absolutamente inaceptable”, soportando estoicamente; dos, lo combatimos en lo posible, con la fuerza e inteligencia disponibles, con responsabilidad.
Sobre la responsabilidad, la gobernadora de Chihuahua ha dicho que “Este gobierno ha asumido la responsabilidad irrenunciable de atender este tema de seguridad”. Es la lógica de lo “irrenunciable” ante lo “inaceptable”, es decir, la obligación del Estado frente a la problemática social. Un típico discurso desde el poder.
Pero hay que trascender los discursos y las buenas intenciones. Enfrentar con determinación y eficacia la inseguridad pública debe ser un sistema de acciones, una estrategia que traiga el logro de objetivos mínimos que nos den algo de aliento, que vuelvan plausible el esfuerzo.
¿Qué hacer responsablemente ante lo socialmente inaceptable? La gobernadora asegura que se han puesto en marcha operativos especiales en ciudad Juárez y en el municipio de Cuauhtémoc. Se refuerza la vigilancia con elementos de la Policía Estatal y patrullaje aéreo permanente con helicópteros.
Mientras, la ciudadanía, acostumbrada ya tanto a la violencia como a los discursos y operativos en contra de ella, quisiera recuperar la confianza en el gobierno y las fuerzas del orden y la seguridad públicos. Paz y tranquilidad, se pide a quienes dicen preocuparse “responsablemente” por el bienestar común.
Entonces, ante los hechos “absolutamente inaceptables” y la necesidad urgente de una “responsabilidad irrenunciable”, la sociedad civil queda a la espera de una autoridad confiable, ni infalible ni inmejorable, solo confiable.








