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lunes, marzo 16, 2026
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Basura: para unos desecho para otros su forma de vida

Juan Gómez Franco

Su vida se desarrolla entre los desperdicios que deja la población. Esa es su forma de vivir. De juntar el plástico, el hule, el cartón y el fierro que se tira como basura y que para ellos se convierte en dinero.

Los pepenadores que laboran en el relleno sanitario se acostumbran a los malos olores que se incrustan directamente hasta los pulmones, ya que es necesario estar removiendo la basura que tiran los camiones recolectores y lo depositan en el relleno sanitario.

Gracias a estas personas, México es uno de los países que más recicla y está por encima de Brasil, Canadá y Estados Unidos.

Desde que sale el sol y hasta que se mete, más de 200 pepenadores que están sindicalizados a la Croc, trabajan bajo los intensos rayos de sol, la lluvia, el frío, de lo contrario no podrían llevar el sustento para su familia.

En ese lugar se puede observar desde jovencitos, hombres y mujeres, hasta adultos mayores que desde temprano esperan los camiones recolectores que llegan, vacían sus dompes y tirar los residuos de la ciudad.

Cubiertos de manos, cara y pelo, evitan una insolación y la entrada de olores que vayan acompañados de enfermedades que puedan causarles un problema para su salud.

Para evitar que se contagien con algún virus o bacteria, cada seis meses son vacunados contra el tétanos y otra serie de revisiones médicas, que realizan el sector salud municipal.

“Tenemos muchos riesgos de que podamos agarrar alguna enfermedad, ya que aparte de la basura y desperdicios, la gente tira jeringas, medicamentos, o cosas muy contaminadas que nos puede costas hasta la vida”, comentó Gregorio Córdova, dirigente del sindicato de pepenadores adheridos a la Croc.

Aun cuando traen guantes, una ajuga podría penetrar hasta su piel y intercambiarles una fuerte enfermedad.

“Antes hasta no dejaban perros muertos que ya venían muy descompuestos y eso no exponía a que nos afectara en nuestra salud”, explicó.

Los cerros de basura generan una imagen con poco color, como si se estuviera viviendo un apocalipsis que da muestras de un supuesto fin del mundo, de un lugar donde acaba de ser bombardeado por el enemigo. Una imagen no muy agradable, pero ese es su lugar de trabajo.

Gregorio platicó que se han encontrado hasta cadáveres humanos, sobre todo de fetos y una ocasión el de un hombre al parecer enfermo mental que se quedó dormido en el interior de un camión y luego fue triturado por la máquina.

“Fetos es lo hemos encontrado y hablamos a las autoridades para que ellos den fe de la muerte de los bebés. Es muy triste pero sucede”, lamenta.

Se forman grupo de cuatro a cinco alrededor de los montones de basura donde van separando lo que para ellos es bueno y van dejando lo que no les servirá. Ahí mismo escogen bosas de comida para perro ya vacías o costales que se amarran en la cintura para ir agarrando lo reciclable y depositándolo en su morral.

Cuando ya logran juntar costales grandes de cartón, plástico o hule, salen del relleno sanitario y algunos los venden afuera donde se encuentra una empresa recicladora que les compra lo recaudado.

“Llegamos a sacar entre 300 pesos, a veces menos a veces más, que llevamos para nuestras casas, ya que no podemos vivir aquí mismo, nos lo impiden en Salubridad”, comentó.

Para cuando los desechos llegan se pueden encontrar tesoros: plástico, $1.00 el kilo; PET, $5.00 el kilo; aluminio, entre $15 y $18 el kilo (esto es aproximadamente 67 latas).

El cobre es un garbanzo de a libra: hasta $100 por un kilo, muy difícil de reunir.

Trabajo peligroso, ya que la búsqueda se hace sin guantes o algún equipo especial. La pepena extrema se realiza en aguas negras: el desagüe, cada tanto, recompensa con un anillo o un arete a quien busca. Las infecciones estomacales y enfermedades respiratorias son constantes. Y hay que sumar un grave problema de desnutrición.

El pepenador se ubica “al margen de las políticas públicas y a merced de liderazgos que se han beneficiado a costa de ellos”. Y es que eso sí: estos trabajadores son carne de cañón, siempre a la mano para políticos poco escrupulosos. Las organizaciones de pepenadores en México giran en torno a líderes, auténticos caciques, que controlan el negocio multimillonario de la basura.

Lo que para muchos es la basura diario, para otros se convierte en su forma de vivir. Esa es lo extraño de algunos oficios que se salen de lo cotidiano de la oficina gubernamental o la empresa, pero que es necesaria, ya que no todos quisieran hacerlo.