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martes, marzo 17, 2026
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Cambios en gabinetes de gobierno ¿Necesarios u obligados?

Francisco Ortiz Bello

Es de sobra sabido que cuando las cosas van bien, en el trabajo, en la escuela, en los negocios, en la casa, no hay que hacer cambios porque eso significaría poner en riesgo lo que está funcionando adecuadamente, pero, en caso contrario, es decir, cuando los resultados no son los esperados entonces sí, hay que realizar algunos ajustes.

Pero también a la hora de tomar la decisión de cambiar a personas de un equipo de trabajo, se debe realizar bajo un minucioso análisis de costo-beneficio, sobre los resultados que cada persona da en su cargo, o bien, de acuerdo al perfil que exige la función que cada uno desempeña. Cambiar por cambiar no es precisamente una buena idea.

En el título de esta colaboración planteo una disyuntiva que pudiera parecer contradictoria, pero no lo es. Habrá quien piense que cambio es cambio, y que da igual si es por una u otra razón, pero no, en el fondo si existe un tamiz importante, que se debe considerar siempre, a la hora de hacer cambios de personas en un equipo de trabajo.

¿Cuál es un cambio obligado? Cuando las circunstancias hacen forzado el cambio, es decir, elementos exógenos, ajenos a la voluntad del que decide, obligan al cambio. Un buen ejemplo de un cambio obligado se dio cuando Carlos Urzúa renunció a la titularidad de la Secretaría de Hacienda con López Obrador. El presidente no quería hacer el cambio, pero la renuncia de su colaborador lo forzó a realizarlo.

Entonces ¿Cuándo es un cambio necesario? Primero, es cuando el líder del equipo de trabajo toma esa decisión, causa endógena, y segundo, es porque los resultados obtenidos de un área o sector del grupo, no están dentro de las expectativas esperadas, por lo tanto, se hace necesario el cambio para que las cosas mejoren.

No hay más. Es así, por más que los gobernantes se empeñen en disfrazar las razones de un cambio de colaboradores, solo queda en vano intento, porque la lógica le indica a cualquiera con sentido común, que nadie hace un cambio si todo está bien.

En ese orden de ideas, también es una costumbre generalizada entre la clase política y gobernante realizar los cambios necesarios aprovechando el cierre de un ciclo y el inicio de uno nuevo, por ejemplo, los informes de gobierno.

Y esa es otra diferencia notable entre un cambio necesario y uno forzado, mientras que el primero se planea, se programa y se ejecuta conforme a una agenda, el segundo es abrupto, inesperado a veces, y se realiza sobre la marcha, sin programación o planeación alguna.

Justo acabamos de pasar las fechas de cierre de ciclo con los informes de gobierno, en los tres niveles, y, si bien la gobernadora Maru Campos no rindió un informe legal y formal como tal, porque le corresponde hasta febrero o marzo del año que entra, sí realizó un ejercicio bastante similar, por otro lado, el presidente López Obrador no hizo anuncios sobre posibles cambios en su gabinete, porque la verdad es que los ha estado realizando desde el inicio de su gestión, al menos en algunas áreas de su gobierno, algunos forzados y otros necesarios pero los ha estado realizando.

En Chihuahua y Juárez sí se ha dado esta renovación de los ciclos. Tanto Maru Campos como Cruz Pérez Cuéllar sí han utilizado esta coyuntura cíclica de los informes anuales, para anunciar algunos cambios dentro de sus respectivos equipos de colaboradores.

En el caso de la gobernadora del estado, ya se habían presentado con anterioridad algunos movimientos forzados, tanto en el área de transporte como en la dirección del Colegio de Bachilleres, ambos casos obligados por escándalos mediáticos que llevaron a tales decisiones, actualmente ha relevado al Fiscal de la Zona Centro y se esperan algunos otros movimientos dentro de su gabinete, mismo que de manera indirecta ha sugerido el Secretario General de Gobierno, César Jáuregui Moreno, al declarar “que nadie es indispensable ni eterno en los cargos públicos”.

La verdad es que sí se aprecia la necesidad de más cambios en el equipo de primer nivel de la mandataria estatal, ya que en algunos temas como el transporte o las obras públicas en Juárez, o la atención de la salud, o la misma seguridad pública, las cosas no están precisamente favorables a Maru.

Aquí en la frontera, el alcalde Pérez Cuéllar también hizo ya los primeros cambios dentro de su círculo cercano de colaboradores, removiendo a Arturo Urquidi de Desarrollo Social, y a Ernesto Guevara de Servicios Públicos, dos áreas muy sensibles dentro de la administración municipal, y se comenta en radio pasillo que vienen más cambios en otras direcciones de primer nivel.

Maru y Cruz tienen una característica en común, ambos han formado equipos de trabajo muy sólidos y compactos a lo largo del tiempo, con lealtades más que probadas en los peores momentos de los dos, y vaya que los han tenido, Cruz en 2012 con el virulento ataque a que fue sometido por parte de Javier Corral en la lucha por la senaduría, y que resultó el parteaguas para la salida del hoy alcalde del PAN.

De hecho, la mayor parte del equipo cercano a Cruz lo sigue desde sus correrías en el PAN, hace ya más de 20 años, mostrando así una lealtad a toda prueba, porque lo han acompañado incondicionalmente en todas sus aventuras políticas, aunque también debo señalar que algunos, como Guevara, por ejemplo, no son precisamente de esa camada. Han sido adquisiciones recientes.

Es el mismo derrotero de Maru, quien desde su gestión como legisladora local conformó un equipo de trabajo que la ha seguido a lo largo de sus encargos, tanto en la alcaldía de la capital, su reelección, y ahora en la gubernatura, pasando por el durísimo golpeteo político y mediático al que la sometió el entonces gobernador del estado, Javier Corral Jurado.

Siendo pues la lealtad un valor tan apreciado y reconocido ¿Por qué deshacerse de personas leales o incondicionales? Es simple, no siempre una persona puede cumplir cabalmente las expectativas que se depositan en ella al asignarle una tarea.

Y no se trata de ineficiencia, incapacidad o falta de conocimiento, sino que, en muchas ocasiones, una persona que aparentemente tiene todo el perfil para desempeñar una posición, resulta que, por condiciones de personalidad, estilo de liderazgo o características psico-emocionales, simplemente no puede con el reto.

Es cuando el líder del equipo, en un absoluto ejercicio de objetividad y análisis de resultados, debe optar por un cambio. Es difícil, sobre todo cuando se trata de personas con las que muchas veces existe una amistad incluso personal, y una relación de muchos años, pero para los tomadores de decisiones ese es un elemento que se debe excluir dentro de una valoración de resultados.

Todavía faltan por ver algunos ajustes o movimientos, tanto en el ámbito estatal como en el municipal, el federal queda descartado por ahora, cambios que deberán llevar tanto a Maru como a Cruz a mejorar la percepción ciudadana sobre sus respectivos gobiernos, pero, sobre todo, a dar mejores resultados en los temas más sensibles para los ciudadanos.

Sin duda alguna, la seguridad pública, la economía, el transporte y la movilidad urbana, son de los temas más urgentes para los juarenses, por lo que ojalá que los próximos cambios, si es que se dan, tanto en el gabinete estatal como en el municipal, se reflejen en mejores condiciones para los fronterizos en esos rubros.

Lo que sí sería muy deseable que no cambie, por el bien de los juarenses, es la sincronía y coordinación que hasta hoy han mostrado Cruz y Maru, hasta parecen del mismo partido político. Bueno, la verdad es que en algún momento y por muchos años, sí fueron compañeros de partido y hasta buenos amigos, y quizá eso favorezca mucho su relación institucional como gobernantes. Y quién sabe, quizá pronto volvamos a ver a Pérez Cuéllar vistiendo la casaca blanquiazul.

Pero no importa nada eso de las relaciones entre los políticos y sus diferentes partidos, siempre que el resultado sea positivo y benéfico para la población, y eso es lo que esperamos los juarenses de nuestros gobernantes de los tres órdenes de gobierno.

Francisco Ortiz Bello

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