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martes, marzo 17, 2026
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Carreras de obstáculos; transitar por las calles de Juárez

Francisco Ortiz Bello

Pudiera parecer una exageración, o un mal chiste, el título de este artículo, pero no lo es, es una real y angustiosa anécdota de miles de juarenses que salimos todos los días a probar fortuna para llegar a nuestros destinos, ya ni siquiera a tiempo, simplemente llegar con bien.

En medio de calles destrozadas a veces por obras insensatas y sin sentido, a veces por baches que parecen cráteres lunares, o bien, por algún embotellamiento vial causado por un choque entre vehículos que no distinguen en cuál carril circulan por la calle, o por algún congestionamiento ocasionado al estrangular con la ciclovía muchas calles del centro de la ciudad.

También se puede atravesar en nuestro camino, alguna calle o vialidad cerradas completamente al tráfico vehicular por elementos de vialidad, porque acaba de ocurrir alguna ejecución violenta en ese lugar.

Un verdadero viacrucis el que vivimos los juarenses al circular por nuestras calles, como se publicó ayer en La Columna, situación que se ve reflejada claramente en un comentario que algún usuario de redes sociales le escribió al ex gobernador Javier Corral en su cuenta de Facebook.

“Cada vez que transito por las calles de Juárez te deseo que en donde estés mínimo te dé diarrea. Dejaste hecho un caos en la ciudad con tu famoso bravo bus (sic)”, le escribió el usuario Sergio Máynez a Corral, producto desde luego del enojo que causa entre los fronterizos el lamentable estado de nuestras calles.

Por cierto, de acuerdo a lo que consigna La Columna de El Diario, el comentario fue eliminado casi de inmediato por el ex mandatario. Nula tolerancia a la crítica y menos reconocimiento de sus graves errores desgobernando la entidad.

Le contaré una historia de la vida real, como hay decenas en nuestra bendita ciudad, que ejemplifica muy bien todo lo que vivimos miles de fronterizos cada día. Solo cambiaré los nombres por razones obvias, pero los hechos sucedieron hace apenas unos días.

Teresa se levantó temprano, como todos los lunes para iniciar sus actividades de la semana, apenas sonó el despertador y empezó su frenético trajín diario. Levantar a los niños, bañarlos, hacer el desayuno, poner lonches para todos y salir corriendo al trabajo. Ese día algo no estaba bien.

Desde que abrió la llave del fregadero de la cocina se dio cuenta que no había suficiente presión de agua, por lo tanto, el baño fue complicado apenas con un chorrito y pegados a la pared para el enjuague. “Qué raro”, pensó, nunca antes había tenido ese problema con la presión del agua. En fin, como pudo terminó el arreglo mañanero, subió a su auto y emprendió el camino a la escuela de sus hijos.

En este punto del relato, aclaro que la presión del agua ha estado bajando considerablemente en muchos sectores de la ciudad, debido a apagones de energía eléctrica que han afectado los pozos, por lo tanto, se reduce mucho la cantidad de agua en las tuberías, lo que afecta a la baja la presión en los hogares.

Pero, volviendo a nuestra historia, al tomar la avenida de La Raza con rumbo al oriente, poco faltó para que atropellara a un ciclista que, de pronto, le apareció de frente, en sentido contrario, obligándola a frenar intempestivamente y apenas logró frenar su vehículo.

Espantada, sacudió la cabeza y su mirada encontró la ciclovía a su extrema derecha, detrás de vehículos estacionados en uno de los carriles que antes eran para la circulación de autos, así cayó en la cuenta que el ciclista no había utilizado la ciclovía, pero además circulaba en sentido contrario, es decir, tenía que haber ocupado la ciclovía del cuerpo opuesto de la calle.

En silencio, para no espantar a sus pequeños, maldijo a quien tuvo la ocurrencia de construir una ciclovía en calles en las que apenas pueden circular autos, no sin algunas complicaciones, y todavía suprimen uno de los carriles para convertirlo en exclusivo para ciclistas ¡Y los ciclistas no los usan! Vaya tontera, pensó.

Repuesta del susto, continuó su camino a muy baja velocidad. El tráfico era imposible. Por más de 10 cuadras, hasta la López Mateos, y con un solo carril para circular, se dio cuenta que ese estrangulamiento de la vialidad ocasionaba un enorme embotellamiento vial, porque los mismos autos que antes circulaban por dos carriles -y en algunos tramos hasta tres- ahora solo podían hacerlo en un carril, pero no había nada que hacer.

Finalmente llegó hasta el puente al revés, lo cruzó, y ahí empezó otra pesadilla para Teresa y sus hijos. Ella ya lo había notado antes, pero esa mañana en particular la aterrorizó más, quizá más sensible por todo lo que ya le había ocurrido ese día más temprano, circular por la Gómez Morín era todo un reto, sorteando toda clase de obstáculos, entre baches, coladeras destapadas, bordes del pavimento y automovilistas que circulan ocupando dos carriles.

De hecho, ella misma no estaba segura por cuál carril circulaba. Si se pegaba demasiado a cualquiera de los extremos no se sentía segura, por las boyas o vialetas de un lado y los hoyos y coladeras destapadas por el otro. No tenía claro pues, cuál era su carril para circular. Los otros automovilistas tampoco.

A Teresa le estresa mucho esa visión al frente de su auto, otros vehículos circulando como víboras serpenteando de un lado a otro, sin atinar a definir un espacio para sus autos.

Absorta y concentrada en manejar esquivando “cerrones” de un lado y otro, no se percató que, de frente a ella, a la altura de Plaza Arecco, un vehículo que circulaba por el sentido contrario de la avenida, se apuntó para dar vuelta en “U” sobre su carril de circulación, y, sin el menor cuidado ni precaución obligados, como si creyera que la calle fuera solo para él, se dio la vuelta cortando de tajo la circulación del auto de Teresa intempestivamente. El golpe era inevitable.

Una pick up, Ford, negra, grande, quizá F-150, impactó la parte frontal del vehículo de Teresa, un compacto ligerito. La fuerza del golpe lanzó el auto de Teresa varios metros a la derecha, hasta impactar otros dos autos, uno que circulaba por el carril de extrema derecha y el otro, estacionado. El conductor de la pick up se dio a la fuga.

Así, en fracciones de segundo, en un abrir y cerrar de ojos, Teresa se enfrentaba a una situación de crisis, sus hijos espantados y la menor llorando, su auto dañado, las bolsas de seguridad explotaron, ella con algunos golpes contusos en la frente y en las manos, y los conductores de los otros autos reclamándole a ella el daño ocasionado a sus vehículos. De un instante a otro le cambió la vida.

La aseguranza, los agentes de vialidad, los reclamos, la preocupación por sus hijos, avisar a su trabajo, a su esposo, todo fue una sucesión incoherente de escenas como de película, como si ella no lo estuviera viviendo y estuviera viendo todo desde fuera. Hoy, Teresa tiene serios problemas para tomar de nuevo un auto y conducirlo por las calles de la ciudad.

Es una historia real, por eso quise contarla, porque esa misma historia real la están viviendo cientos de juarenses cientos de veces en los meses recientes y todas por la misma causa: las calles de nuestra ciudad están convertidas en un auténtico caos, gracias a obras mal planeadas, mal diseñadas y peor ejecutadas.

Hoy, para tomar la curva de San Lorenzo y circular por la Triunfo de la República con dirección al centro, hay que hacer mil rodeos y maniobras viales, porque han cerrado los accesos laterales y la entrada por el templo de San Lorenzo, con toda la pérdida de tiempo que eso implica, más el consecuente congestionamiento vial que implica, y todo para remediar una pésima obra que solo obstaculizaba la fluidez adecuada de la vialidad. Y a nadie parece importarle resolver eso.

No hay hora del día en el que no se presenten este tipo de problemas. Ya no es solo a las horas pico que todos conocíamos antes, no, hoy es a cualquier hora y en cualquiera de las vialidades afectadas por las obras del gobierno corralista, y eso está afectando muy seriamente la cotidianeidad de los juarenses, pero no solo eso, también la productividad y la competitividad de los negocios, la industria y los comercios.

Pero lo más grave de todo esto es que ya está afectando también la integridad personal y seguridad de los juarenses, los cientos de accidentes viales reportados en las últimas fechas, reconocidos por el Coordinador de Vialidad, dan cuenta de este daño físico y material a la ciudadanía como consecuencia directa del desorden y anarquía en nuestras calles ¿Qué esperan para tomar acciones que resuelvan esta problemática?

Francisco Ortiz Bello

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