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domingo, marzo 15, 2026
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Carta abierta al comandante Manuel López Hernández

Luz Estela “Lucha” Castro
Hoy me dirijo a usted con profunda indignación. Es usted comandante de la Guardia Nacional, un cuerpo creado para proteger a la ciudadanía, no para atropellar sus derechos ni poner en riesgo su vida.
Sin embargo, su comportamiento refleja el tipo de funcionario que es,
conduciendo en completo estado de ebriedad, impactó violentamente el vehículo de la señora Irma Bravo Calzadillas y su hija menor de edad, y las abandonó lesionadas en la vía pública, sin la mínima decencia de asegurarse de su estado de salud. Intentó huir dos veces y solo fue detenido gracias a la intervención ciudadana. Frente a los hechos, usted utilizó su cargo como alto mando de la Guardia Nacional para intimidar y negarse a responder por los daños y las lesiones que causó.
Usted destruyó el automóvil de la familia. Los daños ascienden a 90 mil pesos. Salió libre con una fianza de 30 mil pesos, mientras que las víctimas deben pagar 30 mil pesos de deducible para recuperar su vehículo y poder seguir trabajando y viviendo.
¿Cree usted que es justo que, por andar borracho, ellas paguen las consecuencias de su irresponsabilidad y su abuso de poder?
¿Qué mensaje está enviando usted a sus subalternos al actuar así?
¿Qué tipo de liderazgo ejerce un comandante que, escudado en su uniforme, huye como un delincuente común dejando a dos mujeres heridas a su suerte?
¿Qué pueden esperar de usted los elementos bajo su mando si su ejemplo es el abuso, la huida y la impunidad?
El uniforme que porta no es un salvoconducto para la impunidad. Es un símbolo de honor y servicio que usted ha mancillado con sus actos. Si tuviera un mínimo de respeto por la institución que representa y por México, renunciaría y se sometería a la justicia como cualquier ciudadano.
Desde la dignidad de las mujeres que no callaremos frente a la violencia, le exigimos: responda por sus actos, asuma las consecuencias legales y pida perdón a las víctimas que dejó tiradas.
Hacemos un llamado a los altos mandos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano: no protejan la impunidad. El silencio también es complicidad y envía un mensaje de desprecio a la justicia y a la vida de las mujeres mexicanas.
Hoy, su cobardía y su abuso de poder son un agravio para toda la ciudadanía.