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martes, marzo 17, 2026
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Coincidir

Leonel Reyes Castro

Crisanta y Juan Ángel, durante años, seguramente más de medio siglo, siempre coincidieron.

A veces fueron años, en ocasiones, meses, días u horas, las coincidencias siempre fue para compartirse o llegar a la entrega.

Decían qué para amarse, pero después de décadas ya no se preguntaban: ¿Me amas? Los dos sabían que aquello era amor o más que eso, o menos que eso, pero siempre se trató de coincidir.

Alguna tarde, después de muchos años, Juan Ángel, como siempre lo hacía preguntó: ¿Me amas? Crisanta en silencio, abrió un libro que tenía entre sus manos y apoyaba en su regazo. Entre las paginas tomó un hoja , que desdobló, estaba escrita una canción, en la parte alta decía con mayúsculas: COINCIDIR. Juan Ángel leyó los primeros renglones “Soy vecina de este mundo por un rato y hoy tú estás aquí, coincidencias tan extrañas”…

Crisanta dijo: Juan Ángel, esto es lo que explica los espacios que compartimos, es amor y muchas cosas más, pero sobre todo son coincidencias.

En otro párrafo de la canción decía: “tantos mundos, tanto tiempo, tanto espacio y coincidir”… a fin de cuentas todo lo nuestro queda comprendido en una palabra, coincidir.

Juan Ángel recordó los muchos años de aquellas coincidencias le recordaban los míticos amores, qué en cuentos, poesías y novelas había leído.

Amores que esperaban décadas para consumarse, que permanecían años y años, a veces ausentes los quereres, a veces presentes, pero siempre encontraban un momento para coincidir.

Leyendo el párrafo de aquella canción Juan Ángel recordó, cómo aquel coincidir se dio por años, hasta que Crisanta emprendió un viaje por otros senderos, que la llevaron a otras coincidencias, a otros lugares, a otros tiempos, a otras personas.

Crisanta no les encontraba explicación a esas coincidencias , a veces les decía necesidad, a veces amores, pero a Juan Angel, siempre, en los tiempos de no coincidir, le dijo: puedo estar en otro espacio, con otra gente, pero eso no impide que te ame.

En los tiempos de no coincidir, hubo algunas coincidencias fortuitas, sólo intercambiaron palabras, roces furtivos o fortuitos.

El coincidir en ocasiones se dio, porque Juán Ángel Cruzó aquel enorme país de lado a lado, para coincidir con Crisanta, fueron unas cuantas horas, sin plan sin futuro, sin reclamo, sólo sabiendo que eran momentos de coincidir.

En otras ocasiones el viaje fue inverso, Crisanta Cruzó el país, para coincidir con Juàn Ángel, fué en el desierto o en la selva, en el altiplano, o en la playa, pero se dieron esas coincidencias.

En muchos años Juán Ángel y Crisata no encontraron coincidencias, él por un camino, ella por otro.

Pero “siendo vecinos de este mundo por un rato, en tanto tiempo y en tanto espacio”, siempre volvieron a coincidir.

El destino los llevó otra vez “al mismo tiempo y el mismo espacio sólo para coincidir”.

A veces se cruzaban en la calle y con un lenguaje encriptado, que se expresaba con un ¿y luego?…y volvían a coincidir.

Nunca hubo reclamos ni explicaciones, los dos se sabían “vecinos de este mundo por un rato”.

Les había tocado coincidir, nunca aparecieron las preguntas sin respuesta, de ¿me amas?…
¿me quieres?…
Aquellas coincidencias siempre se dieron.

Viejos, con otras caras y otros cuerpos, Crisanta y JuánAngel , siempre buscaron y encontraron un espacio y un tiempo para coincidir.

Hicieron suya aquella canción y siempre que encontraban un momento, la escuchaban y se decían qué aquella relación podía tener mil explicaciones, pero que siempre se trató de coincidir.