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domingo, marzo 15, 2026
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Controversial…

Controversial…

Movilización de las estructuras territoriales
¿Carencia de estructuras? Exhibición manifiesta.

Por: Raúl Sabido

Las estructuras territoriales de los partidos políticos son la organización y distribución geográfica de sus miembros, recursos y estrategias dentro de un país, región o localidad. En esencia, son la manera en que los partidos se despliegan sobre el territorio para mantener presencia, movilizar votantes y coordinar acciones políticas, mostrar músculo, lograr hegemonía territorial.

El desplome de las estructuras territoriales de los opositores

Durante décadas, los partidos tradicionales como el PAN y el PRI construyeron sólidas estructuras territoriales, y las utilizaban contundentemente que les permitieron movilizar votantes, influir en elecciones y mantener su presencia en todo el país y sobre todo sostener su hegemonía, eran el instrumento del fraude electoral. Sin embargo, en los últimos 10 años, estos pilares de su poder han sufrido un deterioro irreversible. La pérdida de base militante, el rechazo ciudadano a sus líderes y la desarticulación interna han desaparecido su capacidad de organización, llevándolos a un callejón sin salida en la estrategia electoral, caminan a pasos agigantados hacia su extinción como organizaciones políticas.

Ante la evidente falta de capacidad de convocatoria, y el desinterés creciente de los votantes hacia ellos, estos partidos (PRI-PAN) han recurrido a una maniobra desesperada: la estrategia del NO VOTO. En lugar de fortalecer sus redes territoriales y recuperar la confianza del electorado, optaron por deslegitimar el proceso electoral y promover la abstención como una forma de encubrir sus carencias organizativas y su real poder de convocatoria.

Este movimiento no fue casualidad, sino la confirmación de que ya no confían de lo que les queda de sus propias y demeritadas y extenuadas estructuras territoriales.

El desplome reflejado en las urnas

La crisis de las estructuras territoriales quedó plenamente expuesta en el reciente proceso electoral judicial. Lo que en el pasado habría sido una batalla organizada en las urnas con el despliegue del músculo territorial de los partidos, principalmente del PRI, esta vez se convirtió en un desolador reflejo de su debilitamiento. Negar esta realidad o pretender escandalizarse ante ella no es más que una evasión porque los hechos están sobre la mesa, y quien se asuste de ello simplemente no está siendo sincero ni honesto.

Las elecciones recientes han confirmado lo inevitable, la oposición ha perdido su músculo territorial. Lo que antes fue el dominio del PRI ahora se reduce a enclaves aislados, mientras que Morena sostiene la única estructura de movilización real en el país. La disparidad en la participación entre estados dejó en evidencia quién aún conserva fuerza y quién prefirió ocultar su debilidad antes que arriesgarse a la exhibición pública de su desgaste.

Coahuila: una excepción a la regla

A diferencia del resto del país, en Coahuila el gobernador sí activó las estructuras del PRI, logrando una participación del 24.4% del padrón electoral, en contraste con la media nacional que apenas alcanzó el 13%. La coordinación entre el PRI y sus aliados y las estructuras territoriales de Morena, PT y Verde consolidaron el voto en este estado, demostrando que cuando se movilizan las bases, la diferencia es significativa.

La no participación opositora: estratégica resignación

Mientras en muy pocos estados se libró una batalla de poder territorial, en otros la oposición optó por evitar la confrontación directa en las urnas para no exhibirse en su realidad. La estrategia del NO VOTO no fue solo una postura política, sino una medida desesperada para evitar exponer públicamente su durísima realidad: su capacidad de convocatoria ha disminuido drásticamente, está aniquilada.

Antes, el PRI podía presumir de una estructura omnipresente en todo el país. Hoy, la abrumadora mayoría de esos antiguos bastiones han sido absorbidos por Morena. Lo que alguna vez fue una maquinaria electoral infalible ahora es un recuerdo teñido de nostalgia.

Un nuevo mapa de influencia

El panorama político mexicano se reconfigura con puntualidad predecible y en cada elección, y este proceso ha dejado en claro que la estructura territorial sigue siendo clave para la movilización electoral. Sin embargo, no todos los partidos han sabido adaptarse a la nueva realidad. Morena ha consolidado su expansión territorial, mientras que el PRI y el PAN apenas logran mantener enclaves estratégicos para sobrevivencia. La pregunta que queda es si la oposición podrá reconstruir su fuerza territorial o si, finalmente, su tiempo ha quedado atrás.

El impacto en los ciudadanos de la estrategia opositora

El impacto social para los opositores que apostaron por el NO VOTO, mientras colocaban en las boletas a sus propios candidatos respaldados por el Poder Judicial y gobernadores opositores, es una bofetada de realidad imposible de esquivar. Su maniobra quedó al descubierto: intentaron desmovilizar a la ciudadanía mientras aseguraban espacios en la elección. El resultado es demoledor: su estrategia fracasó, su doble discurso se hizo evidente, y el rechazo ciudadano hacia estas tácticas se profundiza.

La oposición que renunció a ser oposición

Si los partidos opositores tuvieran un mínimo de inteligencia estratégica, una verdadera capacidad de movilización y estructuras territoriales firmes, habrían aprovechado la oportunidad que tenían ante sus ojos. Sus candidatos estaban en las boletas. Tenían presencia. Tenían espacios. Pero en lugar de activar sus redes, confiaron más en el juego de percepción y en la narrativa del desánimo que en su propia capacidad de movilización, solos se evidenciaron, la negatividad pudre la estratégica creatividad.

El fracaso no radica solo en la baja participación electoral. El golpe real está en lo que demostraron con su decisión de desmovilizar: NO creen en su propia fuerza territorial, NO confían en su capacidad de convocatoria, NO quisieron arriesgarse a quedar en evidencia ante la ciudadanía.

El intento de deslegitimar el proceso fue el último recurso de quienes saben que su influencia se ha desmoronado por completo. Apostaron a la abstención como mecanismo de resistencia, pero lo único que lograron fue confirmar lo que todos ya sospechaban: su tiempo se agotó. Mientras Morena activó sus estructuras en el país, el PRI, el PAN y sus aliados solo lograron salvar focos específicos, como en Coahuila. En el resto del territorio, su ausencia fue el mensaje más claro que pudieron enviar de ¡no tenemos nada¡

La política no es solo percepción; es presencia, es estrategia, es acción. La oposición renunció a ser oposición porque entiende que ya no tiene la fuerza para sostenerse. Jugaron a la narrativa de la desmovilización, pero la realidad se encargó de exhibirlos.

Esto no es solo una derrota electoral. Es el principio del fin de una forma de hacer política que ya no encuentra eco en las urnas ni en las calles.