Controversial…
El eco que queda después del deber cumplido
Por: Raúl Sabido
“Hay un momento en la vida en que el silencio no es solo ausencia de sonido, sino testigo de una transformación íntima, brutal y necesaria”
Ese momento llega cuando el teléfono deja de sonar
Durante años para muchos el teléfono fue una extensión del cuerpo. El timbre era la melodía del deber para ministros, magistrados, jueces, funcionarios, directores, gobernantes, líderes sociales, empresarios, directores, gerentes, etc… todos atendiendo la voz que venía del otro lado, la que urgía decisiones, movilizaba recursos, solucionaba conflictos, encendía debates, revisaba resultados, cerraba negocios. El teléfono era símbolo de poder, de vigencia, de pertenencia al pulso de una nación, de una ciudad, de una causa, de una empresa, de su propia actividad.
Y de pronto,…… el mutismo
Sin agenda, sin encargos, sin urgencias. Sin ese zumbido insistente que llenaba los días. El aparato sigue ahí, pero ya no vibra. Ya no es la ventana al vértice del cambio, hoy simplemente es un accesorio más, pero con memoria
Es entonces cuando muchos descubren que el retiro no es sólo un trámite administrativo. Es una sacudida del alma. Un corte abrupto en la identidad. ¿Quién soy sin ese rol? ¿Qué queda cuando ya no hay oficinas, ni reuniones, ni clientes, ni secretaria, ni comités, ni cámaras, ni aplausos, ni VIP´s?
Lo que queda es lo esencial
Queda la historia recorrida, los años sembrados, los errores también, porque no hay legado sin grietas. Queda la familia, muchas veces pospuesta. Queda el cuerpo, a veces cansado. Queda la conciencia, que ahora habla más fuerte sin el ruido del exterior. Y queda, sobre todo, el derecho a una vida plena, digna, respetada… más allá del cargo que se haya ostentado.
Sin lamentos, pero si reivindicación de vida
Retirarse no es desaparecer, se reaparece con otros ritmos, otras prioridades. Es tener la oportunidad, inalienable y justa, de ser útil sin estar a cargo, de ser valioso sin firmar documentos, de seguir influyendo desde la experiencia, no desde el puesto.
Esto es una reflexión a los que quedan activos, exhortando a que respetemos el retiro como una nueva forma de vida, no como un final porque esta etapa de la vida, si vives, la vas a transitar necesariamente. Demos a nuestros hombres y mujeres en retiro la posibilidad de transitar ese cambio con dignidad, con apoyos, con humanidad. Cuidemos a quienes, durante años, cuidaron de todos, ayudémoslos a ejercer su independencia.
Porque si aprendemos a valorar ese momento, cuando el teléfono deja de sonar, descubriremos que el silencio también puede ser un acto de respeto. Y que el verdadero poder, tal vez, es saber soltar… y seguir siendo.
El arte de prepararse para el nuevo comienzo
Y si un día el teléfono deja de sonar, porque tú ya sabías que lo haría, y lejos de temerlo, lo esperaste con la serenidad de quien ha sembrado bien, de quien se preparó para cuando sucediera…. Entonces, el silencio no te toma por sorpresa, te encuentra listo, te descubre libre y preparado.
Porque hay una forma de retirarse que no sabe de nostalgia ni de vacío. Una forma que nace del equilibrio interior, de la voluntad profunda de prepararse para la nueva etapa, con la misma entrega con la que se ejerció la actividad. Esa forma de retiro, poco celebrada y aún menos comprendida, es una conquista únicamente personal.
Y cuando llega es cuando en ese momento entendemos que el poder verdadero no es perpetuo, ni debe serlo. Que ser útiles no depende del puesto, y que vivir con plenitud no exige relevancia pública. Que tener tiempo, ese bien tan escaso en años activos, es el nuevo lujo, el nuevo espacio fértil donde florece lo que antes se postergaba.
Quien se prepara para el retiro con entusiasmo y lo vive con dignidad es quien hace las paces con su historia, honra lo andado, se despide sin rencor, mira hacia adelante y no busca que el mundo lo siga llamando porque, simplemente, él aprenderá a llamarse a sí mismo.
Y así, cuando el teléfono calla, no se impone el silencio, se elige. Porque la meta ya no está afuera, sino dentro, y es hora de hacer un nuevo directorio. Porque los objetivos ahora son otros muchos más importantes como cuidar la salud, fortalecer los vínculos, aprender algo nuevo, viajar, contemplar, escribir, enseñar… o simplemente ser.
Hoy escribo esta columna a quienes comprenden que retirarse a tiempo es también un acto de sabiduría, y a veces por necesidad, pero dirigido a quienes planificaron no sólo sus finanzas, sino su sentido de vida. La escribo para también a quienes no esperan que los demás los llenen, porque aprendieron a no depender, a quienes descubrieron que el retiro no es el final del camino, sino el cambio de paisaje en sus vidas
Porque cuando el teléfono deja de sonar, es también la señal clara de que una etapa de sus vidas concluye con honor … pero otra comienza con propósito
Y después de todo
Después de los aplausos. Después del ruido de las decisiones, de las agendas saturadas, del teléfono incesante. Después del poder, de la presión, del pulso acelerado de lo público y privado… queda el alma, y en ella, la certeza de que todo valió la pena
Agradecido y satisfecho porque hubo lucha, sí debe de estarlo, porque nada fue fácil, pero también hubo propósito de vida, satisfecho porque se dio mucho, pero se aprendió aún más. Satisfecho porque se desgastaron los días en función de otros, pero también se escribió una historia que ya nadie podrá borrar.
Y entonces, cuando el teléfono deja de sonar, cuando la silla queda vacía, cuando el título se archiva, una voz más íntima, más verdadera, te susurra al oído diciéndote….
“La vida es bella.”








