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sábado, marzo 14, 2026
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Cuando la calumnia suplanta a la justicia

Controversial…

Cuando la calumnia suplanta a la justicia
La perversidad del linchamiento mediático

Por: Raúl Sabido

“Cuando la mentira se convierte en estrategia y la justicia en espectáculo, no estamos ante una oposición, estamos ante una conspiración contra la democracia.”

Hay que puntualizar con toda claridad que cuando la verdad acusa con sustento, y el poder intenta silenciar, entonces se debe gritar más fuerte.

En México, hemos perfeccionado una forma de violencia política que no requiere pruebas ni procesos judiciales solo bastaría con una insinuación, una coyuntura, recursos y una narrativa dirigida para convertir a cualquier figura pública en “criminal”. El caso de Adán Augusto López Hernández es el ejemplo más reciente y alarmante de esta práctica perversa, entre algunos otros más.

A raíz de que se giró una orden de aprehensión contra Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad en Tabasco, hoy prófugo de la justicia, por presuntos vínculos con el grupo criminal “La Barredora”, se desató (seis meses después) una ofensiva mediática que buscó vincular directamente al exgobernador Adán Augusto López Hernández con el crimen organizado. ¿La prueba? Ninguna. ¿La denuncia formal en su contra? No existe. ¿El objetivo? Destruir su carrera política mediante la calumnia.

Contundente la perversidad opositora
Mentir, engañar para enlodar

La denuncia penal más antigua registrada contra Hernán Bermúdez Requena fue presentada en noviembre de 1995 por Andrés Manuel López Obrador, entonces dirigente nacional del PRD. En ese momento, la denuncia fue extensiva a Bermúdez Requena como parte del equipo de seguridad del entonces gobernador Roberto Madrazo Pintado, por presunto peculado y desvío de recursos relacionados con contratos inflados para servicios de seguridad.

Más recientemente, en el contexto actual, la orden de aprehensión contra Bermúdez Requena fue girada el 14 de febrero de 2025, poco después de que huyó del país el 26 de enero. Esta acción se derivó de investigaciones que lo vinculan con el grupo criminal “La Barredora”, y fue revelada por el general Miguel Ángel López Martínez. La denuncia formal en este caso fue presentada por autoridades federales en coordinación con la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Procuraduría Fiscal y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), quienes también congelaron sus cuentas bancarias y las de sus allegados donde participaron también la mesa de Seguridad Nacional.

Lo que realmente ocurrió
Hechos, no ficción, ni narrativa mentirosa

Durante su intervención en la Comisión Permanente del Congreso, Adán Augusto fue claro y contundente: “él no nombró a Hernán Bermúdez como secretario de Seguridad al inicio de su mandato. Al asumir la gubernatura, ratificó al titular de la administración anterior, quien permaneció en el cargo durante tres o cuatro meses. Posteriormente, ante una crisis de seguridad en diciembre de 2019, nombró a Bermúdez, quien había sido fiscal en el gobierno estatal anterior”, estos hechos están documentados en los nombramientos y las bitácoras periodísticas.

“No me asusta comparecer”, dijo desde la tribuna. “No necesito escudarme en el fuero para acudir al citatorio de una autoridad local o federal. Toda mi vida he acudido a citatorios de diversas autoridades. Se me acusa, sin fundamento alguno, de haber nombrado a alguien con señalamientos previos. Nada más alejado de la realidad”.

Además, recordó que cuando surgieron las filtraciones sobre Bermúdez en septiembre de 2022, él ya no era gobernador, sino secretario de Gobernación en el gabinete federal.

La narrativa anterior contrasta directamente con los señalamientos de la oposición, que incluso intentaron involucrar al expresidente López Obrador en el escándalo, buscando enlodar su figura sin fundamento alguno.

Psicología del linchamiento
El gozo de la destrucción y el odio

Desde la psicología social, este fenómeno refleja un impulso colectivo por castigar sin pruebas, proyectando en el adversario las propias frustraciones y resentimientos. Se le convierte en chivo expiatorio, y lo más inquietante, se disfruta del morbo de verlo caer, como si eso ofreciera una sensación de justicia.

Moral de conveniencia
La ética como disfraz

Moralmente, esta actitud es profundamente hipócrita. Se exige respeto a la ley cuando conviene, pero se ignora la ley cuando se busca castigar sin fundamentos. Se convierten en jueces sin jurisdicción, en verdugos sin causa. La ética se convierte en una herramienta de conveniencia, no en un principio rector.

Política del escándalo
El poder de la narrativa

Políticamente, el linchamiento mediático es una estrategia eficaz. Permite eliminar adversarios sin necesidad de pruebas ni juicios. Basta con instalar una narrativa, invertir recursos, repetirla, amplificarla, y dejar que la opinión pública haga el resto. Es el poder de la posverdad: no importa lo que es, importa lo que se dice que es.

Moral de utilería
El fuero como escudo

Ricardo Anaya, quien se benefició del fuero al ser diputado plurinominal, ha evadido comparecencias judiciales y se ha exiliado para evitar enfrentar sus procesos. Sin embargo, exige que Adán Augusto se separe del cargo y se presente ante las autoridades. ¿Ironía? No. Es cinismo puro. Es la moral de utilería que se activa solo cuando conviene.

Psicología del saboteador: el placer del colapso

Desde la psicología política, esta conducta responde a una lógica perversa: “cuando no puedes ganar limpiamente, destruye el tablero”. El saboteador institucional goza del deterioro. Su narrativa se alimenta del caos. Necesita que las instituciones pierdan credibilidad para justificar su regreso. Es el síndrome del pirómano que se ofrece como bombero.

Este tipo de comportamiento también revela una profunda desconexión con el interés público. No hay empatía, no hay vocación de servicio. Solo hay cálculo, resentimiento, odio y ambición.

Moral invertida
El fuero como privilegio, no como garantía

La moral que exhiben estos actores es una inversión grotesca de los valores republicanos. El fuero, que debería proteger la función legislativa, se convierte en carta de impunidad. La tribuna, que debería ser espacio de deliberación, se convierte en patíbulo. Y la ley, que debería ser el marco de convivencia, se convierte en obstáculo que hay que sortear. Lo más grave es que estas estrategias buscan erosionar la legitimidad del Congreso de la Unión y las instituciones. Al convertirlo en escenario de linchamientos mediáticos, de protestas sin sustento y de acusaciones sin pruebas, lo vacían de contenido donde simplemente lo transforman en un espectáculo y, en ese espectáculo, la democracia se convierte en decorado.

La estrategia del colapso

Lo que buscan los opositores PRI-PAN es claro: llevar a México al borde del precipicio institucional intentando destruir la confianza en las leyes, en los procesos, en los representantes y, desde ese abismo, presentarse como los salvadores. Es una estrategia de poder basada en el colapso. Pero es también una apuesta peligrosa porque cuando se juega con fuego institucional, no siempre se sobrevive a las llamas.

Los opositores, atrapados en su infantil lógica de poder, prefieren el colapso antes que aceptar que ya no les toca