Controversial…
Cuidemos el Movimiento o defraudaremos a México
Por: Raúl Sabido
“En tiempos donde la oposición inventa escándalos y olvida principios, el verdadero riesgo no es la crítica, sino la incoherencia interna”
Legitimidad y reto de Morena
En cualquier democracia, contar con el respaldo mayoritario de la población no solo es símbolo de legitimidad, sino también palanca para transformar. El presidente de un país, especialmente en sistemas presidencialistas como el mexicano, necesita ese respaldo para impulsar reformas, resistir presiones internas y externas, y sostener una narrativa de cambio.
Pero ¿qué sucede cuando ese respaldo comienza a tensionarse desde el interior del propio partido?
Morena nació como un movimiento con principios claros: combate a la corrupción, austeridad republicana (la justa medianía), justicia social y una nueva forma de hacer política. Al convertirse en partido gobernante, atrajo figuras importantes y estratégicas con peso electoral, algunas de las cuales han sido cuestionadas por actuar en contradicción con estos valores, o por no asumirlos como norma de conducta, sino como eslogan temporal.
¿Una depuración necesaria?
Depurar liderazgos no alineados con los principios fundacionales fortalecería la imagen del partido frente a la ciudadanía, cada vez más crítica, una ciudadanía que ha madurado tremendamente, en parte gracias, y junto, a Morena, y enviar una señal muy clara: el poder no ha corrompido el proyecto original.
Sin embargo, este tipo de purga implica riesgos políticos y estructurales: Podría fragmentar al movimiento, debilitando su operación electoral en regiones clave, también si el proceso no se comunica con total transparencia, podría interpretarse como una vendetta personal o autoritaria. La reconfiguración también abriría, definitivamente, espacio a nuevos perfiles aún en proceso de arraigo dentro del partido.
El apoyo popular como escudo y brújula
Si la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene altos niveles de aprobación, que recientes encuestas la sitúan entre el 75% y 85% (aún después de 10 meses de gestión), tiene margen para maniobrar. Ese respaldo le permite tomar decisiones contundentes dentro del partido, siempre que se argumenten como necesarias para preservar la coherencia ideológica del movimiento.
Pero si ese respaldo comenzara a diluirse por razones de las incoherencias toleradas y las debilidades innatas al poder de algunos liderazgos, cualquier acción interna podría interpretarse como señal de debilidad o fractura.
La reina del juego
En el ajedrez político de México, tener mayoría popular es tener a la reina sobre el tablero. Otorga capacidad de avanzar, protegerse y replantear estrategias. Pero sostenerla exige congruencia y no solo desde la presidencia, sino en cada estructura del partido y del gobierno, y no nada mas el federal.
Depurar liderazgos que no predican con los principios como la “justa medianía” no sería solo un acto de valentía, sino un paso indispensable para conservar legitimidad en el tiempo.
El caso de “Andy” López Beltrán
¿Incongruencia o golpeteo?
Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador y actual secretario de Organización de Morena, fue captado en un hotel de súper lujo en Tokio y tiendas de marcas exclusivas. Aunque ha argumentado que los gastos fueron cubiertos con recursos propios (y tiene todo el derecho), el episodio abrió el debate ético dentro del partido.
La presidenta Sheinbaum y la dirigente nacional Luisa María Alcalde han llamado públicamente a ejercer la justa medianía. La contradicción entre el discurso y la práctica, especialmente desde figuras cercanas al núcleo fundador, alimenta ciertas enjundias opositoras, marcadas por rivalidades soterradas y ambiciones no resueltas, que podrían ir cincelando la credibilidad del partido. Esa parece ser, al menos, la intencionalidad que persiguen los opositores.
Al ignorar el principio fundacional de la justa medianía por algunos liderazgos morenistas caen en la ceguera de no ver el tablero completo: lo que está en marcha es una ofensiva geopolítica coordinada desde Washington.
Es a través de narrativas cuidadosamente diseñadas es como actores internos alineados con intereses extranjeros buscan debilitar la Cuarta Transformación.
El objetivo no es político: es territorial y económico
Los recursos naturales de México, su energía, su litio, sus tierras raras, su biodiversidad, son el verdadero botín. En este contexto, la presidenta Sheinbaum y el movimiento 4T no solo enfrentan a la oposición entregada a los intereses de Washington, sino que fungen como muro de contención ante agendas que trascienden nuestras fronteras. Su legitimidad popular efectiva es lo que impide que la nación sea reconfigurada por los intereses ajenos representados por los opositores, por los liderazgos del PAN principalmente.
¿Depurar o tolerar?
Incluir a figuras como López Beltrán en un proceso de revisión ética no debería ser tabú ni incomodar a nadie. Morena, si aspira a sostener su legitimidad, debe aplicar sus principios sin excepciones.
Depurar liderazgos incongruentes conlleva el refuerzo de la confianza ciudadana, también evita el desgaste reputacional, especialmente ante la intencionalidad opositora y fortalece la cohesión ideológica desde su base.
Claro todo esto implica riesgos como las tensiones familiares entre fundadores, fracturas internas y lecturas de vendetta. Pero no hacerlo sería aún más costoso en términos de legitimidad… “El pueblo manda”
Todos por convicción
En tiempos donde la política se mide tanto por percepción como por resultados, Morena enfrenta una prueba de fuego: el demostrar que sus principios no son solamente estéticos, sino que son reglas éticas para todos, incluso para los que tienen ascendencia política con fundadores.
Porque si Morena no se diferencia de los otros en el fondo… ¿qué le queda de alternativa al país?
Una alternativa política viable en México hoy no hay, y ni siquiera en formación, ni en el horizonte.
¡Cuidemos el movimiento ¡
Reflexión puntual final
¿La justa medianía excluye el buen vivir?
Definitivamente no.
La justa medianía, como la concebía Benito Juárez, no es sinónimo de pobreza ni de renuncia al bienestar. Es una razón ética del poder que distingue entre el lujo ostentoso banal y el disfrute del fruto legítimo del trabajo. Vivir bien, con dignidad, comodidad y decoro, es perfectamente compatible con la justa medianía, siempre que ese bienestar provenga de medios honestos, legales y proporcionales al encargo público.
Lo que se cuestiona no es el derecho a disfrutar lo ganado, sino el mensaje que se transmite cuando figuras públicas, especialmente aquellas cercanas al núcleo fundador, exhiben estilos de vida que contradicen los principios que dieron origen al movimiento. En ese contraste, la justa medianía no se aleja del buen vivir pero si se aleja del privilegio ostentoso e impune.
Si se hospedaran en un hotel de cuatro estrellas, los acusarían de austeridad populista. Si lo hacen en uno de lujo, los tildan de hipócritas. En la paradoja del poder, la ética siempre será juzgada por el prisma del prejuicio








