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lunes, marzo 16, 2026
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Decisiones de vida

Francisco Ortiz Bello

Los seres humanos, no todes (ni tod@s, ni todxs) sino todos, nos enfrentamos a muy diversas situaciones a lo largo de nuestra vida que exigen de cada uno definiciones claras, bien pensadas, bien analizadas y bien planteadas, o de lo contrario iremos como barcos en alta mar, sin velas, ni motor, ni rumbo, que también los hay así.

Desde la más tierna edad debemos decidir entre dormir o no, entre comer o jugar, entre llorar o reír, o simplemente no decidir nada, así de sencillo, aunque el tiempo y la experiencia terminan por enseñarnos que no decidir tiene un costo mucho más alto que cualquier decisión que se tome, así sea una mala decisión.

Al paso de los años, las opciones que debemos tomar van aumentando tanto en cantidad como en complejidad. Elegir la ropa que vestiremos, el tipo de corte de cabello, los programas de TV, radio o redes sociales que veremos, etcétera, sin embargo, todas esas pequeñas decisiones nos van formando en la habilidad de elegir lo mejor para nosotros, o al menos así debería ser.

La carrera profesional que estudiamos, la actividad laboral a la que nos dedicamos, los pasatiempos que nos gustan, los amigos, todo es motivo de elección, de decisión. Por supuesto, también la pareja sentimental, amorosa o sexual que tendremos.

También este proceso de aprendizaje, prueba y error, nos lleva a comprender que cada elección, que cada decisión, tiene consecuencias, buenas o malas, pero tiene consecuencias. Si la decisión es correcta los resultados también serán favorables, si la decisión es equivocada, podemos corregir y si no hemos decidido nada y aun es tiempo, siempre se puede remediar decidiendo.

Contra lo que no hay remedio es contra la indefinición permanente, ahí si que no hay nada que hacer. Iremos por la vida dando tumbos de un lado a otro sin saber nunca en dónde estamos y qué hacemos.

En ese mismo orden de ideas, todos sabemos, o casi todos, que como responsables de cada decisión que tomamos, y aun de las que no tomamos, es decir de la indecisión, debemos enfrentar las consecuencias porque así corresponde, porque es parte del proceso de madurez y de crecimiento personal.

Discurro en este amplio razonamiento, que pudiera parecer algo vago y hasta sin sentido, a propósito de las recientes resoluciones que tomó la Suprema Corte de Justicia de EU en relación al aborto y que tanta polémica han generado, en relación a sentencias que dictó la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en nuestro país, sobre un caso de Coahuila.

Mientras en nuestro país la SCJN decidió despenalizar el aborto, lo que de inmediato los grupos proabortistas y hasta altos funcionarios del gobierno de la 4T, festinaron como un logro de su movimiento, en los Estados Unidos la máxima autoridad judicial decidió revocar la aprobación general a quienes desean abortar. Contradictorias resoluciones judiciales.

En México, desde septiembre de 2021, lo que resolvió la SCJN fue declarar inconstitucional algunos párrafos de artículos del Código Penal de Coahuila que penalizaban el aborto, así como la protección de la vida desde la concepción en la Constitución de Sinaloa. Además, invalidaron un artículo que protegía la objeción de conciencia de los profesionales de la salud en la Ley General de Salud de México. Lo que se ha interpretado como un triunfo por lo movimientos sociales pro aborto, aunque aun no es una modificación legal ni a la constitución, ni a diversas leyes o códigos estatales.

La SCJN publicó al respecto en su cuenta de Twitter: “Es inconstitucional criminalizar el aborto de manera absoluta. Por primera vez, la Corte se pronunció a favor de garantizar el derecho de las mujeres y personas gestantes a decidir, sin enfrentar consecuencias penales.”

Sin embargo, enfatizó en su sentencia que el aborto “solo tiene cabida dentro de un breve plazo cercano a la concepción, como un mecanismo para equilibrar los elementos que coexisten y brindar un ámbito de protección tanto al concebido como a la autonomía reproductiva, un espacio donde la tutela de ambos sea posible”.

Y es que, de acuerdo con la SCJN, los no nacidos no son personas en el sentido jurídico del término, por lo que no gozan de derechos humanos. Pero aclaró, que eso no significa que las mujeres tengan un poder absoluto o limitado para interrumpir el embarazo en cualquier etapa.

Así pues, la decisión de la SCJN, “rescata” el poder de decisión de una mujer gestante para validar si desea “interrumpir” voluntariamente un embarazo. Mismo argumento que utilizan los grupos proabortistas: “El derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo”

En Chihuahua, grupos autodenominados “progres” ya emprendieron juicios de amparo contra la regulación, a fin de que sea anulada por el Poder Judicial de la Federación al igual que en Coahuila y Sonora, ya que en nuestro estado se mantiene la penalización a esta conducta.

El problema de esos grupos, y también de las visiones legales o jurídicas, es que olvidan que un bebé dentro del cuerpo de una mujer es otro cuerpo, no es el de la mujer, lo que cambia drásticamente todo.

La misma corte reconoce en la fundamentación de su sentencia que: “…los no nacidos no son personas en el sentido jurídico del término, por lo que no gozan de derechos humanos”, y al precisar que no son personas “en el sentido jurídico del término” deja muy claro su ignorancia sobre el sentido científico, biológico, médico y ético del término.

Un bebé es un bebé desde el momento mismo de la concepción, es una vida distinta de la de la madre y de la del padre, es otra vida. Es un ser vivo que ya tiene una carga genética bien definida, así como todos los órganos y estructuras necesarios para subsistir dentro del cuerpo de su madre, pero siendo un cuerpo y una vida distintas.

Y al hablar de una vida distinta, no podemos dejar de considerar los términos engañosos que utilizan para justificar un crimen. Los grupos pro abortistas y la misma SCJN le llaman “interrupción legal del embarazo”, cuando no lo es. De ninguna manera es una interrupción.

Se interrumpe lo que se puede continuar. Se interrumpe un partido de futbol, una sesión de trabajo, el rodaje de una película, etcétera, pero en cualquier momento se continúan, se prosigue, partiendo del punto de la interrupción, pero, con la vida no es así, si se interrumpe la vida de un bebé dentro del cuerpo de su madre, ya no se puede continuar después, por tanto, no hay tal “interrupción” sino un crimen.

El eufemismo “interrumpir” solo pretende suavizar el impacto del término correcto: asesinar. Así es, privar de la vida a un ser vivo, en cualquier etapa de su crecimiento o desarrollo, es un crimen, es un asesinato. Lo pongan como lo pongan. Suena más bonito y menos agresivo “interrumpir” que asesinar.

En tal razón, lo que está de fondo, es que quien decide abortar en realidad está decidiendo terminar con la vida de un ser vivo, inocente e indefenso que ninguna culpa tiene de las circunstancias que viva la madre en su entorno, y que tiene derecho a la vida.

Por eso inicié esta colaboración con el análisis sobre lo que significa decidir y asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos, en general para cualquier ámbito de la vida.

Si una mujer decide no tener hijos, está bien, es su decisión y nadie puede ni debe juzgarla por ello, pero si decide tener relaciones sexuales con un hombre, sabe de antemano que el embarazo es una posibilidad latente, luego entonces, congruente con su decisión de no procrear, deberá tomar todas las precauciones para evitar el embarazo, antes de que este produzca, no después.

Y si los métodos anticonceptivos utilizados fallan, lo cual también es una posibilidad que todos sabemos, ningún método es 100 por ciento seguro, responsablemente deberán asumir las consecuencias de sus actos y de sus decisiones. No hay de otra. Es irresponsable y criminal utilizar el aborto como método anticonceptivo.

Por supuesto que hay casos de excepción, como en todo. Chihuahua ocupa el segundo lugar a nivel nacional en niñas y adolescentes embarazadas, lo cual es una cifra que debería de avergonzarnos a todos, el embarazo de una niña siempre será una violación, y debe ser penalizada como tal castigando duramente al responsable, sin obligar a la menor a enfrentar una responsabilidad enorme para la que no está preparada.

La violación, abuso de menores de edad, enfermedades degenerativas graves, deformaciones del producto o la vida de la madre son las excepciones que debe considerar la ley para que, mediante la validación de un juez se puedan practicar los abortos de manera segura y legal.

Todo lo demás es un asunto de ética, de responsabilidad para asumir las consecuencias de nuestras decisiones de adultos, y no convertirnos en asesinos de infantes.

Francisco Ortiz Bello

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