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martes, marzo 17, 2026
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Dos Proyectos de Identidad en Medio Oriente

Dos Proyectos de Identidad en Medio Oriente
Tierra, Memoria y Resistencia
Parte 3/5

Por: Raúl Sabido

La historia contemporánea de Oriente Medio no puede entenderse sin considerar las trayectorias nacionales e ideológicas de Israel e Irán. Aunque sus sistemas políticos, estructuras sociales y visiones difieren ampliamente, ambos países comparten tres ejes clave en su formación y proyección histórica: tierra, memoria y resistencia. Estos elementos no solo definen sus relatos nacionales, sino que también alimentan sus tensiones mutuas.

La tierra como elemento fundacional

Israel surge como un proyecto político-nacional en el siglo XX, pero su narrativa territorial se construye sobre una base espiritual y ancestral. El concepto de “tierra prometida” se inserta profundamente en la tradición judía y en el proceso de legitimación histórica del Estado. En contraste, Irán no se define por una recuperación territorial, sino por la continuidad de una civilización milenaria que ha habitado y gobernado su territorio desde la antigüedad. Para Irán, la tierra no es promesa futura, sino marco de continuidad imperial, cultural y estratégica.

Esta diferencia incide en el modo en que cada nación percibe la soberanía para Israel la ve como una restitución de identidad después del exilio y el genocidio, mientras que Irán la entiende como afirmación de autonomía frente a siglos de intervención extranjera, particularmente occidental.

La memoria como construcción política

Ambas sociedades tienen una relación activa con la memoria, para Israel ésta se articula alrededor del Holocausto, la diáspora judía y las guerras de independencia. Su función es doble, preservar el trauma colectivo y legitimar el derecho a un Estado fuerte y seguro. En Irán, la memoria se vincula más con el orgullo nacional de su pasado imperial, con la resistencia frente al colonialismo moderno (como el golpe de Estado de 1953) y con la revolución islámica de 1979.

Ambos países convierten su pasado en una herramienta de cohesión social y orientación geopolítica. Mientras que en Israel el pasado opera como fundamento moral y existencial, en Irán se convierte en argumento para defender un modelo político alternativo al orden internacional dominante.

La resistencia como ideología de Estado

Tanto Israel como Irán se conciben a sí mismos como sociedades bajo amenaza, y esta percepción sustenta proyectos de seguridad nacional con componentes ideológicos. En Israel, la resistencia se traduce en un fuerte aparato militar, inteligencia estratégica y un marco diplomático orientado a la disuasión. En Irán, la resistencia adopta una dimensión más ideológica, se asocia con el antiimperialismo, la autosuficiencia y el desafío abierto a Estados Unidos, Israel y sus aliados.

Ambos modelos se alimentan de una lógica de supervivencia, sin embargo mientras Israel defiende un modelo estatal liberal dentro de un marco democrático complejo, Irán combina estructuras religiosas con autoritarismo político. Estas diferencias impactan directamente en su proyección internacional y en el tipo de relaciones que construyen con la comunidad internacional.

La tensión entre religión y política

En ambos casos, la religión es un componente estructural de la identidad nacional. El judaísmo ha sido para Israel tanto una religión como una matriz cultural que precede al Estado. En Irán, el islam chiita es el fundamento mismo del Estado desde 1979, articulando no solo la moral pública sino también la legitimidad del liderazgo.

Esta integración ha generado tensiones internas en ambos contextos como debates sobre laicidad, derechos civiles, participación de minorías y libertad de expresión. No obstante, en ambos casos, la religión sigue siendo un referente clave para comprender las decisiones políticas y sociales.

Un conflicto más allá de la confrontación militar

Las tensiones entre Israel e Irán tienen raíces geopolíticas, pero también simbólicas. Israel ve en Irán una amenaza a su existencia, especialmente ante declaraciones hostiles del liderazgo iraní y su apoyo a grupos armados hostiles. Irán, por su parte, presenta a Israel como una extensión de los intereses occidentales y una injusticia histórica para el mundo islámico, particularmente por el conflicto palestino.

Lo que está en juego no es solo la seguridad física, sino el sentido de legitimidad. Ambos países disputan narrativas como ¿Quién tiene derecho a definir el orden regional?, ¿Quién representa la resistencia legítima, y quién encarna la amenaza?

Dos pueblos milenarios en confrontación

Israel e Irán no son simplemente rivales contemporáneos, son proyectos históricos con raíces profundas que han evolucionado en respuesta a traumas, amenazas y aspiraciones.

Comprenderlos desde una perspectiva analítica, atendiendo a sus diferencias estructurales pero también a sus puntos de convergencia, permite alejarse de visiones simplistas y reconocer que los conflictos actuales no surgen en el vacío, sino que son producto de procesos largos, complejos y cargados de sentido.

La asimetría en el trato internacional

Desde la perspectiva iraní, y de varios actores existe globales, existe una percepción muy clara del doble rasero. Irán, signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), ha estado bajo vigilancia intensiva del OIEA y sanciones internacionales durante décadas, incluso cuando sus programas nucleares han demostrado no ser con fines armamentistas de manera concluyente.

En cambio, Israel no es signatario del TNP por conveniencia y complicidad, mantiene una política de ambigüedad estratégica respecto a su arsenal nuclear (90 ojivas nucleares), ampliamente aceptado por expertos como existente, y aun así, goza de apoyo político y militar casi incondicional por parte de potencias occidentales encabezadas por Estados Unidos.

Este desequilibrio en el sistema internacional ha servido como narrativa central para Irán y sus aliados al denunciar lo que consideran una falta de equidad en las reglas del juego global. En este contexto, la “amenaza nuclear iraní” funciona más como elemento disuasivo que como hecho comprobado, mientras que el arsenal nuclear israelí, aunque fuera de escrutinio oficial, es tolerado y hasta protegido.

No obstante, desde la perspectiva occidental y aliada a Israel, el temor hacia Irán también tiene raíces profundas en declaraciones incendiarias de líderes iraníes, su apoyo a grupos armados, y una desconfianza estructural por su modelo político y su postura antioccidental. Esta tensión, entre percepción y poder, es el caldo de cultivo de una escalada continua.

Lo que emerge es una construcción de seguridad regional desequilibrada, donde la legitimidad está determinada más por la geopolítica de las alianzas que por principios establecidos por el derecho internacional.