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domingo, marzo 15, 2026
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El “caminito” de Daniela Álvarez y las tensiones silenciadas del PAN

 Eduardo Arredondo 

Egopolítica

En política, los gestos pesan más que las declaraciones, y los silencios, más que las ruedas de prensa. Daniela Álvarez, dirigente estatal del PAN en Chihuahua, ha optado por una estrategia que camina en dos carriles: por un lado, el discurso de fortalecimiento institucional del partido; por el otro, una intensa gira territorial que inevitablemente suena a precampaña.

A estas alturas, negar que Álvarez se perfila como aspirante a la gubernatura de 2027 sería ingenuo. Ella dice que “no es tiempo”, pero la política no espera a los tiempos oficiales. Sus recorridos, entrevistas, reuniones y discurso cuidadosamente hilado son parte del libreto con el que se empiezan a escribir las candidaturas en México.

Maru Campos: respaldo con destinatario doble

Mientras Daniela traza su caminito, la gobernadora Maru Campos reparte respaldos como si jugara ajedrez. Acompaña al alcalde Marco Bonilla, lo arropa en eventos públicos, le levanta la mano y manda abrazos simbólicos… pero tampoco le corta el paso a la creciente figura de Álvarez.

La lectura es clara: la gobernadora quiere tener la sartén por el mango cuando llegue el momento de definir sucesor (o sucesora). Y en esa lógica, Bonilla y Álvarez son sus dos piezas principales. Dos figuras que, aunque sonríen en las fotos oficiales, compiten por el mismo espacio: el corazón político del PAN chihuahuense.

El PAN entre la unidad y la contención

En los discursos todo es armonía. Pero internamente, el PAN enfrenta un dilema clásico: cómo mantener la unidad sin apagar la competencia interna. Hay quienes ven en Álvarez una carta fresca, institucional y bien conectada con las bases municipales. Otros apuestan por Bonilla como continuidad pragmática del proyecto marucampista.

El problema es que mientras la dirigencia intenta contener la guerra intestina, las acusaciones empiezan a calentar el terreno.

Bonilla y las sombras que no terminan de disiparse

A Bonilla le ha llovido de todo: observaciones administrativas por parte de la Auditoría Superior del Estado, denuncias mediáticas por presunto enriquecimiento, uso millonario de recursos en publicidad, e incluso —sin sustento judicial— rumores de nexos turbios

¿Pruebas? Algunas sí, como el reporte de la ASE que documenta omisiones graves en obras públicas y pagos indebidos. Otras, hasta ahora, solo han sido narrativas en medios y redes sociales, sin una carpeta formal detrás.

Y sin embargo, el cúmulo de señalamientos empieza a pesar más que las aclaraciones.

La defensa de Bonilla ha sido frontal: dice que todo es una campaña de desprestigio y que sus bienes están debidamente registrados. Pero en política, la percepción muchas veces gana la batalla antes de que llegue el dictamen legal.

Álvarez: la apuesta por el “rostro limpio”

Frente a eso, Daniela Álvarez aparece como la opción sin escándalos. Apuesta a la cercanía territorial, a la narrativa de renovación, y al equilibrio institucional. Ha evitado confrontaciones abiertas, pero sabe que en algún momento tendrá que decidir si seguirá siendo árbitra o jugadora. Y ya está jugando.

Algunos dirán que aún falta mucho para 2027. Tal vez. Pero en política, lo que no se empieza a construir tres años antes, difícilmente cuaja en el momento decisivo.

¿Qué sigue?

El PAN en Chihuahua enfrenta una paradoja: tiene dos figuras con capital político, pero solo una candidatura. Si no se maneja con inteligencia, lo que hoy parece fortaleza podría derivar en fractura. Especialmente si los tiempos internos no se respetan, o si el favoritismo se impone sin consenso.

Mientras tanto, Daniela sigue caminando. Bonilla sigue defendiéndose. Maru sigue calculando. Y el PAN… intenta que el conflicto no le explote antes de tiempo.